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ÉXITO EN EL NEGOCIO

Egoístas en red

El éxito de un Plan de Negocio depende de la estructuración inteligente de la idea original. No todos lo consiguen.

José Hermida
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Cuando en una reunión coinciden varias personas vinculadas con proyectos en Internet, es de lo más corriente que se escuchen diversos comentarios, generalmente de índole peyorativa, sobre distintas iniciativas de negocio llevadas a cabo en la Red tanto por competidores como por otras personas o entidades. Y lo más curioso es que las críticas, generalmente crueles, son coincidentes entre los presentes. Todos están de acuerdo en que todos lo hacen mal... excepto ellos mismos, por supuesto.

Este escenario de crítica nos suministra una información extremadamente útil: mientras en el mundo real la gente mantiene criterios divergentes en cuanto a arte, política, literatura o cualquier otra disciplina susceptible de ser enfocada desde distintos puntos de vista personales, en lo que se refiere a Internet, todos los interlocutores generalmente están de acuerdo en lo que funciona o no funciona. Podríamos sospechar que esto sucede así porque, en definitiva, el éxito se encuentra directamente vinculado con el número de visitas y con los ingresos consecuentes, pero este criterio no es del todo cierto. Veamos una serie de críticas estándar:

- El sitio web tarda mucho en descargar la información.
- La página no resulta fácil de localizar.
- No se entiende en qué consiste la página, qué ofrece o qué pide.
- Aunque se entiende en qué consiste la página, no está claro cómo va a ganar dinero con esa iniciativa.
- La página es una imitación de otra u otras páginas.

Salvo las dos primeras críticas, que son de índole técnica, las siguientes son del entorno de marketing. Llama la atención especialmente la inquietud ante el concepto “no queda claro cómo van a ganar dinero con la iniciativa”, crítica que acaso sea la más frecuente; ¿por qué? porque las personas que hacen esta reflexión proyectan y comparan sus propias iniciativas con el website que critican, es decir, temen estar incurriendo en los mismos errores de negocio que ellos han detectado.

Nunca se insistirá lo suficiente en la necesidad de no dar por cierto que a todo el mundo va a necesitar o le va a gustar lo mismo que a nosotros (sea un producto o un servicio). La esencia misma del marketing reside en la clara identificación de las necesidades del público objetivo. Un ejemplo de éxito sumamente interesante es el de www.amihotornot.com, un sitio de la red donde los visitantes pueden enviar su propia fotografía para que el resto de los navegantes voten sobre la imagen. El sistema procede a establecer un promedio de votación automático tras cada clic, ofreciendo dos informaciones no exentas de interés:

a)Por parte del visitante que vota a una determinada fotografía: puede evaluar su criterio (estético, de simpatía o de otra naturaleza) en comparación con el resto de personas que le han precedido en la votación.
b)Por parte de las personas que han enviado su fotografía: pueden evaluar su propio criterio respecto de sí mismos, en comparación con la opinión dominante de las personas que los juzgan.

El sitio web ha sido un éxito desde el principio (fue concebido por dos amigos a lo largo de una extensa charla nocturna) y rezuma una envidiable masa de publicidad. La razón de ese éxito no puede ser más clara: del mismo modo que no hay sonido más agradable a los oídos de una persona que su propio nombre, no existe información más valiosa que la que se refiere a la impresión que uno mismo causa en los demás. El ser humano, como animal social, no pude resistirse a esta continua evaluación, de la que, en definitiva, dependemos con todo rigor para ser personas en el sentido más profundo del término.

Los promotores de ideas que sean capaces de comprender este lícito y natural sentido del egoísmo, y sobre todo, el libre ejercicio de la ambición de las empresas (¿qué otra cosa es el éxito de una empresa sino su capacidad para ser vista con buenos ojos por la mayor cantidad de público que sea posible?) contarán con una ventaja muy diferenciadora respecto a sus competidores.

Claro que para poder satisfacer el egoísmo de los clientes, lo primero que hay que hacer es desprenderse del propio egoísmo, a saber: que lo que a nosotros nos gusta, no tiene por qué gustar necesariamente al resto de la gente. Se colige en consecuencia que las iniciativas de negocios web deberían asumir la posibilidad de ofrecer servicios y productos que no gustasen en lo más mínimo a los promotores de los mismos. Bueno, ¿y qué?
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