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AL MICROSCOPIO

El universo anormal

Somos raros, muy raros. En ningún planeta de los que conocemos ha brotado una forma de vida inteligente con brazos y piernas como la humana. De hecho, en el único mundo del que tenemos constancia de presencia de vida (la Tierra) la mayor parte de los seres tienen forma de bacteria, protozoo o insecto. Aunque nos creemos de lo más normal, lo cierto es que los bichos raros somos nosotros.

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Aunque esto es lo de menos; seremos extraños pero, mientras nadie demuestre lo contrario, somos los únicos capaces de preguntarnos sobre la naturaleza de nuestro universo. E incluso de responder algo. Algunas de estas respuestas nos enfrentan, una vez más, a nuestra rareza. Por ejemplo la que acaban de dar unos científicos de Pennsylvania que han realizado la fotografía más precisa jamás lograda del cosmos. Y de su análisis se desprende que sólo el 5 por 100 de toda la materia espacial es “normal”, es decir, está fabricada con los mismos componentes químicos de los que están hechos los planetas, las estrellas, los gases interestelares, los pantalones vaqueros, las alcachofas y los cerebros.

¿Y qué diablos es, entonces, el otro 95 por 100 del cosmos? Sencillamente, un cóctel de elementos que no podemos detectar y que siguen formando parte de uno de los misterios insondables de la ciencia actual.

Los expertos han llegado a tan asombrosa conclusión tras estudiar detenidamente el espectro emanado de la radiación cósmica de fondo. Estas microondas están consideradas como el eco remanente de la explosión primordial del Big Bang. La emisión nos llega de una muralla prácticamente opaca de hidrógeno y otros elementos que se formó en el origen del cosmos y que desde entonces no ha dejado de expandirse delimitando nuestro universo observable.

Estudiando esta radiación se pueden inferir modelos sobre el modo en que se distribuyó la materia en los momentos posteriores al Big Bang. Y de estos modelos se deduce que la materia que hoy conocemos no pudo ocupar más que un 5 por 100 de toda la que se generó tras el estallido. El resto es un cúmulo de elementos llamado “materia oscura”.

Pero la ciencia, por definición, no se conforma con respuestas negativas. Dar por satisfactoria la constatación de que la mayor parte de nuestro mundo físico es un arcano parece más propio de los sistemas de creencias religiosos o del esoterismo que del método científico. Por eso, los investigadores (orgullosos de su inteligencia racional de taxonomistas) llegan a proponer una clasificación del oscuro mundo invisible. El 33 por 100 de la materia desconocida es lo que llaman “materia oscura fría”, es decir, un tipo de materia de movimiento lento que sólo puede ser detectada por su influencia gravitacional en los cuerpos que vemos. El 0.1 por ciento de esa cantidad pertenece a la categoría de materia oscura caliente, principalmente neutrinos.

Éstos son unas partículas elementales que carecen de carga y que traspasan al resto de la materia. Como no interactúan con ningún elemento conocido son prácticamente indetectables.

Queda aún un 61,9 por ciento del total de materia universal que no corresponde a ninguna familia determinada. Se la conoce como “energía oscura”, no puede ser detectada directamente pero se la intuye por el rastro gravitacional que deja en las galaxias y las estrellas.

Es verdaderamente estremecedor afrontar la realidad de que no sabemos ni siquiera de qué está hecho nuestro mundo. Pretendemos confeccionar teorías elevadas sobre nuestros orígenes y nuestros destinos, nos hacemos la ilusión de que miramos a las estrellas cada noche con conocimiento de causa, nos creemos capaces de controlar las leyes de la naturaleza, pero ni siquiera sabemos cómo son los cimientos de la casa que habitamos. La suela de nuestros zapatos, el hierro de la sangre, el nitrógeno que hace crecer a las lechugas, la amalgama que forja el ADN, la queratina de nuestras neuronas, son una excepción, forman parte de una minoría sin voz en el parlamento cósmico. No somos nada, nuestra cuota es el 5 por 100.
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