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MéXICO

En busca de prosperidad

El siglo XX fue un completo fracaso para México. Lo comenzamos con grandes esperanzas que pronto se vieron frustradas. La Revolución probablemente fue inevitable dadas las condiciones políticas que existían. Don Porfirio Díaz nunca creyó que algún día él envejecería. Su grupo, los "jóvenes leones" del '84, también habían encanecido. La economía crecía y el país se modernizaba. Las fiestas del "Centenario" fueron fastuosas: México era como una bella quinceañera y todos lo felicitaban sin imaginar lo que vendría más tarde.

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La Revolución vino y se fue. Casi 20 años de guerra y destrucción. Mexicanos contra mexicanos. Un millón de muertos. ¡Una verdadera hecatombe! Entre 1910 y el año 2000, nuestra riqueza disminuyó relativamente a nuestros vecinos norteños. Hace 90 años, nuestro ingreso era 27 por ciento del de los estadounidenses. Hoy apenas es 10 por ciento. Mientras que Estados Unidos crecía, México se achicaba. Mientras Estados Unidos progresaba en un ambiente de oportunidades y libertad, aquí transitábamos de crisis en crisis. La "paz de los revolucionarios" nos costó mucho. Perdimos muchas oportunidades de acceder a la riqueza y al bienestar. En este país sólo la pobreza creció y creció y creció. Hoy casi siete de cada 10 mexicanos son pobres.

Los gobiernos, los malos gobiernos que tuvimos fueron el problema. Los mexicanos no somos ni mejores ni peores que muchos otros pueblos. Nuestra "raza" no es excepcional ni nuestros genes son especiales. La religión que profesa la mayoría del pueblo no es retrógrada ni causa de nuestro rezago. Italia y España, naciones católicas, son ejemplos de rápido desarrollo. Tampoco son la geografía ni nuestra cultura las responsables de que hayamos lastimosamente perdido el siglo pasado.

El ancho mundo se industrializó. Lo que comenzó en las islas británicas hace unos 250 años se expandió por todo el planeta. Estados Unidos fue tierra fértil para el desarrollo de la industria. Su Constitución, ejemplo de previsión y prudencia política fue la base para detonar el crecimiento económico acelerado. Un gobierno estrictamente limitado por la ley ofreció enormes oportunidades de progreso para todos sus ciudadanos. El esfuerzo de millones y millones de individuos libres generó la riqueza que hoy todo mundo envidia. No fue trabajo esclavo ni tampoco mal pagado. En el siglo XIX, los salarios estadounidenses eran ya superiores a los que había en Inglaterra y en Europa. La sociedad yanqui nunca vendió barato su trabajo. Su camino al desarrollo fue "generar alto valor" y cobrarlo. Sin duda una estrategia más inteligente que la de quienes aquí en México proponen que nuestra ventaja competitiva es "exportar trabajo barato".

Hoy la industria ya no es el motor del crecimiento. Mucho menos la agricultura. El mundo avanzado se encuentra ya a la mitad del ciclo de la "economía de la información" y nosotros todavía no hemos ni siquiera creado las condiciones adecuadas para beneficiarnos de la economía globalizada. Nuestra democracia es incipiente y sumamente frágil y nuestras leyes todavía son un gran obstáculo a la creatividad individual. Nuestro sistema financiero -el sistema nervioso central de las economías modernas- está en ruinas. La infraestructura del país es verdaderamente deplorable y la educación y la salud de la mayoría de los mexicanos no es la adecuada para generar un auge de riqueza. Estos son los resultados de 70 años de corrupción y desgobierno de los "revolucionarios" y sus descendientes.

Necesitamos desde ahora pensar en el futuro que queremos y comenzar a construir desde ya nuestras oportunidades. No podemos simplemente reaccionar a los cambios del ambiente. Esa es la receta perfecta del fracaso. Fue exactamente lo que hicimos durante casi todo nuestro "revolucionario" siglo XX. Hoy tenemos que pensar "en grande y a largo plazo". Todavía podemos aprovechar el auge de la "economía de la información" para generar riqueza y bienestar, pero debemos prepararnos para competir en la economía que viene después, la "economía del tiempo libre".

En los países avanzados, más de la mitad de la población se ocupa en la nueva economía. Su productividad individual está creciendo rápidamente. También sus ingresos disponibles y el tiempo libre. Para el año 2020, probablemente la mayoría de los individuos en los países ricos gocen de al menos cuatro días libres a la semana y unos 80.000 dólares al año para gastar, 30.000 de esos dólares en "entretenimiento". ¿Cómo va México a aprovechar esta bonanza que se nos viene encima? Sólo pensando en grande y a largo plazo podremos conquistar el futuro.

© AIPE

Roberto Blum es investigador del Centro de Investigación para el Desarrollo AC de México DF.
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