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PETRóLEO

Bush y el cartel OPEP

Por un lado tenemos la buena noticia de los avances en las negociaciones entre la Shell y Saddam Hussein, las cuales conducirán a la explotación estimada de unos mil millones de barriles de petróleo en los campos de Ratawi, en el oeste de Irak, pero por el otro nos sentimos indefensos ante la decisión del cártel de la OPEP de recortar la producción para aumentar los precios del petróleo, los cuales actualmente son más del doble que hace dos años.

Irwin Stelzer
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Y en Estados Unidos tenemos por fin un nuevo presidente, un expetrolero de Texas que promete darle prioridad a su política energética. Su nuevo secretario de Energía, el joven ex senador Spence Abraham es considerado muy inteligente y la nueva administración espera que su sangre libanesa lo ayude en las negociaciones con los países petroleros del Medio Oriente. Será su responsabilidad instrumentar una política energética que le impida a la OPEP fijar precios a niveles que provoquen inflación y recesión económica, como sucedió en el pasado.

Es muy temprano para estimar las consecuencias de los recortes acordados por la OPEP. Entre otras razones porque nadie sabe lo que hará Saddam Hussein, quien no está sujeto a las cuotas de la OPEP y a quien la ONU le permite vender 2,3 millones de barriles diarios.

Más cantidad de petróleo provendrá de los países no miembros de la OPEP, como Rusia y México. Rusia necesita dólares y el presidente mexicano Vicente Fox necesita ganarse la buena voluntad del presidente Bush, por cuestiones de intercambio comercial e inmigración. Uno o ambos países pueden decidir llenar el vacío creado por la OPEP.

También es difícil predecir lo que la nueva administración hará para presionar a la OPEP. Bush sabe que el aumento del precio del barril desde 10 dólares a 30 dólares le saca a los bolsillos de los consumidores estadounidenses unos 50 centavos de cada dólar que su propuesta reducción de impuestos les aportaría. Se estima que cada 5 dólares en aumento del precio por barril de petróleo rebajan en 0,3 por ciento el PIB de Estados Unidos, lo que implica que el reciente aumento nos cuesta un punto del PIB, algo no trivial en momentos en que la economía se enfría.

Bush no quiere presidir durante tiempos de recesión económica, inclusive si esta es corta. Fue una recesión parecida lo que le aportó el eslogan a Clinton en 1992, “es la economía estúpido”, con el cual apaleó al padre de Bush. La campaña electoral legislativa de 2002 ya comenzó y una recesión inclinaría la balanza a favor de los demócratas, abonándole el terreno a la candidatura presidencial de Hillary Clinton o al mismo Gore en 2004.

Por otra parte, ni el secretario de Estado Colin Powell ni el vicepresidente Dick Cheney, ambos veteranos de la Guerra del Golfo, pueden estar contentos viendo que es el ministro de petróleo de Kuwait quien lidera los recortes en la OPEP. Kuwait tiene el 10 por ciento de las reservas petroleras del mundo, pero produce apenas un 3 por ciento del petróleo, lo que quiere decir que podría producir mucho más.

Kuwait no lo hace porque aspira a altos precios que le permitan sostener su estado benefactor que mantiene al pueblo tranquilo, pagándoles por hacer muy poco. El 90 por ciento de los ciudadanos de Kuwait trabaja para el gobierno.

Powell y Cheney recuerdan vivamente que fueron ellos quienes arriesgaron la vida de soldados americanos para impedir que Kuwait se convirtiera en una provincia de Irak, mientras que la familia real se hospedaba en el lujoso hotel Dorchester de Londres, dedicando los días a comprar en Harrods y las noches a jugar en los casinos.

En el pasado, el departamento de Energía ha sido el cementerio de carreras políticas, pero todos queremos que Abraham haga un buen papel.

© AIPE

Irwin M. Stelzer escribe desde Washington donde es columnista del Sunday Times de Londres y de la revista Weekly Standard.
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