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MEDICINA Y SALUD

El cerebro sexual

Que hombres y mujeres perciben el mundo que les rodea de diferente manera es un secreto a voces. Los dos sexos no sólo se comunican de manera diferente, sino que piensan, sienten, aman y valoran de manera totalmente dispares. Existe un sexo genético, que viene determinado por los cromosomas, en concreto, el X y el Y; un sexo cultural, que reparte los roles sociales entre el hombre y la mujer; y un sexo cerebral.

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Durante siglos, los anatomistas rastrearon la estructura cerebral de unos y otras en busca de algún tipo de diferencia en el cerebro que explicara el comportamiento humano. La búsqueda fue en unas ocasiones infructuosa y en otras los resultados estaban salpicados de conclusiones peligrosas. Por ejemplo, el cerebro masculino tiene un volumen cercano a los 1.450 cc, frente a los 1.300 cc del femenino. Esta observación sirvió durante demasiado tiempo de excusa para justificar la superioridad intelectual del varón y discriminar a la mujer. En las décadas de los sesenta y ochenta, el doctor Günter Dörner vino a poner las cosas en su sitio. Sus investigaciones en el campo de la neurología le permitieron concluir que en el cerebro hay regiones diferentes responsables para el comportamiento sexual masculino y femenino. En la actualidad, las nuevas técnicas de imagen médica, como la resonancia magnética y la tomografía de emisión de positrones (PET) permiten abordar el tema de la sexualización del cerebro de forma más precisa y confirmar que hombres y mujeres poseen unas cabezas que trabajan y se desarrollan de formas distintas. Hace unos años, un equipo de científicos estadounidenses descubrió que los hombres pierden neuronas a un ritmo hasta tres veces mayor que las féminas.

Otras investigaciones demuestran que, en estado de reposo, los varones mantienen una cierta actividad metabólica en las regiones cerebrales que han utilizado por última vez, mientras que las damas son capaces de desconectarlas de forma casi automática y preservar las energías para activar otras áreas del cerebro distintas.

Cerebros distintos conducen a habilidades diferentes. Los hombres normalmente ganan a las mujeres en los tests de visión espacial y se orientan mejor mirando un mapa. También tienen mejor puntería. Ahora bien, las féminas les aventajan en memoria visual y pueden reconocer más objetos en una fotografía o paisaje. Su desenvoltura verbal se muestra mayor: son capaces de decir más palabras que empiecen por una letra determinada. En el sexo, las mujeres también tienen la sartén por el mango: la experiencia orgásmica supera a la masculina en calidad y cantidad. El orgasmo femenino, sin duda alguna, es más rico en matices.

¿Pero los cerebros de él y ella procesan de forma distinta una misma información? ¿Lo hacen con la misma eficacia? El doctor Erik Everhart y sus colegas de la escuela de Medicina y Ciencias Biomédicas, de la Universidad de Nueva York, en Buffalo, han descubierto que los chicos y chicas prepubescentes procesan las expresiones faciales de forma diferente. Los resultados del estudio acaban de aparecer en la revista Neuropsychology, de la Asociación Psicológica Americana. Everhart asegura que para reconocer los rostros e identificar las expresiones faciales, los niños utilizan más su cerebro derecho, mientras que las niñas recurren mayormente a su hemisferio izquierdo. No obstante, la eficacia con que unos y otros realizan la tarea es idéntica. "Nuestro hallazgo sugiere que los sesos de hombres y mujeres están organizados de diferente forma antes de alcanzar la edad adulta, lo que significa que los hombres y mujeres que sufren lesiones cerebrales se beneficiarán de regímenes terapéuticos diferentes", dice el doctor Everhart .

Para llevar a cabo el experimento, los científicos estadounidenses seleccionaron 17 chicos y 18 chicas de entre 8 y 11 años de edad. Todos ellos fueren sometidos a tres pruebas distintas de reconocimiento y memoria espaciovisual mientras que los electrodos aplicados en su cuero cabelludo enviaban las señales eléctricas que se generaban en los hemisferios cerebrales a un electroencefalógrafo. De esto modo, Everhart pudo comprobar cómo las ondas cerebrales bailaban de forma distinta en uno y otro sexo. "Es posible que los niños procesen las caras a nivel global, lo que explicaría la mayor implicación del cerebro derecho, mientras que las niñas lo hagan a nivel local. De ahí que echen mano del hemisferio contrario", explica Everhart . Y añade: "Si esto es realmente así, la estrategia femenina podría ser más ventajosa a la hora de percibir ligeros cambios en la expresión facial. Esto otorgaría a las mujeres un mayor grado de comunicación en el sentido de que detectarían mejor los sentimientos de las personas". Vamos, que nada que ya no se sepa.
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