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SORPRESA EN LOS MERCADOS

El mago Greenspan evita que se arme el “belén”

En una jugada maestra, el presidente de la Reserva Federal (la Fed), Alan Greenspan, ha realizado una maniobra táctica al bajar los tipos de interés con el genio al que nos tiene acostumbrados. ¿O más bien se trata de evitar que el descenso del 50 por ciento del índice Nasdaq de los valores tecnológicos se convierta en una caída libre?

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Libertad Digital ya anticipó la semana pasada que los tipos de interés iban a bajar pronto y que los primeros serían los de Estados Unidos. En esta ocasión, resulta difícil poner en cuestión la capacidad del banquero central número uno del mundo, pero no hay que olvidar que lo que acaba de hacer por sorpresa la Fed el miércoles pasado es ni más ni menos que el recurso in extremis para salvar a todo el sistema del caos.

En otras palabras, parece como si dijera a los mercados que se pueden tomar riesgos demasiado grandes en el mundo financiero sin cuidado, porque al final los bancos centrales actuarán para pagar la factura pase lo que pase. El peligro de esta medida es que anima a mantener los comportamientos más locos con la seguridad de que hay una red debajo, como bien mostró Jacinto Benavente en “Los intereses creados”.

A este paso, los gestores de fondos de inversión deberán añadir una nota al pie de página para advertir a los partícipes de que “las rentabilidades históricas no suponen rentabilidades futuras, pero Greenspan le avalará en caso de pérdidas”. La Fed recortó el cuatro de enero los tipos de interés en medio punto hasta el seis por ciento por primera vez fuera de calendario desde la crisis que originó el impago por parte de Rusia de los intereses de su deuda en octubre de 1998.

La reacción del índice Nasdaq fue impresionante: recuperó el catorce por ciento de su valor y el precio de las acciones cotizadas en todas las Bolsas de Estados Unidos aumentó en una noche en 700.000 millones de euros, mientras el dólar se recuperaba frente al euro y el precio de los bonos del Tesoro norteamericanos bajaba dos puntos: la mayor caída diaria desde julio de 1996.

Con el paso de las horas, los mercados empezaron a digerir el mensaje de Greenspan y ahora la pregunta que se hacen en las tesorerías de los bancos es ¿Qué sabe Greenspan que no nos quiere contar? Todos los economistas están de acuerdo en que el crecimiento de Estados Unidos ha entrado en una etapa de aterrizaje suave, que podría desembocar en recesión en cualquier momento: eso es lo que puede significar un recorte tan radical de los tipos de interés.

También se puede interpretar la decisión de la Fed como una medida de urgencia encaminada únicamente a socorrer los maltrechos mercados de valores y evitar que el miedo se convirtiera en pánico entre los inversores. Es cierto que estos dos factores son dos facetas de la misma moneda, pero no es menos cierto que pilotar la política económica de la primera potencia mundial y garantizar el valor de las acciones no son lo mismo.

El mensaje subyacente puede ser que Greenspan teme que el estallido de la burbuja creada por una subida demasiado fuerte de las Bolsas en los últimos años se convierta en una amenaza a la estabilidad de la economía y empañe el historial de nueve años seguidos de fuerte crecimiento, con inflación y paro bajo control. Así se explica que la Bolsa de Estados unidos, esta vez medida con el índice Standard and Poor’s 500, ha tenido sus mayores subidas cuando han bajado los tipos de interés en épocas de crisis.

En 1987, cuando el “crash” de octubre de la Bolsa; entre 1990 y 1992, durante la crisis de las cajas de ahorros norteamericanas y la guerra del Golfo; en 1995, cuando la Fed bajó los tipos para salvar al peso mexicano; y a finales de la década de los noventa cuando se produjo la crisis rusa que ya he comentado y quebró el fondo de inversión “Long-Term Capital Management”. Esto no quiere decir que no existieran entonces también razones económicas para recortar los tipos de interés: de hecho, ya existían datos premonitorios en las últimas semanas del fuerte deterioro del clima de confianza de los consumidores.

Los más pesimistas insisten en que no hay garantías de que el bálsamo de la Reserva Federal sirva para cambiar el panorama de la noche a la mañana, ya que se calcula que unas 700 empresas de Estados unidos no podrán cumplir sus objetivos de beneficios para el cuarto trimestre que acaba de terminar: el peor resultado desde 1995. Los economistas saben que el descenso de los tipos de interés tarda en convertirse en algo tangible para el ciudadano común: sirve para aliviar los síntomas de desmoralización, pero de ahí a recuperar el optimismo, falta todavía un largo trecho.
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