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BASURA SELECTA

Danzad, danzad, malditos, los éxitos del verano

Aunque no está comprobado científicamente, es evidente que las altas temperaturas veraniegas abotargan la sensibilidad y merman la capacidad de raciocinio del ser humano. Así se entiende, por ejemplo, que miles de españoles se queden los lunes por la noche hipnotizados ante el televisor, contemplando las vejaciones y torturas a las que se someten los concursantes del programa “Grand Prix”, que conduce sin piedad el animoso Ramón García (torturador televisivo para unos, yerno ideal para otros). Así se entiende también que miles de conciudadanos pasen sus vacaciones tarareando de día o bailoteando de noche cuatro o cinco canciones de ritmo machacón y reiterado estribillo. Son los éxitos del verano, las musiquillas que retumban con insistencia en las verbenas de pueblo, los barracones de feria y las discotecas playeras.

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Las canciones de verano han variado muy poco su fórmula en las últimas décadas, aunque sus intérpretes se renueven cada año. Durante casi treinta años, el indiscutible rey del género fue el inefable Georgie Dann, gracias a melodías tan pegadizas como “El Bimbó”, “El chiringuito”, “La Barbacoa”, “Casatshock”, “Carnaval, carnaval” o “El negro no puede”, pero también a las extravagantes coreografías que realizaba con sus bailarinas. Cada éxito de Georgie Dann contaba con su propio paso de baile, siempre complejo y de difícil ejecución. Con toda seguridad, muchos españoles padecieron lesiones lumbares y desgarros musculares en su intento de imitar los gimnásticos y agotadores bailes que se inventaba el cantante francés. En su favor hay que decir que logró convertir las plazas de pueblo en inmensos gimnasios al aire libre, mucho antes de que se pusiese de moda el aerobic. Pese a su meritoria aportación al mantenimiento físico de los españoles y a su presencia estelar en un anuncio televisivo, Georgie Dann ha sido destronado por una nueva generación de artistas que apuestan en su mayoría por ritmos del Caribe, como la salsa, la cumbia o el merengue. En ese sentido, podemos decir que las canciones del verano se han tropicalizado, renunciando a las esencias patrias representadas por esa reliquia de repertorio de orquestina que es el pasodoble. No sólo triunfan los ritmos caribeños. Muchos de los grupos y cantantes actuales proceden de Cuba, Puerto Rico o la República Dominicana como S.B.S, Angelitos Negros, Doctor Julito, Los Caníbales, Gilena Noriega, Christian Reyes, Walter Olmos, Andy Ventura, Punto Latino o Chocolate Latino.

Sin embargo, uno de los artistas de mayor éxito es originario de Argentina y no canta precisamente tangos de arrabal. El histriónico y excesivo King Africa lleva dos años veranos ganándose las lentejas en nuestro país con adaptaciones discotequeras de ritmos y canciones tradicionales latinoamericanas. Si “El Carnavalito” de Quilapayún o Inti Illimani potenciaba los sentimientos de solidaridad con Latinoamérica entre los progres desgreñados de los setenta, la curiosa versión de King Africa tan sólo consigue aumentar la sudoración de miles de jóvenes en las pistas de baile. Cómo cambian los tiempos.

La aportación mexicana este año está representada por varias canciones de Paulina Rubio (¿le escribirá Ricardito Bofill las letras?) y Coyote Dax, un vaquero anacrónico que canta country en castellano y triunfa con la canción “Mi pobre corazón”. Al parecer, ya nadie canta rancheras en México.

Entre los artistas con DNI que suenan este verano destacan David Civera (“Dile que la quiero”), las chicas de Papá Levante (“me pongo colorada”) y la niña Melody (“El baile del gorila”), que cuenta con el honor de esta apadrinada por el Fary. Mientras Civera se ajusta al perfil de ídolo de adolescentes histéricas y Papá Levante es la versión aflamencada de las Spice Girls, Melody recupera la tradición española de la niña prodigio de la canción, aunque su desparpajo poco tenga que ver con el de Marisol o Rocío Durcal.

Mención aparte merecen el dúo Sonia & Selena, una rubia y una morena (como Zipi y Zape, pero con curvas) que han alcanzado una cierta notoriedad con una canción cuya letra es casi la de un himno tántrico: “Yo quiero bailar toda la noche, baila, baila, bailando va, baila, baila y bla, bla, bla”. Gracias al interesado apoyo promocional de “Gran Hermano” y “Crónicas marcianas”, “Yo quiero bailar” puede convertirse en “la canción del verano”, pese al poco esfuerzo intelectual que realizó quien compuso su letra. Precisamente, en la sencillez del mensaje (“baila, baila, bailando va”) resida el éxito de la canción de este par de jovencitas. Sin duda, el verano no es la estación idónea para escuchar a Bob Dylan, Leonard Cohen o Joan Manuel Serrat.
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