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LOS ORíGENES DE LA GUERRA CIVIL ESPAñOLA

Capítulo V: La campaña sobre la represión en Asturias

Libertad Digital sigue publicando esta semana, en exclusiva, el libro "Los orígenes de la guerra civil", tomo II : "El derrumbe de la República y del Frente Popular". El autor, Pío Moa, aborda las consecuencias de la insurrección de octubre de 1934. En esta ocasión ofrecemos la segunda de las tres partes en que se divide el capítiulo quinto.

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(II) El modelo Ferrer Guardia

En relación con la propaganda sobre la represión, un héroe a medias resultó Teodomiro Menéndez, dirigente socialista a quien, según Vidarte, "le sometieron a tan bárbaras torturas que un día, cuando lo llevaban de nuevo a declarar, se arrojó de una ventana desde un quinto piso", aunque sobrevivió. En realidad el intento de suicidio se produjo a finales de año, semanas después de los interrogatorios, como prueba también el hecho de que pudiese declarar a la prensa, días antes: "Me encuentra usted así porque no soy como los otros. Todos se han preocupado de la fuga, de preparar la retirada, de tener listo el automóvil, el barco, el paso de la frontera, el hotel en el extranjero. Yo tengo que ser la víctima".

Menéndez había sido de los pocos líderes reacios a la revuelta, en la que participó aparentemente por disciplina, y había sido arrestado y casi fusilado por sus propios camaradas. Cuando lo capturaron los gubernamentales, involucró a González Peña, y debió de hacerlo sin demasiadas presiones, porque sus compañeros de celda le recriminaron su delación. Menéndez, mortificado, debió de sufrir una crisis psicológica. Cuando se repuso negó haberse tirado al patio; se habría caído sobre la barandilla al sufrir un mareo (1).



Tuvieran lo que tuvieren de verdad, de falsedad o de exageración, las campañas de denuncias ofrecían a los revolucionarios un estribo para rehacerse, tomar la iniciativa política y relegar al olvido su responsabilidad por haber declarado una guerra civil y por las víctimas, pasando de acusados a acusadores. Y utilizaron las denuncias con destreza innegable. Vidarte mismo, otras veces circunspecto, rompe cualquier freno a su pluma en este punto: los represores eran "mil veces más crueles que los verdugos medievales", peritos en "los tormentos más inhumanos", etc. etc.

Los espantosos relatos comenzaron a circular masivamente, en hojas y prensa clandestinas y por rumores orales, gracias al aparato del PSOE que seguía en pie y al concurso de anarquistas, comunistas y el resto de la izquierda. El prestigioso Ateneo de Madrid, entonces muy radicalizado, hizo suyo el informe de De los Ríos y lo distribuyó en círculos intelectuales. Planteada sin asomo de autocrítica, la campaña iba a lograr lo que no había logrado la agitación socialista durante 1934: crear en amplios sectores de la población un ánimo irreconciliable, propenso a la guerra civil. (2)

De los Ríos entregó sus papeles a Alcalá-Zamora, quien los puso en conocimiento del gobierno, el cual los trasladó al Fiscal de la República, por considerarlos calumniosos. El fiscal advirtió a don Fernando: "Por el honor de España, que a todos nos interesa cuidar, le agradeceré que este expediente no se imprima ni se divulgue en el extranjero". Pero Vidarte entendió que la difusión exterior sería su mejor arma. Tomó como modelo la magna campaña internacional de 1909 en torno a Ferrer Guardia, fusilado en relación con la "Semana trágica", y se enfrascó en su estudio "durante muchos días (en) mis pocas horas libres": "Creo que la lectura de aquellos episodios trascendentales de la historia de España me sirvieron más que cualquier otro razonamiento para iniciar inmediatamente en el extranjero, con la cooperación valiosísima de Fernando de los Ríos, la campaña a favor de los socialistas detenidos.



El caso Ferrer Guardia había, en efecto, conmocionado a medio mundo. Ferrer, agitador entre republicano y anarquista, había formado una "Escuela Moderna" para "introducir ideas de revolución en los cerebros". Preconizaba una revolución "sangrienta, ferozmente sangrienta", y fue con toda probabilidad el inductor y organizador de varios de los atentados más atroces de la época, como el realizado en 1906 por Mateo Morral, profesor de su escuela, contra el cortejo nupcial del rey, en la calle Mayor de Madrid, donde cayeron asesinadas 30 personas y heridas un centenar.

Con sus propagandas, Ferrer contribuyó de manera muy importante a crear el clima social que desembocaría en la "Semana Trágica" barcelonesa de 1909, la cual costó más de un centenar de muertos y la destrucción de gran número de edificios religiosos y públicos. Por este hecho fue condenado a muerte y ejecutado, aunque el tribunal sólo pudo reunir indicios no del todo probatorios de su implicación directa en los sucesos. El acusado era un destacado masón -como Vidarte-, y, como señaló Cambó, en proteste por su muerte a manos de la "España inquisitorial", la masonería movilizó una inmensa campaña en toda Europa, exaltando al revolucionario como un "genio intelectual", "nuevo Galileo", "educador de España" y "mártir de la libertad". En cambio Unamuno consideró su escuela "la obra de incultura y barbarización de aquel frío energúmeno, de aquel fanático ignorante".

Él y otros protestarían en vano contra aquella agitación, a la que llamaban "la ferrerada". Vidarte reseña: Le Peuple, de Bruselas, dedicó un número extraordinario al proceso. En París, Roma, Berlín, Trieste, Florencia, Milán, Viena, Praga y otras importantes ciudades hubo manifestaciones para protestar por el fusilamiento; además, en París y Milán fueron apedreadas la embajada y el consulado de España. En París, Jaurès intervino en un grandioso mitin de protesta, y millares de personas desfilaron por las calles con banderas rojas y cantando "la Carmañola". En muchas de estas manifestaciones, el pueblo se enfrentó a la policía o al ejército y hubo muertos y heridos.

Todos los periódicos extranjeros de mayor circulación -Le Matin, Le Journal, Le Fígaro, Le Gaulois, Le Temps y Le Petit Journal, de París; el Berliner Tageblatt, de Berlín; La Tribuna, de Roma; Il Corriere della Sera, de Milán; O Seculo, de Lisboa; The Times, The Daily Telegraph y The Daily Mirror, de Londres- tomaron con gran interés la campaña" en pro del "político y pedagogo de la Escuela Moderna". Vidarte aspiraba a lograr efectos semejantes.(3)

En ese empeño, el informe sobre Asturias aseguraba a sus lectores foráneos que "las masas se levantaron para evitar el fascismo en España", aunque sus redactores sabían, por supuesto, que no era cierto. De los Ríos realizó un trabajo inmejorable para su causa. Sus contactos internacionales funcionaron a pleno rendimiento y sus textos fueron reproducidos en periódicos de Estados Unidos y Francia, y citados ampliamente en muchos otros países.(4)

"Una de las primeras visitas que recibimos del extranjero fue la del diputado socialista Vincent Auriol, años más tarde presidente de su país. Acompañado de De los Ríos, expuso al jefe del gobierno, Lerroux, la súplica del Parlamento francés de que fueran indultados los condenados a muerte, y protestó por el asesinato de Luis Sirval y de la aplicación en masa de la ley de fugas (...). También visitó en la cárcel a Largo Caballero". Auriol no menciona torturas, y sí en cambio una aplicación masiva de la ley de fugas que, indudablemente, no tuvo lugar. (5)

"La Masonería, la Segunda Internacional, la liga de los Derechos del Hombre, informaban al mundo de los crímenes cometidos por el fascismo español. Los partidos socialistas y comunistas del mundo entero enviaron al gobierno español sus más enérgicas protestas. Y Vincent Auriol organizó, con el presidente del Partido socialista belga, Émile Vandervelde, una campaña internacional cuyos efectos no dejaron de sentirse en la actitud del gobierno de Lerroux". (6 )

La actuación de la masonería, por su influjo en los medios burgueses a ambos lados del Atlántico, entorpeció la defensa internacional del gobierno republicano, pese a contar éste con varios masones, empezando por el propio Lerroux, que lo era en calidad de durmiente: la mayoría de la orden condenaba al Partido Radical. "En las logias de la calle del Príncipe, la masonería había organizado una gran campaña, dentro y fuera de España, para obtener los indultos. Pérez Farrás era hermano nuestro y varios de los ministros del gobierno también lo eran".



Y lo eran Fernando de los Ríos, Álvaro de Albornoz o Marcelino Domingo entre los principales colaboradores de la campaña. Don Fernando, subraya Vidarte, "desplegó una actividad incansable en pro de los indultos, poniendo al servicio de esta causa toda la generosidad y nobleza que le caracterizaban. Entre los dos organizamos la intensa campaña. Nos dirigimos a la Internacional de Amsterdam, a la Internacional Sindical, a la Liga de los Derechos del Hombre*, los partidos socialistas de Inglaterra y Francia, el Grande Oriente Español, la Gran Logia Española, etc." (7)

*Organización creada y dirigida por la masonería

El director de la campaña visitó asimismo a Martínez Barrio, uno de los líderes de la masonería aunque había tenido que renunciar a la máxima jerarquía unos meses atrás. Martínez mostró cierto escepticismo: "Las circunstancias políticas obligan a veces a abrir un paréntesis en las obligaciones masónicas. Recuerde usted al masón Danton enviando a la guillotina al hermano Vergniaud, ¡a los girondinos, entre los que había tantos masones: Roland, Brissot, Condorcet, Barnave! Al masón Robespierre mandando a la guillotina a sus hermanos Danton, Camilo Desmoulins, Guzmán, etc. Al hermano Tallien promoviendo la conspiración de Termidor que llevó a la guillotina a los hermanos Robespierre y Saint-Just. Afortunadamente, en la República española todavía no nos hemos ajusticiado los unos a los otros y ojalá que no llegue nunca ese momento". Al final, sin comprometerse del todo le prometió también ayuda: "Durante toda mi vida he sabido hermanar mis deberes republicanos y mi obligación de masón"(8)

El testimonio de Vidarte, masón devoto y organizador de la campaña, interesa al historiador porque rompe la extrema reserva cultivada por los hijos de la luz. En las memorias de Martínez Barrio, por contraste, la masonería simplemente no existe, pese a haber sido él uno de sus miembros directivos. Al gestarse la insurrección, Vidarte afirma haber pedido la baja provisional en la orden; pero con motivo de la campaña contra el gobierno, pensó que "la Masonería representaba una fuerza poderosa y no podía prescindirse de ella"

"También conseguimos que el Partido Laborista hiciese pública su firme protesta, organizase mítines en todas las ciudades importantes y (...) abriera suscripciones para sus hermanos de España. Un buen día se nos presentó una comisión de diputados laboristas, encabezados por Lord Listowell, de la Cámara alta", la cual quería investigar los sucesos de Asturias. El presidente de las Cortes, Alba, recibió a Listowell acompañado de María Lejárraga y un abogado francés. Alba manifestó que ni en virtud de su cargo "ni como ciudadano español, se allanaba a la idea de una información colectiva practicada por extranjeros", cuando, con arreglo a las leyes, los diputados de la izquierda podían investigar cuanto quisieran. Gil-Robles calificó el episodio de indignidad, y pidió que la comisión fuera puesta en la frontera. Pero Lerroux permitió a los ingleses viajar a Asturias, donde la fuerza pública hubo de protegerles de las manifestaciones hostiles de personas que habían sufrido los efectos de la revuelta. (9)

La campaña no incluía sólo presiones políticas por las alturas, sino también, y muy especialmente, una intensa agitación de masas, con mítines, reparto de octavillas, manifestaciones y difusión de carteles, desde San Francisco a París. Muestra de esa agitación y de sus contenidos puede ser un cartel, pegado masivamente en las fachadas de la capital francesa: "España en sangre. Mujeres y niños degollados. Cinco mil trabajadores muertos. Heridos torturados. Ocho mil heridos. Setenta mil prisioneros políticos: socialistas, comunistas, anarquistas, radicales, republicanos. Ciudades destruidas por la artillería, la aviación y los cruceros. Centenares de antifascistas amenazados de cárcel, o muertos, u obligados a refugiarse fuera de España". Otros carteles pintaban a multitudes de obreros desarmados y de mujeres con niños en brazos, enfrentándose o huyendo de guardias civiles que, en filas, disparaban a mansalva. (10)

Aunque la represión afectaba a todo el país, las acusaciones por atrocidades se limitaban a Asturias, acaso porque no ocurrieran fuera de allí, o bien porque la mitificación internacional de la insurrección asturiana corno una segunda Commune Multiplicaba el eco de los informes. Se fundaron asociaciones como la "Amis de 1'Espagne" , que incluía a intelectuales de la talla de André Gide, Henri Barbusse o Georges Duhamel, con el objetivo de "explicar al mundo la verdad de Octubre, sus causas y consecuencias", si bien cabe dudar de que los informadores estuviesen a su vez debidamente informados.



Otra organización muy activa en la denuncia del supuesto fascismo del gobierno y sus inconcebibles tropelías fue el "Comité de Socorro a las Víctimas del Fascismo", a cargo de Willi Münzenberg, auténtico genio de la propaganda staliniana en el mundo occidental*. Vidarte podía concluir, con justeza: "Estábamos satisfechos (...) La campaña internacional empezaba a dar frutos. Salvaríamos a todos los encartados en la insurrección de octubre". (11 )

*Münzenberg creó un verdadero imperio periodístico en numerosos países, disimulada agencia de propaganda soviética. En torno a su trust organizó el reclutamiento de intelectuales, artistas y personajes influyentes como agentes encubiertos, a veces inconscientes "compañeros de viaje" del movimiento comunista. Arthur Koestler hace en su autobiografía un retrato admirativo de Münzenberg. Un libro de gran interés sobre él es Double lives, de Stephen Koch, con el significativo subtítulo: Stalin, Willi Münzenberg and the seduction of the intellectuals. Si bien contiene numerosos errores al referirse a España.

Con todo, los primeros indultos debieron poco o nada a aquellos trabajos, ya que poner el aparato en marcha costó unas cuantas semanas. La mayoría de las actuaciones fue posterior al indulto a Pérez Farras, que traería consigo los restantes. Otra cosa sería la segunda fase de la campaña, desarrollada en torno al juicio contra González Peña, ya en el mes de febrero, y que trataremos luego.

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Notas

1.- J. S. Vidarte EI bienio negro, p. 321 y ss. P. I. Taibo, Asturias, 1934, II, p. 154

2.-Vidarte, El bienio, p. 334 y ss

3.- Ib., p. 339-40. J. Álvarez Junco, El emperador del Paralelo, Madrid, Alianza, 1990, p. 41-2.
En J. M. García Escudero, Historia política de las dos Españas, Madrid, Edit. Nacional, 1976, p. 676-7

4.- Vidarte, El bienio, p. 340

5.-Ib., p. 338-9

6.-Ib, p. 346

7.-Ib., p. 347-8

8.-Ib., p. 348

9.- lb., p. 340. J. Arrarás, Historia de la II República española, III, Madrid, Edit. Nacional, 1968, p. 20

10.- En J. Arrarás, Historia, III, p. 18-9

11.-Ib., p. 19. Vidarte, El bienio, p. 341

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