Menú
Con tu apoyo hay más Libertad
  • Sin Publicidad
  • Acceso a Ideas
  • La Ilustración Liberal
  • Eventos
CHINA

El comunismo no ha perecido

Es mejor morir que vivir de rodillas parece ser el lema que ha guiado el destino de las diez personas de la secta Falun Gong que han decidido suicidarse. Su suicidio evidencia el valor de aquéllos que no quieren soportar las vejaciones comunistas y ponen un doloroso remedio.

Gorka Etxebarría
0
Es curioso que una dictadura denomine a una secta “la mayor amenaza para el gobierno de Pekín”. Si tenemos en cuenta las técnicas de adoctrinamiento de las sectas, no difieren demasiado de las que emplea cualquier totalitarismo comunista. También resulta repugnante que unos sangrientos asesinos se dediquen a degradar el nombre de un grupo religioso cuando éste se rebela contra la mano que les oprime.

Entre nuestros intelectuales es más que probable que alguno (o más de uno) se dedique a vituperar a estos pobres señores que, con coherencia, han decidido dejar de ser medios para la supervivencia de un sistema esclavista. Pero no es de extrañar que sean los mismos intelectuales que tachan al capitalismo de esclavista no sin antes resaltar los altos índices de alfabetización de países como Cuba donde el infierno capitalista no ha degradado la esencia de la revolución.

El Marxismo es la peor de las sectas. Se apoya en la mentira: el polilogismo de clases. Según esta teoría, cada clase tiene su propia lógica y la de la clase obrera es la única válida. De ahí derivan con la dialéctica hegeliana que el proceso histórico conducirá a la sustitución de una opresión burguesa por una dictadura del proletariado. En definitiva, se ofuscan en vender la estúpida teoría de que la realidad es maleable y de que sólo a algunos la verdad se les revela por la clase a la que pertenecen. No es que difiera mucho de la idea del pueblo prometido o del polilogismo racial como ha demostrado Mises.

Pero no es ésta la única falacia de los marxistas. La siguiente es por todos conocida: la teoría de la explotación. Como el trabajo es la única medida del valor de las cosas, al trabajador se le paga un salario de subsistencia inferior al número de horas que dedica y el empresario se queda con la plusvalía, que es en terminología marxista un robo o expoliación al pobre trabajador. Pero los salarios surgen con la llegada del capitalismo y además los productos no se valoran por el número de horas de trabajo en ellos invertidas. La medida del valor es la utilidad marginal. En definitiva, las escalas de utilidad de cada uno no comparables entre sí. El precio de un producto deriva de un intercambio en el que ambas partes salen beneficiadas, de lo contrario no se produciría dicho canje. El empresario, además, adelanta el salario a sus trabajadores antes de que se acabe la producción y se vendan los productos y el beneficio que él obtiene es fruto del interés. Esto es, invierte una cantidad que había ahorrado y dicho dinero no vale lo mismo en ese momento que posteriormente. Les ahorra a los trabajadores el esfuerzo de esperar a ser retribuidos una vez finalizada la producción.

La tercera falacia es la negación de la realidad. Influidos por una arrogancia fatal, se dedican a experimentar mediante procesos de ingeniería social a gran escala. Los hombres son parte de un colectivo que tiene un fin común, luego el sacrificio de unos pocos para la supervivencia del grupo puede ser necesaria. Además la pervivencia del grupo implica eliminar a los elementos dañinos, es decir, a los burgueses que sólo explotan e infectan con su individualismo a sus congéneres.

Después de este breve repaso a las mentiras comunistas, no nos extrañe que muchos prefiramos comulgar con esta secta… sobre todo porque siguen a Lao Tze, aquél sabio que dijo en su Tao Te King: “la gente se muere de hambre porque el gobierno los machaca con sus impuestos”. Curiosamente Lao Tze es valorado por muchos como el primer liberal.
0
comentarios

Servicios