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BASURA SELECTA

Gemio y figura

La audiencia es una afilada guillotina que no tiene reparos en cortar cabezas como la de Isabel Gemio, cuando los programas no alcanzan los índices previstos por las cadenas televisivas. Pese a su larga trayectoria en televisión y a su persistente presencia en las páginas de cotilleos, Isabel Gemio no ha conseguido mantener en la parrilla de la leal Antena 3 a "Noche y día" (su último programa de entrevistas humanas, fieramente humanas), porque los espectadores han preferido fisgonear en la disipada vida del monasterio de la orden del "Gran Hermano". Con tanta gente que asegura no ver a los enclaustrados de la Casa Milà, no entiendo por qué no se distraían un rato con las siempre lacrimógenas y entrañables entrevistas de la Gemio. Intuyo que el fracaso de la veterana presentadora se ha debido a una desafortunada elección cosmética: los dos mechones blancos en la frente de su nuevo peinado le conferían un inquietante parecido con Cruella de Vil (la pérfida raptora de los 101 dálmatas). Con semejante tocado, la Gemio podría presentar un maratón de terror adolescente en la propia Antena 3, pero no un programa de entrevistas destinadas al gran público.

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Cuando "Noche y día" inició su andadura en las noches del domingo, Isabel Gemio no tuvo inconveniente en conceder entrevistas y ocupar las portadas de la prensa del corazón, con el fin de promocionar su nuevo programa, aunque en reiteradas ocasiones haya manifestado su voluntad de mantener su vida privada al margen de las cámaras, las alcachofas y las grabadoras. En una mujer tan pudorosa y recatada con sus intimidades, resulta curioso que se preste a hablar de los suyos con sincero desparpajo, desnudando su alma y abriendo las compuertas de su corazón a las reporteras del Universo Rosa. Son las esclavitudes propias de presentar un programa estrella que necesita garantizar unos índices de audiencia a cualquier precio. Por eso, la Gemio ha tenido que hablar del primor con el que cuida a sus dos retoños y de la felicidad que le embarga cada vez que Nilo Casares (su esposo desde hace cuatro años) la achucha entre sus hercúleos brazos.

Como siempre ha mantenido un cierto barniz progresista y solidario, Isabel Gemio ha aprovechado en sus entrevistas para denunciar el trato vejatorio que han sufrido su marido y otros ciudadanos cubanos por parte de la propia prensa del corazón. Bien es sabido que en este país tan mal pensado generan dudas y sospechas los tórridos idilios entre famosa madura y mocetón isleño de ignoto curriculum vitae. Junto a Bibi Andersen y Marujita Díaz, Isabel Gemio pertenece a este club de señoras que se han dejado cautivar por la testosterona caribeña, aunque en su caso debemos precisar que la relación con Nilo está lo suficientemente consolidada como para constatar que se trata de verdadero amor y no de una aventurilla de verano con fines promocionales.

Pese al fracaso de "Noche y Día", Isabel Gemio no dejará de pertenecer a ese póker de damas del confesionario televisivo, del que también forman parte María Teresa Campos, Ana Rosa Quintana y Mercedes Milá. Cada una, sin embargo, tiene su propio estilo. En el caso de la Gemio, debemos hablar de su inclinación a descender como una estrella de musical por una escalinata de doscientos escalones para luego sentarse en un amplio sofá de diseño imposible y recibir con efusivos besos y abrazos a sus invitados. Son detalles escenográficos que marcan estilo. También ha marcado estilo su propensión a derramar lagrimas de cocodrilo con el relato de los gozos y las sombras de sus entrevistados, ya sea la temperamental Rocío Jurado o un cabrero enamorado de una de sus ovejas. Sus lacrimales son absolutamente democráticos y se activan con el directo y con cualquier confidencia de interés humano. Tampoco debemos olvidar su gusto por la impertinencia simpática y la pregunta que roza la indiscreción. Como María Teresa Campos, Isabel tiene un punto de cotilla parlanchina de peluquería de barrio. Cualidad que no comparten Mercedes Milá y Ana Rosa Quintana, mucho más distinguidas ellas, aunque no menos interesadas en indagar por los bajos fondos del alma humana.

No sabemos cuánto tardará Isabel en recuperarse del batacazo de "Día y Noche", pero es posible que vuelva dentro de un par de temporadas con la misma fórmula de programa de entrevistas sensibleras aunque con diferentes sofá y escalinata. De momento, haría bien en unificar el tinte de melena y prescindir de esos dos blancos mechones dalinianos.
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