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UN PRINCIPIO EQUIVOCADO

EEUU: Libertad y medio ambiente

Durante el segundo debate de los candidatos presidenciales, Al Gore confirmó su convencimiento sobre que la protección del medioambiente debe ser “el principio central de la organización” de la sociedad. Tal creencia contrasta radicalmente con el fundamento principal en que se basa la sociedad americana.

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Estados Unidos fue fundado sobre la base que todos somos creados iguales y que hemos sido dotados por el Creador con el derecho a la vida, a la libertad y a la búsqueda de la felicidad. Pero para Al Gore, el principio fundamental de la sociedad es otro: la protección del ambiente.

Según los próceres fundadores de Estados Unidos, la responsabilidad del uso adecuado del ambiente recae sobre los individuos que hacen uso de éste para sostener la vida y buscar la felicidad.

La aplicación del principio de Al Gore le quita la responsabilidad a los individuos y se la traspasa al gobierno. La libertad de acción individual es entonces la primera víctima de la ideología de Gore. Cuando el gobierno es responsable del medioambiente y la sociedad se organiza para su protección, la libertad individual no puede ser respetada.

Al Gore ha demostrado su mayor preferencia por el bienestar de los búhos y las ratas que por las necesidades y deseos de la gente. Su política ecológica desplaza a la gente de sus tierras y sus propiedades para mejorar el hábitat de oscuras especies.

Pero Gore está equivocado y nuestros próceres tenían razón. La sociedad se tiene que basar en los principios de libertad individual, reconociendo que los individuos reciben vida, energía e inteligencia de manos del Creador y no del gobierno. Fueron los individuos, quienes trabajando con otros individuos a través de acuerdos mutuamente satisfactorios, crearon los gobiernos. Los individuos con su consentimiento y trabajo le dan poder al gobierno y también limitan ese poder.

Al Gore, por el contrario, declara más bien que el poder omnipotente del gobierno debe limitar la libertad individual para proteger al medioambiente de la manera como lo considere adecuado.

No sólo Al Gore está totalmente equivocado, sino que la idea que el gobierno proteja el ambiente manejando la gente es inaceptable. Gore quiere frenar las intromisiones en el medioambiente, acabar con el crecimiento poblacional y dejar de utilizar combustibles provenientes de fósiles.

Gore, así, parece olvidar que los humanos formamos parte del planeta. Gore le arrebata tanto las decisiones como la responsabilidad por las consecuencias a la gente, para traspasárselas al gobierno. Pero es esa misma gente la que tiene que cargar con el peso de las decisiones gubernamentales.

Las consecuencias de esa funesta manera de pensar las sufrimos recientemente en el oeste de Estados Unidos. El gobierno determinó que los individuos no podían decidir sobre la tala de árboles y maleza cerca de sus hogares. El gobierno decidió en contra de la tala, pero fueron las casas de la gente las que ardieron.

Al Gore asume que los individuos no tenemos el buen sentido ni la inteligencia de manejar un medioambiente del cual dependemos. Él piensa que sólo el gobierno concentra la sabiduría necesaria para administrar y proteger el medioambiente ocupado por la gente. Pero sucede que el gobierno no puede decretar la sabiduría. Y lo que Gore propone es un ataque directo a nuestro sistema de gobierno.

Si el principio de Gore sobre la protección del ambiente reemplaza al principio de libertad individual como principal fundamento de nuestra sociedad, tanto el progreso social como la protección del ambiente sufrirán, quizá por varias generaciones. Y a fin de cuentas son las personas individuales quienes cargarán con las consecuencias de la ineptitud gubernamental.

© AIPE
www.aipenet.com

Henry Lamb vive en Hollow Rock, Tennessee, y es vicepresidente ejecutivo del Environmental Conservation Organization.
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