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BASURA SELECTA

Exclusivas en urgencias

Hace unas cuantas semanas, Massiel sufrió un terrible accidente en el que estuvo a punto de perder la vida. La popular cantante se defenestró por la ventana de su dormitorio, situado en la segunda planta del chalet que tiene en la localidad madrileña de San Rafael, cuando intentaba cerrar las contraventanas. Nueve metros de caída libre, que no fueron más porque Massiel tuvo la suerte de dar con sus huesos sobre el balcón del primer piso. La actriz fue ingresada de urgencia en un hospital de Madrid con varios politraumatismos, conmoción cerebral y una aparatosa brecha en la frente.

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Tan desafortunado percance doméstico merece, sin duda, un breve en la sección de sociedad de los periódicos y un reportaje con foto en cada una de las revistas del corazón. Sin embargo, se me antoja excesivo el seguimiento informativo que ha desplegado la dinástica Hola! sobre un accidente más propio de las crónicas de sucesos. También me parece sorprendente que la magullada artista se prestara a fotografiarse en el lecho de dolor del hospital y a narrar su desgracia a los reporteros de la revista como si acabase de dar a luz. Durante su convalecencia hospitalaria, Massiel debió pensar que "no hay mal que por bien no venga" y por eso quiso rentabilizar su accidente en forma de exclusiva.

Acostumbrado a los suntuosos reportajes de bodas, bautizos, comuniones y funerales de Hola!, no dejó de sorprenderme que su portada estuviese ocupada por una foto a todo color de la convaleciente Massiel en camisón, acompañada por su hijo Aitor. Más patidifuso me quedé al ver las fotografías del reportaje central en las que Massiel enseñaba sus brechas de su cabeza y se arremangaba sin pudor el camisón para enseñar los terribles hematomas de sus piernas. Siempre he asociado este tipo de fotografías truculentas con reportajes de malos tratos en revista de vocación amarilla y no con la decorosa y amable estética de "glamour" de nuestra primera revista rosa. De seguir en esta línea, Hola! puede acabar ofreciéndonos las fotografías del postoperatorio de Yola
Berrocal, tras unos de sus habituales implantes de silicona.

No contenta con posar en su cama de hospital, Massiel convocó a la semana siguiente a los reporteros de Hola! en su chalet, para revivir su accidente como si se tratase de la reconstrucción de un crimen. El relato de la cantante recordando lo sucedido bien podría figurar en cualquier novela negra, si no fuese por el toque místico y sobrenatural de alguna de sus declaraciones: "Estoy convencida de que mi padre y una cruz suya ante la que siempre rezo me han hecho caer en el balcón y me han salvado la vida". Es preciso señalar que la intervención de su progenitor debió ser de carácter ultraterrenal al haber fallecido hace unos años. Massiel también estaba muy agradecida a San Miguel de los Reyes, que era el santo del día en el que sufrió el accidente, y a San Rafael, que es el patrón del pueblo en el que está situado su chalet. Si fuese una mujer desconfiada y con la devoción torcida, los dos santos bien podrían haber sido precisamente los causantes de su desgracia.

La tercera entrega de este culebrón en rigurosa en exclusiva para Hola! se desarrolló durante la solemne procesión de Nuestra Señora de Valverde en la población madrileña de Fuencarral. Insistiendo en su devoción, allí acudió Massiel para besar el manto de la Virgen, desfilar en renqueante romería junto a las mozas y mozos del pueblo, rezar ante el altar de la Patrona de Fuencarral en su ermita y recibir finalmente la Eucaristía. Quienes aún recuerden las antiguas veleidades progresistas de Massiel y su matrimonio con un dirigente del PSOE durante la transición democrática, no saldrán de su asombro al ver tan piadosa devoción, admisible en una de nuestras folclóricas más raciales pero desconcertante en quien fuera una chica progre y ye-yé.

Agotado el serial de la caída y la salvación milagrosa en las páginas de Hola!, Massiel acudió a Tómbola hace un par de semanas para volver a relatar su accidente ante los habituales cotillas en nómina, que se comportaron como especialistas en traumatología y peritos en accidentes domésticos. Como la enésima reconstrucción de su tragedia daba poco de sí, Massiel quiso justificar sus honorarios como invitada y se dedicó a despreciar los méritos artísticos de la inefable Tamara, la otra invitada de pago aquel día. Como la mejor defensa es un buen ataque, la reina de la laca acusó a su colega de cantar siempre bajo los efectos jubilosos de unas cuantas copillas. En el esperado cuerpo a cuerpo, las dos se comportaron como verduleras y subió la audiencia como la espuma de la cerveza a la que presumiblemente es tan adicta Massiel. Tal vez el espectáculo de la eurovisiva cantante no estuviese a la altura de su trayectoria artística, pero a buen seguro le habrá servido para costear radiografías y medicamentos. Si ha sido capaz de vender su salud por una exclusiva que no se queje luego cuando los periodistas de la prensa rosa se entrometan en sus amoríos.
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