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BASURA SELECTA

El triángulo de la Bermúdez

En las últimas semanas se ha puesto de moda distinguir la prensa del corazón según su día de publicación. Como bien sabrá el lector, las revistillas que salen el lunes dedican sus portadas a personajes plebeyos y advenedizos, como Tamara o Leonardo Dantés, mientras que las del jueves se decantan tradicionalmente por los personajes de la alta sociedad y las casas reales. Teniendo en cuenta sus contenidos, también se podría establecer una distinción según el color. Las que salen los jueves conservan el rosa clásico, mientras que las del lunes apuestan por un sensacional amarillo en su tonalidad más biliosa.

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De los personajes que ocupan las portadas de las modestas revistas amarillistas de los lunes, siento una extraña fascinación por Nuria Bermúdez, una señorita de portentoso perímetro pectoral (¿milagros de la silicona?) y labios carnosos (¿milagros del colágeno?) que saltó a la fama por una comentada proeza erótica (seis ayuntamientos carnales consumados) con el benemérito Antonio David Flores. Desde entonces, Nuria ha procurado buscar la luz de las cámaras de televisión y de los centelleos luminosos de los fotógrafos, para seguir manteniendo una popularidad que se ha sustentado en triángulos amorosos y desgastes hormonales.

Si el primer triángulo de la Bermúdez se constituyó gracias a la infeliz pareja formada por Antonio David y Rocío Carrasco, el segundo se materializó con la involuntaria complicidad de Marujita Diaz y su cubanito Dinio, no tan fértil como Antonio David pero mejor dotado, según se pudo comprobar en unas clásicas fotos de "paparazzis". Tanto Antonio David como Dinio fueron infieles y con su pecado consiguieron promocionar a la Bermúdez.

Como Pitágoras, Nuria Bermúdez ha revolucionado la teoría de los triángulos, aunque sea incapaz de formular un teorema. Los triángulos de la Bermúdez no son frías figuras geométricas, sino encarnadas y rijosas formas que recuerdan la geografía del vello púbico femenino. Es precisamente en esa región donde Nuria ha cabalgado sobre diversos alazanes briosos hasta alcanzar la fama. Debo precisar que este tipo de metáforas ecuestres no le disgustarían nada a nuestra amazona, puesto que Nuria ha reconocido en público que es famosa gracias a sus carreras en el concurrido hipódromo del sexo. No podía ser de otra manera, tratándose de una belleza tan equina.

Tras su dedicación a la geometría y la hípica, Nuria Bermúdez se centra en la escritura como colaboradora de la revista "Dígame", que dirige el piloso y estrábico Emilio Rodríguez Menéndez. Según cuenta Nuria, aprendió los fundamentos del periodismo en la revista de su colegio. Debemos suponer que fue una escuela suficiente y que no le hizo falta pasar por una Facultad de Ciencias de la Información, puesto que en la revista "Dígame" Nuria estampa su firma semanalmente en cuatro o cinco artículos. Con tanta dedicación a la escritura, sería lógico pensar que Nuria ya no tiene tiempo para seguir
desvelando los más íntimos detalles de sus amartelamientos ante las cámaras. Al contrario, su nueva faceta de columnista y consejera sexológica en "Dígame" le está sirviendo para asistir a los actos de presentación de la revista por diversas capitales de España. Aprovechando la presentación en Valencia, Nuria acudió al programa "Debat Obert" (Canal 9), que conduce Cristina Tárrega, y acabó cascándole en directo a la cantante valenciana Carmen Montenegro. Con ello, se comprueba que la Bermúdez no sólo es una chica casquivana o ligera de cascos, sino que también casca y con dureza.

Esperemos que la Bermúdez prosiga con su carrera periodística, pero que no descuide su faceta de famosilla que posa desnuda para las revistas de caballeros o comenta los secretos picantes de su alcoba en los programas de cotilleos. Aunque algún día pueda volver al anonimato, Nuria siempre será recordada por aquella declaración de principios cuando compareció por primera vez en "Tómbola": "No he venido aquí a hablar de mi trabajo. He venido a hablar de mi vida privada". Detrás de tanta sinceridad no sabemos bien si se oculta el cinismo más pérfido o la cándida ignorancia.
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