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EXPOSICIONES

El último José Caballero

La Residencia de Estudiantes acaba de inaugurar una exposición que recoge las últimas obras de José Caballero (Huelva, 1916 - Madrid, 1991) uno de los grandes pintores de la vanguardia histórica española y que desempeñó un papel muy importante junto al propio García Lorca.

Pablo Jimenez
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La exposición se centra en dibujos y pinturas de su última etapa lo que hace que presente materiales total y absolutamente inéditos. La vanguardia española de los años 20 y 30 en la que Caballero marca un punto obligado de referencia, ha tardado mucho tiempo en ser recuperada por la historiografía moderna española y los responsables de nuestros museos. El hecho de que marcara claras discrepancias con la vanguardia más ortodoxa de París hacía que la mayoría de las veces se contemplara como algo menor y de un interés puramente local.

Afortunadamente durante estos últimos años se han celebrado una serie de exposiciones que han abundado sobre lo que sin duda es un capítulo esencial de nuestra historia moderna del arte, pero, sin embargo, sigue sin considerarse la obra que siguieron produciendo estos artistas después de la guerra civil.

De este modo tendríamos una vanguardia local de fuerte personalidad que plantea, dentro siempre de los límites de la figuración, una extraña simbiosis entre modernidad y casticismo. Algo muy evidente en la obra del propio José Caballero que mezcla principios surrealistas con referencias al mundo religioso y barroco propiamente español.

Pero la crítica se ha mostrado siempre muy especialmente reticente a valorar la obra de estos mismos artistas tras la guerra civil. Así, artistas fundamentales como, por ejemplo, Benjamín Palencia, sin duda mucho más importante para la historia de la pintura española en los años 40 y 50 cuando despliega un magisterio que por mucho que se viera eclipsado, más adelante, por la irrupción del informalismo, no deja de ser decisivo, sólo se ha revisado en el Museo Reina Sofía su obra de los años 20 y 30.

Lo mismo ha ocurrido con José Caballero del que se conoce la obra anterior a la guerra civil y, sin embargo apenas se ha podido contemplar la que, en definitiva, marca la parte vitalmente más importante de su carrera. Porque si bien es cierto que esta última época del artista revela menor intensidad de inspiración e parece refugiarse en una abstracción a veces excesivamente retórica, ofrece, sin embargo, y como no podía ser menos en un pintor de aliento hondo, una serie de obras de gran belleza e intensidad.

Procedente de Huelva, Caballero llega a Madrid en 1931 y muy pronto inicia una decisiva amistad con García Lorca, Pablo Neruda y Alberti, a quienes conoce a través de las actividades de la Residencia de Estudiantes. De la mano de Lorca, con quien colabora en el Teatro Universitario “la Barraca” y en otros proyectos entre 1933 y 1936, Caballero se introduce en una peculiar visión de lo maravilloso, dentro del surrealismo, en la que el componente de la cultura vernácula tiene una especial relevancia.

Tras la guerra civil y en clima nada propicio para el desarrollo de las artes plásticas, José Caballero se dedica fundamentalmente a la escenografía teatral y cinematográfica. Actividad que ya había desempeñado con notable éxito en la archifamosa “Barraca” de García Lorca. Esta actividad la compagina con la ilustración para libros de poesía de Luis Rosales, Leopoldo Panero, Gerardo Diego, José Manuel Caballero Bonald y José Hierro.

A partir de 1950 vuelve a dedicarse intensamente a la pintura. Celebra su primera exposición individual en la Sala Clan de Madrid. Participa en el VIII Salón de los Once. Son años de triunfos ya que el Círculo de Escritores cinematográficos premia sus decorados para la película Parsifal. Es premiado también en la I Bienal Hispanoamericana que se celebra en Madrid y expone en la XXVI Bienal de Venecia y en la Exposición Internacional del Instituto Carneggie de Pittsburgh

En esta época abandona paulatinamente el surrealismo para aproximarse a la figuración lírica para un poco más tarde hacerse abstracta y matérica un poco como las corrientes internacionales marcaban.

Participa en numerosas exposiciones y certámenes internacionales, destacando la XXVII Bienal de Venecia, la III Bienal de Sao Paulo y la I Bienal de Arte del Mediterráneo de Alejandría. Asimismo participa en la III Bienal Hispanoamericana de Arte de Barcelona, en la que recibe el Gran Premio de Pintura. Continúa realizando decorados y montajes teatrales de obras, entre otros, de Manuel de Falla.

Entre la ilustración y el diseño de importantes decorados, junto con una pintura que se iba haciendo también algo más decorativa pero que mantuvo siempre una intensidad y una calidad irreprochables, transcurre la carrera de un artista dramático al que le tocó vivir en primera persona uno de los episodios más trágicos de nuestra historia reciente. Ahora la Residencia de Estudiantes que marcó para él un horizonte intelectual, estético y ético recupera para nosotros lo que fue la última vuelta de su camino.
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