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EL MUNDO DEL CóMIC

El final de Danger Girl

Dicen que el mes que viene sale el séptimo y último número de la colección Danger Girl. Por si fuera cierto y para celebrarlo, hemos decidido hacer un resumen de esta serie, probablemente una de las más absurdas que se hayan escrito en los años noventa.

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Los que este fin de semana fueron a su librería especializada a comprar el nuevo número de Danger Girl seguramente no lo encontraron. Que no se extrañen: les ha ocurrido lo mismo que a aquellos que fueron a comprarlo la semana pasada, y el mes anterior, y el trimestre pasado... Danger Girl está batiendo todos los récords de falta de regularidad en una colección (bueno, exceptuando el caso de Ms. Mystic, cuyo primer número salió en 1982 y el segundo en el 1984). Como demostración de que no hablamos por hablar, basta comprobar que de ser la serie mensual, como se prometió en su día, ahora tendríamos en nuestras manos el número 29 en vez de estar esperando (?) el número 7.

Hacer series de cómic en las cuales la/s protagonista/s son femmes fatales no es nada nuevo. Al público parece gustarle la idea de que una chica que está buenísima también puede repartir tiros/espadazos/descargas/guantazos/etc. Sabedor de esto, J. Scott Campbell decidió crear una serie protagonizada por cuatro perfectas "chicas duras". Obviamente, todas estaban como para mojar pan, y eran especialistas en diversos tipos de armas.

Pues bien, desde el principio se nota que tanto la mente de Campbell como su obra son el fruto de demasiadas noches viendo películas de Rambo. Dejemos de lado (por ahora) la total imposibilidad de que una chica con una cara perfecta y un cuerpo escultural sea al mismo tiempo una experta en armas, una atleta consumada y una arqueóloga que podría rivalizar con Indiana Jones. Para empezar, los buenos son una agencia secreta de espías ¡cuyo cuerpo operativo consta solamente de cuatro chicas! Eso sí, las chicas son las mejores luchadoras de la tierra.

Obviamente, a Campbell no se le ocurrió que igual una agencia secreta necesita más de cuatro agentes. O que entre las cuatro personas que mejor luchan del mundo se podía encontrar un chico. Esto se explica en la serie diciendo que la agencia está compuesta "por las mejores agentes femeninas". Oh, una explicación fantástica. ¿Y nos podrían explicar el razonamiento detrás de reunir un equipo sólo de "las mejores agentes femeninas"? ¿Qué pasa, que el conjunto de agencias estadounidenses tienen que cumplir una cuota de mujeres? Pero esperen, que la locura no acaba ahí: los malos son un ejército que pretende implantar un nuevo Reich. Originalísimo. Y claro, siendo un ejército tan temible no se ha podido notificar al ejército, o al FBI. incluso. No, hombre, no: se ha asignado a un equipo de cuatro chicas. Que sean chicas, bueno, vale, pero que sólo sean cuatro es absolutamente descabellado.

Con este deplorable planteamiento, lo único bueno que se puede esperar es acción a raudales que nos evite recapacitar sobre lo mala que es la historia. Todo lo contrario: la acción nos hace notar con aún mas fuerza los fallos de la serie. Una escena típica de la colección: una de las protagonistas es descubierta en una habitación de tamaño mediano por varios soldados enemigos, todos equipados con armas automáticas como poco. Éstos comienzan a vaciar sus cargadores en la chica, que dando diversos saltos esquiva todas las balas y se coloca tras un parapeto. Es entonces cuando a) saca una pistola y con un par de tiros acaba con sus oponentes o b) salta por la ventana con todos los disparos pasando a dos centímetros de ella. Ah, sí, al parecer lo que hace tan valiosas a estas chicas es que todas las balas, sean enviadas por francotiradores, magnates o mercenarios, sean disparadas a un metro o a tres kilómetros de ellas, sean del calibre que sean, consiguen fallar sus objetivos. Siempre. Y si a esto le añadimos que a los personajes les encanta hablar por los codos y soltar frases ingeniosas durante los tiroteos, obtenemos como resultado unas escenas de acción realmente patéticas.

Los personajes tampoco hacen nada por aliviar la situación: la protagonista es una ¿mujer? ¿adolescente? ¿niña? (en el cómic no se nota la diferencia) llamada Abbey Chase, que representa todo lo mencionado anteriormente: una chica físicamente inmejorable, con una puntería perfecta, con una habilidad innata para la gimnasia y las acrobacias, y que encima es experta en todo tipo de artefactos antiguos. ¿Ha oído hablar Campbell de la palabra “estereotipo”? Las otras tres compañeras de Abbey no se lucen por la originalidad de su concepción: una morena docta en el arte del látigo, una rusa experta en el lanzamiento de cuchillos que es más fría que un pescado, y una superdotada que se mueve por los ordenadores como Pedro por su casa (¡oh, sorpresa, es la única del grupo que no parece una supermodelo! Igual es por eso que casi no aparece en el cómic). Su jefe es el típico hombretón mas duro que el acero, curtido en mil misiones y que ahora dirige su organización (recordemos, “de las mejores agentes femeninas”) con una mano de hierro. También aparece un seductor experto en el manejo de las armas que se tira media hora de la mañana peinándose y otra mirándose en el espejo. Y como malos cabe destacar un mexicano que mide medio metro, un robot, una alemana más mala que Magneto en sus primeros años, y un agente secreto cuya cara aún no se ha visto: el Agente Zero.

Como final debo señalar lo único bueno que tiene la serie: las imponentes figuras femeninas que dibuja Campbell, unas verdaderas bellezas. Parece que el guión y la historia están diseñados solamente para que el autor se luzca con sus dibujos de chicas con piernas de 1´10. Y al parecer, eso les basta a muchos lectores porque la serie tiene unas ventas bastante notables.

Quizá es verdad que el mundo se ha vuelto loco.
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