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LA CARRERA A LA CASA BLANCA

Cambio de estrategias

El candidato republicano y gobernador de Texas, George W. Bush, se recupera en unas encuestas y empeora en otras, lo que se interpreta generalmente como una prueba de que el resultado de las elecciones presidenciales de noviembre es todavía imprevisible, especialmente ante la nueva estrategia de la campaña de Bush.

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La estrategia lleva un nuevo slogan: "soluciones reales para gente real" y responde al terreno ganado por su rival demócrata, el vicepresidente Al Gore que abarca todos los terrenos y que, por segunda vez, ha superado el margen estadístico de error: la semana pasada Gore iba 7 puntos por delante y este viernes, en una encuesta de Gallup ya eran 10. Lo que es aún peor para Bush es que Gore, por primera vez, ha quedado por encima del 50%, pues la carrera le daba el 51%, frente al 41% de Bush.

PRESENTARSE DE NUEVO

El gobernador de Texas es que ha perdido apoyo en todos los terrenos: grupos demográficos, distribución georgráfica de votos, programas de gobierno y personalidad.

Durante meses, Bush iba por delante en atracción personal, pero por primera vez incluso en esto le supera Gore quien siempre defendía los programas más populares, pero "no comunicaba" por ser el "candidato de madera". Ahora, gracias en parte al beso apasionado que le dio a su mujer ante las cámaras en la Convención Demócrata, Gore es visto como más "humano" y las mujeres, que habían desertado en masa, han empezado a volver al redil demócrata.

Para compensar la situación, Bush ha tenido que replantear su estrategia, de una manera doble: primero, en vez de centrarse en la personalidad de su adversario, ahora trata de convencer a los norteamericanos que sus propuestas son mejores, pues traen soluciones reales en vez de promesas demagógicas y, segundo, busca fórmulas para recuperar el voto femenino sin el cual no se puede llegar a la Casa Blanca.

En Estados Unidos hay unos 8 millones más de mujeres que hombres con derecho a voto y, aunque tan solo lo ejercen aproximadamente la mitad, queda la respetable cifra de 4 millones. Para atraerlas, Bush empezó esta pasada semana el circuito de las televisiones con programas femeninos, donde se hablaba poco de política y se trataba de poner de relieve la simpatía, sensibilidad y gracejo del visitante. Bush quedó bien pero, de momento, las encuestas no reflejan cambios de opinión.

UNA BATALLA NUEVA

Que los programas propuestos por Bush tengan menos apoyo no es sorprendente, pues son cuestiones normalmente atendidas por los demócratas, como la educación, la seguridad médica y social y aquí, precisamente, está el meollo de esta campaña: Bush siempre se ha presentado como el "conservador compasivo", con una vertiente popular y social y la gente puede preguntarse por qué han de votar por un republicano si les ofrece soluciones demócratas. En 1994, cuando los congresistas demócratas ofrecieron soluciones republicanas, a la población le pareció más práctico elegir directamente legisladores republicanos.

No es que las fórmulas de Bush sean iguales que las demócratas, pero como diagnostica los mismos problemas sociales es difícil, en los breves segundos de las informaciones televisadas, que la gente vea la diferencia y su mensaje queda oculto tras los contraataques demócratas que desvirtúan sus propuestas.

En estas circunstancias, la mejor posibilidad de Bush son los debates, a pesar de la vengaja en experiencia que le lleva Gore. Allí es donde Bush podrá intentar dejar claras las diferencias entre los dos candidatos y plantear al público dos alternativas a elegir.

UN CAMPO DE MINAS

Bush, quizá confiado en la popularidad de que disponía el año pasado, se ha atrevido a tocar la vaca sagrada de la Seguridad Social que no puede garanitzar las pensiones a largo plazo para una población cada día más longeva, que no quiere retrasar su jubilación, ni aumentar sus primas ni reducir sus beneficios. Bush propone que los jóvenes puedan controlar directamente una parte del dinero de su jubilación y, aunque fórmulas semejantes existen en algunos países, la artillería demagógica republicana lo martillea acusándolo de privatizar la seguridad social.

Otro tanto ocurre con la educación que cuesta por cápita más aquí que en cualquier país industrializado, pero deja millones de jóvenes semi analfabetos. Su propuesta de introducir competencia permitiendo que el estado desvíe parte de los fondos de las escuelas públicas a instituciones privadas, como ocurre en tantos estados europeos, choca con la simbiosis del partido demócrata con los sindicatos de maestros que, a cambio de financiar a los demócratas, gozan de una situación de monopolio educativo.

Más tradicional es la posición de Bush para bajar los impuestos, que los demócrtas rechazan como "ayuda a los ricos" y nadie les puede discutir, en efecto, que los pobres no se benefician de las ventajas fiscales porque empiezan por no pagar impuestos.

Bush ha hecho recientemente otras incursiones en campo demócrata, como ofrecer mejoras en la seguridad médica y, tanto en los debates como en sus rencuentros con el público, habrá de bailar en la cuerda floja de convencer de su "compasión" a los neutrales y demócratas, al tiempo que tranquiliza a los republicanos conservadores de que no se ha lanzada a una carrera desenfrenada de gasto público.
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