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INTERESES Y PRéSTAMOS

El premio Pulitzer y la usura

Este año el Premio Pulitzer ha ido a parar a John C. Bersia por una serie de artículos que denunciaban las prácticas prestamistas en Florida. Según Bersia, algunas entidades crediticias concedían créditos a los pobres y a aquellos que no gozaban de una sólida reputación. Pero Bersia llega más lejos y pide que se declaren ilegales ya que los intereses que exigen son claramente usurarios.

Gorka Etxebarría
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Pero cualquier escéptico (permítanme que lo sea) se preguntaría qué se entiende por usura. Si seguimos a alguno de los escolásticos del siglo de oro español, podemos concluir que usura es el precio cobrado en cualquier préstamo ya que entendían que el dinero no era productivo.

Según esta interpretación no hay banco que no la practique. Otra definición posible es la de nuestra Ley de la Represión de la Usura de 23 de Junio de 1908 que declara nulo “todo contrato de préstamo en que se estipule un interés desproporcionado con las circunstancias del caso”, interpretación que ha confirmado el Tribunal Supremo en dos sentencias (STS 9/5/1944 y STS 13/11/1975). Como mostraremos más tarde este término es una negación del carácter del préstamo así como de la libertad contractual entre partes no coaccionadas o engañadas.

Como el “usurero” lleva desde tiempos remotos suscitando la ira de la gente y aún más de los legisladores; cabe preguntarse si su labor es acaso fundamental para la sociedad.

Con un ejemplo mostraremos el inmenso error de los que vilipendian al “usurero”. El Sr. A desea tener 100$ hoy y está dispuesto a pagar 150$ el año que viene, mientras que el Sr. B valora más 150$ dentro de doce meses que 100$ ahora mismo. Este último se lo prestará a aquél, y está claro que el acuerdo entre ambos es lícito: nadie ha sido obligado a ser parte del contrato.
Tenemos que tener en cuenta que el tipo de interés de los préstamos depende de la oferta y la demanda, y, en definitiva, de la preferencia temporal de los actores económicos (decidir si ahorrar y prestar más o menos, con relación a nuestro mayor o menor deseo de consumir o nuestro mayor interés en poder hacer frente a sucesos imprevistos o a planes de futuro...).

Si el gobierno decidiera seguir los consejos de Bersia y prohibiera los préstamos a partir de cierto tipo de interés, los usureros no prestarían a ese menor tipo de interés a los más pobres, porque el riesgo de impago de éstos es mayor que el de los ricos. Así que, con la medida en cuestión, salen mal parados aquellos a quienes supuestamente favorecería. Mas Bersia desconoce el efecto oculto de toda medida económica y que el Estado yerra muy a menudo (lo han demostrado los teóricos de la Public Choice).

Desgraciadamente, por mucho que se repitan las leyes económicas primarias una y otra vez habrá intelectuales que, como Bersia, seguirán repitiendo las mismas falacias. Por eso, sorprende que a un señor indocumentado le den un premio de la envergadura del Pulitzer. Aunque tampoco debería sorprendernos tanto cuando se lleva premiando a todo escritor anticapitalista que alardee de ello. Estados Unidos parece que olvida sus raíces y apuesta por aquello contra lo que luchó. Y no exagero porque acaban de darle una medalla a la libertad a Galbraith el hombre de los controles de precios y de la animadversión a las multinacionales y a los inmigrantes “satisfechos” con el sistema yankee. C´est la vie.
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