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DEMOGRAFíA Y SOCIEDAD

El informe sobre la población de la ONU

La ONU acaba de publicar un informe con sus previsiones sobre las tendencias demográficas para los próximos cincuenta años. Dado que la ONU se ha caracterizado siempre por equivocarse de forma grosera en lo que a demografía se refiere, cogeremos los datos con una buena dosis de reserva. El UNFPA (Fondo de las Naciones Unidas para Actividades en Materia de Población) previó en 1969 una población mundial para el año 2000 de 7.500 millones de personas. Dado que la población mundial real en el 2.000 se ha situado en 6.057 millones, la desviación “sólo” ha sido de un 23,8%. Aprendiendo de sus errores, ahora la ONU estima escenarios múltiples que abarcan desde un mínimo de 7.866 millones a un máximo de 13.049 millones de seres humanos para el 2050. Vamos, como un meteorólogo que nos dice que mañana puede llover, hacer sol, estar nublado o nevar. Esperemos que no granice para que esta vez no se equivoquen.

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Si los cálculos de la ONU no son muy de fiar, sus ideas respecto a la influencia de la población sobre el desarrollo de las sociedades son todavía peores. La ONU ha venido organizando conferencias mundiales con el manifiesto propósito de promover políticas antinatalistas. Ha subsidiado agresivas campañas contra la natalidad y ha financiado a aquellos gobiernos que han puesto en marcha planes de esterilización forzosa. Curiosamente ahora algunos parecen advertir que no es una población en aumento, sino una población que decrece la que constituye un riesgo para la supervivencia y continua mejora del nivel de vida de los pueblos.

Hacia finales de los años 60 la histeria ecologista-estatalista lanzó su campaña contra la “explosión demográfica” de la misma manera que hoy lo hace frente al “calentamiento global”. En su libro The Population Bomb (La Bomba de la Población) su más conspicuo representante, el entomólogo Paul Ehrlich utilizaba el siguiente lenguaje: “Un cáncer es una multiplicación descontrolada de células; la explosión demográfica es una multiplicación descontrolada de personas. Tratar únicamente los síntomas del cáncer puede hacer que la víctima se sienta más cómoda al principio, pero acaba por morir —a menudo, de forma horrible. Un destino similar le espera al mundo con la explosión demográfica si sólo se tratan los síntomas. Debemos redirigir nuestros esfuerzos del tratamiento de los síntomas a cortar el cáncer de raíz. La operación exigirá muchas decisiones aparentemente brutales y despiadadas. Puede que el dolor sea intenso. Pero el mal se encuentra en un estado tan avanzado que sólo con cirugía radical tiene el paciente la posibilidad de sobrevivir.” ¡Grandes humanistas estos ecologistas! “Los seres humanos son como células cancerígenas”. Como premio a tanta “conciencia ecológica”, la Academia Sueca —la misma que otorga el Nobel— le concedió en 1990 un premio dotado con 240.000 dólares.

Dejando a un lado cuestiones tan importantes como el valor y la dignidad de la vida humana, incluso aún con condiciones materiales extraordinariamente difíciles, lo que pocos parecen advertir, es que el crecimiento de la población tiene efectos beneficiosos sobre el bienestar de la gente. Más gente significa más conocimientos y mayor división del trabajo. Una densidad de población más alta también permite desarrollar las infraestructuras: el alcantarillado, los colegios, las vías de comunicación, los hospitales. Cuando se habla de población y pobreza se suele pensar en Calcuta. ¿Por qué no considerar el Sahel africano donde la dispersión de la población y la consiguiente escasez de infraestructuras hacen imposible distribuir las ayudas alimentarias que fácilmente impedirían las hambrunas? ¿Están mejor abastecidas las aldeas gallegas o el centro de Madrid? ¿Dónde hay más densidad de población en Singapur o en Somalia? ¿Por qué la gente emigra a las ciudades?

El economista austríaco F.A. Hayek consideraba que a través del crecimiento demográfico se va seleccionando la moral que guía nuestra acción individual. Mientras el hombre tuvo una “moral” tribal, xenófoba, gregaria, depredadora, comunista y agresora fue incapaz de alimentar más allá de escasos grupos. Con el invento de la propiedad privada y el libre intercambio se produjo la revolución neolítica. Avances como el crédito que facilitó enormemente la acumulación de capital, la propiedad intelectual, el método científico y la generalización del comercio internacional hicieron posible la multiplicación tanto del número de seres humanos como de su bienestar material. Si las cifras de la ONU se confirman y España pierde más del 20% de su población autóctona para 2050, la afirmación de Hayek volverá a confirmarse. Una civilización que renuncia a tener hijos no es una civilización viable.
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