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CRóNICA SIMO 2000

Faraones y mamás

Lo primero que llama la atención al visitante es que los alrededores del parque ferial están completamente colapsados, incluso en un día dedicado a los profesionales, festivo en Madrid, y a una hora extraterrestre. Los puntocoms son madrugadores, y sus coches (cada uno viene al SIMO en su propio coche, a los chicos del banner no les gusta demasiado compartir) se disponen en hileras desordenadas a distancias abismales del recinto ferial. En pleno siglo XXI y todavía no hemos encontrado una solución para esto.

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En cierto sentido, los aledaños recuerdan a un mercadillo medieval, por lo caótico y carnavalero, porque todo el mundo te quiere vender el género y te vocifera mientras intentas esquivarlo (hoy con sonido digital de 3000 watios, en lugar del tradicional aullido de pescantina, aunque el efecto de vértigo y anestesia sea el mismo). Hay otra cosa que llama la atención: el inmenso globo pendular, que parece una pera malherida o en avanzado estado de descomposición, que Microsoft Network ha instalado frente a los pabellones. El globo se cimbrea en precario equilibrio, en acertada semejanza al conocido sistema operativo de la casa anunciante.

Los percheros desbordados, el sorprendente despliegue que PeopleCall ha instalado a la entrada para casi obligarte a que vayas a recoger tu PeoplePhone a su stand, y las mamás con los carritos de bebé, los chavales buperitos granujientos buscando ordenadores con Quake, los señores con aspecto de no haber visto en su vida un teclado más que en la calculadora de su tienda de ultramarinos... ¿dónde están los auténticos profesionales, en un día que tendría que ser sólo para ellos?

Este año, SIMO ha crecido más todavía. En la edición anterior, 711 expositores ocuparon 52.000 metros de feria, y este año son 800 puestos y 56.000 metros de tecnología y chucherías. El área de Informática de Entretenimiento, la gran novedad en la temporada 2000, ocupa 1.500 m2, y posiblemente el próximo año sea necesaria una feria separada para ello. Como era de esperar, los stands de las grandes marcas hasta duelen de lo grandes e imponentes que son. Telefónica, el gran monstruo azul, domina la mirada del visitante desde lo alto de su pedestal. Hay un mago con cara de buena persona haciendo truquitos con dos cuerdas que une y corta con sorprendente destreza, para convencernos de que contratemos RDSI ahora que nadie la quiere.

Más allá, el emplazamiento de Microsoft es extraordinariamente soso, construido con bloques de color negro que parecen invitarnos tal vez a piratear sus programas. Panda Software, gigante español que se ha hecho un hueco importante en el mercado mundial de los antivirus, presentaba sus nuevas soluciones de seguridad.

El rincón de Toshiba mostraba sus nuevos servidores Magnia para Internet, y los portátiles Protege, una auténtica delicia que almacena 12Gbs en menos de 2 kilos. El pabellón de BT, compartido con su ISP Arrakis, ha presentado una interesante oferta en ADSL (siglas de Ahora Desespera Sin Línea, como todo el mundo sabe), mientras que Creative nos ha hecho conocer su amplia oferta de equipos de imagen y sonido, ofreciendo en total 17 nuevos productos en esta feria.

Dentro del apartado de las grandes marcas tenemos que recordar especialmente el stand de Apple. Ni más ni menos que 1.600 m2 de derroche de imaginación, formas estilizadas, de artilugios ingeniosos y sumamente bellos, como son los Mac transparentes que nos vienen con pantalla ultraplana y panorámica, CPU sin disketera y embutida en un cubo diminuto que parece cualquier cosa menos un ordenador para trabajar.

Los portales también han tenido su momento de gloria. Navegalia o EresMas ciertamente correctos. Inicia, muy modesto, pero con clase. Ya.com absolutamente industrial, todo él andamios y música ensordecedora, con colores oscuros, azafatos siniestros, y estética en general un tanto trasnochada y pastillera. En medio de todo esto, IBM sorprendía al visitante con un barrilito de finito jerezano muy tradicional y un jamón que ofrecía gratis a quien quisiera degustarlo. Tecnología y tradición para un Mundo mestizo. IBM exhibía una vez más, como un bicho de feria, su software de dictado Via Voice, que cada año va ganando en inteligencia, si es que algo así se puede decir de un software. No nos olvidemos de IDG mostrando su poderío con un toro mecánico al que podías subirte previo registro de tus datos (la Información es Poder en la Red) .

Sin embargo, hay marcas pequeñas y de stands modestos que han sabido sorprendernos con su sencillez. Por ejemplo, lo que unos húngaros (¡!) han venido a enseñarnos a Madrid en vivo y en directo: Software de reconocimiento de cosas insólitas, como son matrículas o caras. La compañía se llama Hungary Dynawell, y el programa lector de matrículas es capaz de fichar en cuestión de milisegundos a cualquiera, lo cual a mi personalmente me suscita más miedo que placer o sorpresa, por las más que obvias connotaciones orwellianas que ello posee. No obstante, mi alivio fue mayúsculo cuando comprobé que el programa (que tiene el inesperado e hispano nombre de “Carmen”) intentaba descifrar una rejilla frontal de coche, y llegaba a la conclusión de que la matrícula era “11111”.

DMS, por su parte, ha mostrado una peculiar forma de integrar el Universo analógico con el estrictamente digital: ya hay en el mercado un reproductor de MP3 con forma y tamaño de una cassette, que puedes meter en el reproductor del coche para ir escuchando tus grabaciones de Internet en el buga del abuelo. Feliz unión de razas y culturas. Estamos en una década de transición, y eso se nota. Virtual Ink, una compañía especializada en digitalización de datos por medio de la caligrafía, tenía a disposición de los visitantes un caricaturista: al mismo tiempo que éste dibujaba el monigote en una pizarra, el dibujo iba apareciendo mágicamente en la pantalla del ordenador. D-Link, por su parte, convencidos de ser los mejores en conectividad, te ofrecían un masaje facial gratuito con el objeto, según ellos, de quitarte la arruga de la Red.

Drag Queens, monitores de plasma, pantallas gigantes, señores con acento sudamericano contando las excelencias de un programa de gestión empresarial, el reportero del Informal haciendo el mono, impresoras que harían palidecer a Gulliver, palms, móviles de última generación, Quake, empresas que se esfuerzan por no sucumbir peleando en su pequeño pedacito de mercado, realidad virtual, stands inexplicablemente faraónicos, mujeres dándole el biberón a sus niños, carne femenina al descubierto metiéndote folletos bajo la nariz, bakalao atronando por altavoces Bang & Olufsen, muchachitos sentados en el suelo compartiendo un bocata-tortilla, luces de discoteca, papeleras infestadas de panfletos arrugados, información-comercial, información-hamburguesa, información-basura...

Si alguien no sabe lo que es Internet, que vaya al SIMO y se pase allí cuatro horas, oliendo, leyendo, dejándose convencer, siendo vapuleado, toqueteado, tentado y arrastrado... Y luego, tendrá una vaga idea de lo que significa que el cerebro se niegue a seguir procesando ni un segundo más tanta información sin encontrar nada que realmente lo satisfaga al cien por cien. Un poco eso es Internet y un poco también es el SIMO.
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