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INGENIERíA GENéTICA

Genes elegidos para salvar una vida

Una pareja ha tenido un hijo cuyos genes fueron seleccionados con un doble propósito: conseguir un bebé sano, sin la enfermedad hereditaria presente en los genes de ambos progenitores; y que el bebé fuera compatible con su hermana, afectada por esta misma enfermedad, para la realización de un transplante que permitiera salvarle la vida. Varios embriones fueron fecundados in vitro; los embriones con los genes responsables de la enfermedad fueron descartados, y un embrión con la carga genética adecuada fue elegido e implantado artificialmente en el interior de su madre. El trasplante es indoloro para el bebé (se trata de células del cordón umbilical) y no le produce ningún daño físico ni psíquico.

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La capacidad de escoger embriones permite tener hijos sanos a parejas portadoras de genes responsables de enfermedades hereditarias. El principal problema ético de este método de reproducción asistida mediante ingeniería genética es la producción al azar de embriones defectuosos que son eliminados. Lo ideal sería poder elegir óvulos y espermatozoides sanos para no tener que producir embriones que posteriormente serán descartados. Pero con la tecnología actual es necesario permitir que el embrión se desarrolle parcialmente, que tenga unas pocas células para extraer una y realizar un diagnóstico genético de preimplantación, ya que la célula estudiada queda destruida por el procedimiento de análisis.

Amplios sectores de la sociedad actual muestran una profunda ignorancia y una histeria irracional frente a la ingeniería genética, quizás influidos por supersticiones religiosas y falacias igualitaristas. Carentes de conocimientos éticos adecuados, muchas personas pueden confundir sus propias reacciones emocionales de miedo o repugnancia con principios fundamentales, o bien limitarse a repetir de forma irreflexiva la doctrina señalada por sus líderes religiosos o políticos.

Jeffrey Kahn, director del centro de bioética de la Universidad de Minnesota, cree que "esto se está convirtiendo rápidamente en algo similar a comprar un coche y poder decidir el paquete de accesorios extra que quieres. Parece que pronto los padres exigirán embriones para tener hijos con rasgos determinados". Este individuo parece considerar que la reproducción humana debe seguir en manos del azar, que no es deseable que las personas tengan capacidad de control para poder escoger lo que desean, que la especie humana no tiene derecho a mejorarse a sí misma de forma consciente utilizando sus conocimientos científicos. Impedir las mejoras genéticas controladas no es precisamente un acto de solidaridad, ya que implica perjudicar a los más desfavorecidos, a aquellos cuyos genes son de peor calidad. Los que ya tienen buenos genes son quienes menos se beneficiarían de la ingeniería genética. ¿Prefiere usted que sus hijos sean resultado de la combinación aleatoria de sus genes y los de su pareja, algunos de los cuales pueden ser defectuosos o imperfectos, o tal vez le gustaría regalarles algunos rasgos que les permitan tener más éxitos y menos problemas en la vida y ser un poco más felices?

La ética de la libertad indica que toda acción es legítima si no existe una víctima de una agresión, y que nadie tiene derecho a obligar a otro a hacer algo por su supervivencia. El problema ético del tratamiento de embriones es muy interesante. Si el embrión no se considera un ser humano con derechos, sino sólo un conjunto de células, no hay ningún problema en manipularlo. Aunque el embrión sea un ser humano frágil y dependiente, tiene derecho a no ser agredido, pero no tiene derecho a exigir a nadie ser mantenido con vida. Además el tener los genes responsables de una grave enfermedad no augura una vida agradable.

La Iglesia Católica condena la motivación (tener un hijo para salvar la vida de otro) y el método de estos actos (la manipulación genética, la selección de embriones). ¿Es pecaminoso querer tener un hijo sano? ¿Es pecaminoso querer curar a una hija enferma? ¿Es pecaminoso querer tener un hijo sano que permita además curar a una hija enferma? El jesuita Eduardo López Azpitarte, teólogo y moralista, afirma que el ser humano es un fin en sí mismo, y no un medio para conseguir otra cosa (aunque esta sea buena en principio); que el ser humano nunca puede ser utilizado como un medio; que tener un hijo para salvar a otro es cosificar a un ser humano, buscando exclusivamente una dimensión utilitarista, y eso atenta contra la dignidad de la persona (aunque si los padres deseaban tener otro hijo, entonces es moralmente aceptable).

Aquello de que el ser humano es un fin en sí mismo y no un medio para conseguir otra cosa es una proposición muy solemne que parece tener mucho contenido ético, pero en realidad es una frase absurda y sin sentido. Los seres humanos actúan utilizando medios útiles disponibles para conseguir fines valorados. El fin es el objetivo de la acción, y no queda nada claro qué significa que el ser humano es un fin en sí mismo. Por otra parte los seres humanos, o algunos aspectos o habilidades de los mismos, son constantemente utilizados (de forma utilitarista) por otras personas para alcanzar sus metas particulares, y esto es perfectamente legítimo si las relaciones son voluntarias y consentidas, si ningún individuo agrede a otro.

Según la Congregación para la Doctrina de la Fe, intervenir en el patrimonio cromosómico y genético es atentar contra la dignidad, la integridad y la identidad del ser humano. Esto implica que sólo son morales los cambios accidentales en los genes, las mutaciones y las recombinaciones, que por otra parte son inevitables. Si al ser humano no le gusta su propia identidad, debe fastidiarse y no hacer nada por cambiarla, ya que esta parece ser sagrada; eso sí, preservará su dignidad, aunque no se sepa muy bien lo que este término etéreo pueda significar.

La verdad científica es que el patrimonio genético del ser humano no tiene nada de sagrado, sino que es resultado de un largo proceso evolutivo en el cual los cambios han sido producidos al azar, preservándose los genes adecuados a la supervivencia y eliminándose los no convenientes. La ingeniería genética, de forma aún muy limitada, permite comenzar a controlar voluntariamente el proceso evolutivo. La vida no es regalo de ningún dios, y los seres humanos no necesitan dar explicaciones ni pedir permiso a los presuntos representantes de la divinidad.
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