Menú
Con tu apoyo hay más Libertad
  • Sin Publicidad
  • Acceso a Ideas
  • La Ilustración Liberal
  • Eventos
EEUU

Es preciso que rebajemos los impuestos

Las brisas políticas en Washington han cambiado de manera dramática y la discusión ya no es sobre si debe haber una disminución de los impuestos sino de cuánto debe ser esta. La discusión de la rebaja es propiciada principalmente por las estimaciones de superávit, los cuales son de tal magnitud que hacen posible el pago de la deuda pública. La situación me recuerda un episodio histórico.

0
Davis Dewey, en su Historia financiera de Estados Unidos escribió: “En enero de 1835 se pagó la deuda nacional, la existencia de un superávit fiscal se hizo realidad... ¿qué se debería hacer?”

Cuando Andrew Jackson y Martin Van Buren ocuparon la presidencia, el problema del superávit fue “resuelto” aumentando los gastos. Parte de los nuevos gastos fueron a manos de los estados y parte se canalizó hacia obras públicas y a combatir a los indios en la Florida. No se redujeron los impuestos, a pesar de las sugerencias de rebajar los aranceles. La recesión de 1837 redujo las rentas gubernamentales que provenían principalmente de aranceles y de la venta de tierras nacionales.

La posibilidad de eliminar la deuda gubernamental no había sido tema de discusión en 165 años. Sin embargo, Alan Greenspan, presidente de la Reserva Federal, revivió el tema en su reciente testimonio ante el Congreso, con el cual deleitó a los republicanos y conmocionó a los demócratas al defender las rebajas de impuestos. Según Greenspan, reducir los impuestos es mejor que aumentar los gastos gubernamentales. Y claro que el problema creado por la disminución en los bonos de deuda gubernamental podría solucionarse permitiendo que el fondo fiduciario del Seguro Social compre otros papeles, incluyendo acciones de empresas. Esta opción sería menos preocupante políticamente si los fondos se tienen en cuentas personales en lugar de carteras manejadas por el gobierno.

Hay una serie de razones de peso para reducir los impuestos. Una reducción impositiva que sirva para aminorar las distorsiones provocadas por los impuestos estimularía la inversión y el crecimiento económico. Rebajar las tasas marginales del impuesto sobre la renta es especialmente atractivo porque ello aumenta los incentivos al trabajo, al ahorro y a la inversión. Otro buen argumento es que la reducción de impuestos le quita fondos a Washington y evita que el Congreso los gaste. Ese argumento fue captado por Ronald Reagan cuando en los años 80 insistió en la reducción del impuesto sobre la renta.

Para combatir la recesión, se debe cambiar el plan Bush y eliminar su gradualismo. De lo contrario, la perspectiva de futuras rebajas impositivas hace que la gente posponga sus ingresos. Este aspecto de la reforma impositiva de 1981 ha podido contribuir a la recesión de 1982. Otra idea paralela es hacer las rebajas retroactivas al 1 de enero del presente año. El método utilizado no importa mucho, siempre y cuando la gente no crea que la tasa marginal será más alta en 2001 que en años sucesivos.

Una consideración importante es la posibilidad de una recesión. Por más difícil que es predecirla, el crecimiento del último trimestre, el rendimiento de la bolsa y los patrones en las tasas de intereses pueden ayudarnos a predecir el crecimiento. Esto parece indicar que el crecimiento del PIB en 2001 apenas si será positivo. El crecimiento puede variar entre -1% y +2%. Sería por lo tanto razonable considerar una desaceleración o una posible recesión como parte de las discusiones de la rebaja impositiva, asumiendo que esta sería promulgada este verano.

La severidad de la desaceleración económica puede depender de la política de intereses de la Reserva Federal, lo cual también se puede predecir. La Reserva Federal responde a la inflación, a la actividad económica (especialmente a las condiciones del mercado laboral), a los patrones de intereses y a la bolsa. Sin embargo, la reciente rebaja de un punto en los intereses por parte de la Reserva Federal fue mayor de lo que la experiencia nos indicaba. En la actualidad, la experiencia nos indicaría que la nueva rebaja en la primavera será de sólo un cuarto de punto, quizá otro medio punto en abril y otro cuarto de punto en julio. Me preocuparía que una posición más agresiva por parte de la Reserva Federal se desviara de una política que ha sido tan exitosa desde mediados de los años 80.

En general, yo sería más optimista si el presidente Bush hubiese nombrado a un equipo económico más fuerte. Lawrence B. Lindsey es un economista sensato, con gran conocimiento del sistema impositivo, pero ¿dónde están los otros? Parece que se apoyan en Greenspan, quien se debe estar concentrando en política monetaria. Hace algún tiempo escribí una columna donde decía que los resultados económicos tienen poca relación con la experticia de los asesores económicos del gobierno. No hay duda que tal teoría va a ser puesta a prueba por la actual Casa Blanca.

© AIPE

Robert A. Barro es profesor de economía de la Universidad de Harvard y académico de Hoover Institution
0
comentarios

Servicios