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MéXICO

Empresas “prioritarias y estratégicas”

Ser “rescatado” por el gobierno es un arraigado deporte nacional. Lo mismo lo ejercen empresas de aviación que bancos, ingenios azucareros o medios de comunicación, pescadores o productores de acero, artistas o campesinos.

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El día que papá deja de pagar por los errores o las aventuras de los hijos, estos dejan de ser “señoritos” y empiezan a ser hombres responsables. El día que el gobierno mexicano deje de rescatar a empresas y personas en problemas, con el pretexto de que se trata de actividades “prioritarias” o “estratégicas”, empezaremos a tener empresarios y una cultura de competencia.

El enésimo “rescate” a la industria azucarera, con cargo a los contribuyentes y en último término a todos los mexicanos, es una cuenta más del gigantesco rosario de “rescates” y subsidios que los gobiernos mexicanos –especialmente a partir de 1970– han construido. Un “rosario” que se ha convertido en una férrea cadena que impide el desarrollo del país.

El mecanismo es casi perfecto. Primer paso: Establecer la condición de que mi actividad (producir azúcar, volar aviones, prestar y captar dinero, dar clases, informar, crear “arte”, curar enfermedades, hacer televisión, pescar, comunicar a distancia, cultivar la tierra, generar energía) es “prioritaria” o, mejor aún, “estratégica” para el país.

Segundo paso: Obtener la patente correspondiente (concesión, permiso, autorización, reconocimiento gremial) de parte de las autoridades gubernamentales.

Tercer paso: Disfrutar las rentas de ese estatus privilegiado (utilidades elevadas, salarios por encima del promedio del mercado laboral, prestaciones generosas, inamovilidad por contrato) que pagan forzosamente consumidores y contribuyentes. Eventualmente, crear centros de utilidades (empresas proveedoras, por ejemplo) que recauden las rentas excedentes.

Cuarto paso: Defender vehementemente el estatus frente a las amenazas externas (competencia extranjera, gremios independientes, reclamos de los consumidores, escrutinio público) con “argumentos” cargados de emotividad: nacionalismo, defensa del empleo y todos aquellos que refuercen la condición estratégica y prioritaria.

Ejemplos: “El país se quedará sin azúcar”, “el país se quedará incomunicado”, “nos invadirán los odiosos extranjeros”, “los capitalistas de Nueva York van a decidir por nosotros”, “desaparecerá el arte nacional”, “sólo vamos a ver películas gringas”, “dejaríamos la información en manos de extranjeros”, etc.

Quinto paso: Exigir, cuando la terca realidad de los recursos escasos mal administrados se imponga, el consabido “rescate” por causas de interés nacional.

¿Quién gana? Obviamente, las personas y gremios beneficiados con el estatus de privilegio. Pero también los políticos que, generosamente, disponen de los recursos públicos para mantener el estatus de privilegio de los “prioritarios” y los “estratégicos”.

¿Quién pierde? Los consumidores y los contribuyentes que pagamos no sólo las rentas excesivas de los “prioritarios” y los “estratégicos” sino los sucesivos y variados “rescates” que decreta el gobierno. Estos rescates toman diversas modalidades: asunción de pasivos, préstamos con tasas subsidiadas o sin obligación efectiva de pago, expropiación temporal o definitiva de la empresa, subsidios directos, prohibiciones que impiden la competencia.

Esta cultura de “señoritos” rompe uno de los componentes clave del Estado de Derecho: la responsabilidad. No hay, para los beneficiarios, consecuencias adversas por sus actos y omisiones erróneos o inmorales. La empresa puede gastar más de lo que tiene o no pagar lo que debe; el trabajador puede cobrar sin producir o incurrir en corruptelas sin ser sancionado.

Es el país de los “señoritos” contra el país de las responsabilidades.

© AIPE

Ricardo Medina Macías, mexicano, es analista político.
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