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LA PRUEBA DE LA SEMANA

Chrysler Voyager LX 2.5 CRD: La evolución del líder

Chrysler ha llevado a cabo una importante transformación en el Voyager de última generación que se nota con más intensidad en el contenido que en el continente. Estamos hablando del nuevo motor 2.5 CRD de 140 CV con raíl común.

Enrique González
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Si, hasta el momento, el Chrysler Voyager disponía de una motorización diesel que le permitía ofrecer sólo un rendimiento suficiente, con la nueva versión CRD de idéntica cilindrada, 2,5 litros, pero con un desarrollo totalmente nuevo y 140 CV, antes 115, el monovolumen americano alcanza en este sentido la “mayoría de edad”.


Desde luego, el protagonismo de la nueva generación es indiscutiblemente para este inédito motor, muy superior en todo a su ancestro, ya sea por agrado de conducción, prestaciones, consumos y también fiabilidad, sin duda uno de los puntos débiles de aquel.

A pesar de tomar la base del veterano propulsor de origen VM, los ingenieros de Chrysler han llevado a cabo una profunda transformación en la que sobresale la adopción de un moderno sistema de alimentación, encomendado a una inyección directa con raíl común, y una culata convencional, de una sola pieza, que sustituye a los culatines independientes que tantos quebraderos de cabeza han dado a los propietarios de este modelo.

DIESEL DE ÚLTIMA GENERACIÓN


La situación ahora es radicalmente distinta. El Voyager con esta mecánica, además de convertirse en la opción Diesel más potente de su segmento, ofrece un dinamismo de referencia y, entrando más en su conducta, una eficiente respuesta en toda la banda de utilización y eso que por debajo de las 2.000 rpm no es todo lo alegre que hubiéramos deseado. Se trata simplemente de un pequeño “tirón de orejas” para un modelo que acelera con prontitud y logra alcanzar con facilidad los 180 km/h, lo que no está nada mal para su tamaño y peso, 4,8 metros de longitud y casi dos toneladas respectivamente.

A esto hay que sumar una contenida sed de combustible y una cuidada rumorosidad —fundamental en un Diesel—, aspectos todos ellos que reafirman la interesante evolución practicada en este sentido.

En cuanto a su comportamiento, sobre buenas carreteras es un modelo muy equilibrado, seguro y confortable. La presencia de un bastidor mucho más elaborado, pese a conservar el eje rígido en el tren trasero, se nota y mucho. Ahora bien, cuando nos adentramos en trazados de segundo orden aparecen las limitaciones propias de este tipo de coches, lógicas por otro lado teniendo en cuenta lo ya dicho anteriormente respecto al tamaño y al peso.



De todos modos, su respuesta en todos los casos es bastante noble y avisa con suficiente antelación de cualquier exceso sobre el pedal del acelerador, destacando el soberbio trabajo que realizan los frenos, muy potentes y resistentes a los esfuerzos continuados.


EL MÁS AMPLIO DE SU CLASE

Cuestiones dinámicas aparte, en el interior se sigue disfrutando de una amplitud de referencia, es el más espacioso de su clase, aderezado ahora de un estilo más moderno que se nota sobre todo en la definición del salpicadero. El acceso también establece nuevos e innovadores patrones. Las habituales puertas laterales del tipo corredera, más el portón posterior, están motorizadas y se pueden manipular eléctricamente incluso a través del mando a distancia.

Algo menos nos ha gustado la disposición de los asientos que en esta generación adoptan una configuración 2+2+3, menos práctica que la habitual de 2+3+2, sobre todo por lo estrecha que resulta la banqueta de la tercera fila y en donde acomodar a tres pasajeros, salvo que sean niños, resulta casi imposible.



Por último ya sólo nos queda hacer mención al precio que, en el caso de la versión LX probada, alcanza los 5.909.000 ptas. No es ni mucho menos una “ganga”, cuesta casi un millón de pesetas más que un Renault Espace de 130 CV, pero todo tiene su explicación. Es el más potente de su categoría, el más amplio, también el mejor equipado, y para que no falte de nada el que disfruta de la imagen más elitista, algo así como el “Mercedes” de los monovolúmenes.



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