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RUSIA

El antisemitismo histórico

El recién elegido gobernador de la región de Kursk (Rusia Central), el comunista Alexánder Mijáilov, declaró que su victoria electoral representa una batalla ganada a los judíos. Acusó a su rival, Alexánder Rutskoy, de tener madre judía y de estar apoyado por el magnate Borís Bieriezovski, de la misma procedencia, y por el “Congreso Judío Ruso”. Según el gobernador, los judíos en la política rusa son una “escoria” de la que Rusia “se limpiará” con la ayuda del presidente, Vladímir Putin.

Víctor A. Cheretski
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El Kremlin no reaccionó a estas declaraciones publicadas por el prestigioso periódico moscovita “Komersant”. Al parecer, no las considera cavernícolas ni dañinas para el prestigio internacional de Rusia, un país que pretende llamarse “democrático”. En estas circunstancias, muchos observadores opinan que Rusia seguirá siendo un país donde los fracasos políticos y económicos se explican, tanto a nivel oficial como popular, por el “complot judío”.

El antisemitismo es una de las pocas cosas que no cambian en Rusia. Hay un antiguo proverbio: “Cuando en Rusia roba un ruso, dicen que ha sido un ladrón, pero cuando roba un judío, dicen que ha sido un judío”. El gobierno zarista no permitía a los judíos vivir en grandes ciudades. Residían en una especie de reserva: zonas rurales de Ucrania, Bielorrusia y los países Bálticos. No tenían acceso a la Universidad, ni a cargos públicos. Estaban sometidos periódicamente a “pogroms” y a todo tipo de humillaciones y maltratos por parte de las autoridades.

No es de extrañar que muchos judíos apoyaran la revolución bolchevique de 1917. Es más, el 80% de los comisarios (ministros) del primer gobierno de Lenin, eran de origen judío. León Bronshtéin (Trotski) fue encargado de Defensa; Félix Dzerjinski, de Seguridad Interna; Iakov Sverdlov, del Comité Ejecutivo (órgano legislativo). Hasta el jefe del pelotón que ejecutó al zar Nicolás II y a su familia fue un judío, Yurovski.

Iosif Stalin que se hizo con el poder tras la muerte de Lenin, restableció el antisemitismo dentro de su política de represión masiva contra sus adversarios, tanto reales como imaginarios. La persecución de los “envenenadores de batas blancas” -una verdadera limpieza étnica entre los médicos de más prestigio- fue acompañada por una amplia campaña contra los “perversos apátridas”, especialmente destacados intelectuales.

Tras la muerte de Stalin ya nadie mataba o encarcelaba a las personas por ser judíos. No obstante, el Estado Soviético de los tiempos de Leonidas Bréznev les tenía vetados, por ejemplo, ser altos cargos en el partido comunista y en la administración pública, la carrera diplomática y militar, las salidas al exterior, etc. No es de extrañar que una considerable parte de los llamados “disidentes” de la época soviética fueran de origen judío.

Tampoco es de extrañar que los judíos rusos apoyaron con toda su alma los nuevos cambios en Rusia a finales de los 80, durante el gobierno de Mijail Gorbachov padre de la “perestroika”. Muchos de ellos aprovecharon la apertura para ocupar importantes cargos de Estado y otros se dedicaron a los negocios e hicieron grandes fortunas. Pero, desgraciadamente, la historia tiene tendencia a repetirse. Y al parecer, el Kremlin pretende volver a lo tradicional, a lo de siempre. No debe sorprendernos en este contexto, la persecución judicial de dos oligarcas millonarios, Vladímir Gusinski y Borís Berezovski.

Algunos analistas buscan los motivos de este acoso en los dudosos métodos que éstos han utilizado para hacerse ricos o en sus críticas contra el régimen. Para otros la respuesta es distinta: Gusinski y Berezovski están acosados porque son “escoria”, son judíos. En Rusia, hoy en día, hay bastantes oligarcas que merecen ser perseguidos por sus actividades poco legales. Hay también altos funcionarios, cuya fortuna procede de la corrupción. No faltan tampoco críticas contra el gobierno. Pero ni los dudosos millonarios rusos, ni los corruptos, ni los críticos están perseguidos, a pesar de que sus nombres se conocen de sobra.

¿Qué pretende con todo esto el Kremlin? ¿Por qué la lucha contra los oligarcas anunciada por el presidente Putin, durante su campaña electoral, empezó con un ataque contra dos judíos? Pues, por lo de siempre, por el deseo de jugar con el nacionalismo ruso y buscar al “chivo expiatorio”, medio millón de judíos que quedan todavía en Rusia, tras la emigración masiva a Israel, Alemania y Estados Unidos de los últimos 30 años.

A los rusos siempre les gusta contar chistes. Uno es sobre el vocabulario antisemita:
-¿Cuál es la diferencia entre el pasado y el presente en el tema judío en Rusia?
- Verás… en los tiempos de zar les llamábamos simplemente “judíos”, en la época de Stalin “apátridas”, en la de Bréznev “disidentes”, y en la democracia de hoy “oligarcas”.
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