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EL MUNDO DEL CóMIC

Fanhunter Saga: el declive

Por enésima vez, la exitosa serie de Cels Piñol, Fanhunter, empieza desde el número 1 y cambia de nombre: Fanhunter Saga es su nueva denominación. La excusa es, primero, el laaaaargo tiempo que pasó entre el Fanhunter #7 y este nuevo número y, segundo, el hecho de que la serie vuelve a ser publicada por Forum. Aunque, la verdad, no comprendo por qué se molesta el señor Piñol: el Fanhunter Saga #1 sigue la historia exactamente donde la dejó la serie anterior, como si el único cambio entre las dos colecciones fuera el título. Pero hay otro cambio, quizá el más importante de todos: la nueva serie está a todo color.

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Y es un coloreado muy bueno, casi sin errores de imprenta o de inserción de imágenes exteriores al dibujo (planos de la Tierra, fotos de monumentos, pantallas de videojuegos, etc.). Y la verdad, es bastante interesante ver (por fin) una serie española que no esté en blanco y negro.

Pero un buen coloreado no puede salvar una serie si ésta es mala, y los dos números aparecidos hasta ahora de Fanhunter Saga nos demuestran lo que se lleva notando desde hace tiempo: a Cels Piñol se le acaban las ideas. La premisa inicial de la serie incluso era interesante: Belit tiene gemelos, Konstantin se pierde en Australia, y el retorno del siempre carismático villano Alejo desencadena una serie de acontecimientos que culminarán en una nueva batalla de Montjuic. Pero nos encontramos con que no van a ser los fans los que disputen dicha batalla, ¡sino un ejército de magos, elfos, dragones y demás! Yo siempre he considerado que una de las grandes virtudes de la primera batalla de Montjuic era que planteaba la idea de que, si se juntan bajo un fin común, los fans letales, otakus, rolmasters y demás podían derrotar a cualquiera. Siempre recordaré a un amigo diciéndome, tras leer un cómic de Fanhunter: “tú y yo podríamos haber estado allí. Si viviéramos en ese mundo, tú y yo podríamos haber luchado allí, dejándonos la piel por los cómics”. Eso es, en mi opinión, lo que hace grande a Fanhunter, que los fans reaccionan como deberían. ¿Qué fan, si un régimen totalitario le prohibiera leer cómics, o jugar al rol, o escuchar su música favorita, o ver sus series preferidas, no se rebelaría contra dicho régimen? La mayoría iría corriendo a alistarse.

Y enterarnos ahora de que los que van a luchar por la preservación de la subcultura y la ciudad de Barnacity no van a ser los fans (que, al fin y al cabo, es la temática de Fanhunter), sino un ejército de criaturas salidas del Señor de los Anillos y Dungeons&Dragons, le quita al lector cualquier identificación con la serie.

Encima la cosa empeora. Los chistes (que en las antiguas series eran realmente brillantes), ahora son anodinos, predecibles, o simplemente malos a rabiar. La serie se limita a repetir los esquemas de etapas anteriores, pero sin ese humor tan inteligente que sólo los fans podíamos comprender (ya que estaba directamente relacionado con cómics o rol). Y por si fuera poco, al señor Piñol le entran unas ganas irreprimibles en el primer número de demostrar que es un hombre cultivado, y aprovecha una discusión entre dos enemigos para relatarnos una historia de la Guerra Civil que pega en cualquier sitio menos en un cómic de Fanhunter.

En definitiva, Fanhunter Saga despega con un nivel de calidad muy por debajo de lo esperado y puede dejar al lector de Fanhunter completamente desilusionado. De seguir así, lo único que tiene esta serie en perspectiva es el cierre por pérdida de lectores o por falta de ideas del autor. Más bien lo primero que lo segundo.
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