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GANDHI

Humano, demasiado humano

Hace ya más de cincuenta años que Gandhi murió asesinado por un extremista musulmán. Pero el paso del tiempo y una eficaz divulgación, sobre todo en los años 60 y 70, de sus doctrinas, —la "no-violencia", el "amor a la pobreza", la espiritualidad, el ecologismo (que entonces aún no se llamaba así), el vegetarianismo, el patriotismo hindú, la liberación de los parias, etc.— en un momento de crisis moral y de identidad de Occidente, han conseguido convertir a Gandhi, no ya en un mito —es uno de los personajes más biografiados de la Historia—, sino en una especie de santo laico, ejemplo de todo aquel que hoy en día aspire a ser considerado un "progre" políticamente correcto, comprometido con la justicia, la igualdad, el respeto a los derechos humanos, la ecología, el multiculturalismo y no sé cuántas cosas más. Los libros de texto que estudian nuestros jóvenes lo presentan como una especie de santo de los tiempos modernos, mártir por la independencia de su país del "brutal y racista" colonialismo occidental, espejo de virtudes y fuente inagotable de sabiduría y espiritualidad...

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Sin embargo, resulta muy fácil confundir la rareza sacra de, por ejemplo, un San Francisco —todos los santos han tenido siempre una punta de excéntricos— con las chifladuras de un ego agigantado y megalómano. Espero que estas líneas sirvan para ventilar con un poco de aire fresco los altares gandhianos, ya saturados de incienso.

Gandhi era ante todo, esto se olvida con frecuencia, un brahmán nacionalista, reaccionario y provinciano, esto es, un enemigo del progreso material y moral que la civilización occidental había introducido en la India de la mano de los ingleses y los portugueses. He aquí algunas sentencias suyas al respecto:

"Considero la escritura como un arte refinado. Arruinamos este arte imponiendo el alfabeto a los niños pequeños como el principio del aprendizaje". O sea, que si la caligrafía y el estilo no es perfecto, más vale no leer ni escribir nunca.

"Estimo que el hilado y el tejido [manual] son una parte esencial de cualquier sistema nacional de educación". ¡Qué gran error la Revolución Industrial y qué equivocado estaba Adam Smith con lo de la división del trabajo!.

"El objeto de la educación universitaria debería ser formar fieles servidores del pueblo que vivan y mueran por la libertad de la patria". ¡Viva Fichte, viva Hegel y viva el funcionario prusiano!.

"El cáncer [los usos occidentales] está tan arraigado en la sociedad que, en muchos casos, se entiende por educación nada más que el conocimiento del [idioma] inglés". Sustitúyase el inglés por el español, y muchos políticos nacionalistas de nuestro país suscribirían esta frase.

En cuanto a su metafísica:

"¿Qué es la verdad?. Es una difícil cuestión, pero yo la resuelvo diciendo que es lo que nuestra voz interior nos dice. Preguntaréis entonces cómo es posible que la gente pueda imaginar verdades diferentes y contradictorias. Pues bien, dado que la mente humana trabaja a través de innumerables medios y que la evolución de la mente no es la misma para todo el mundo, se deduce que lo que para uno puede ser verdadero, es falso para otro..." Claro hombre, cada uno tiene su verdad. ¿O deberíamos decir más bien opinión? ¡Qué manía tenemos los occidentales, desde Parménides, de distinguir entre verdad y opinión!.

El celebrado interés de Gandhi por la nutrición proviene de que tanto él como su madre padecían estreñimiento crónico. Gandhi estaba obsesionado por las funciones digestivas y evacuatorias. Esta preocupación se intensificó cuando estuvo en Londres y conoció los círculos vegetarianos. Cuenta Paul Johnson que la primera pregunta que dirigía Gandhi al numeroso grupo de devotas mujeres que le atendían en su famoso ashram o campamento religioso era "Hermanas, ¿han tenido esta mañana un buen movimiento intestinal?". Uno de sus libros favoritos era El estreñimiento y nuestra civilización, (el título en inglés es Constipation and our civilisation) que releía constantemente. Los "sencillos" gustos del maestro y sus innumerables colaboradoras dependían de los elevados subsidios de tres ricos comerciantes. Un miembro de su círculo dijo "Se necesita mucho dinero para mantener pobre a Gandhi".

Nuestro personaje sólo se apartó de la ortodoxia hindú en dos puntos significativos: la no violencia y el sistema de castas. En cuanto a la no violencia, sostenía que debía evitarse dar muerte a cualquier ser vivo para ganar mérito espiritual, algo parecido a lo que sostienen los budistas estrictos. Sin embargo, cuando se encontró con serpientes venenosas en Sudáfrica y con perros rabiosos en la India, redefinió el concepto y estableció el sacrificio animal "por razones humanitarias", como la "eutanasia" para los perros rabiosos. En cuanto al sistema de castas, jamás logró cohonestar la liberación de los parias con el hinduismo, para el que la reencarnación en niveles de existencia superiores o inferiores castas, son expresión del mérito o el demérito adquirido en vidas anteriores. Se limitó a decir que el hinduismo debía cambiar, pero no dijo cómo:

"Destruir el sistema de castas y adoptar el sistema social de Europa Occidental implica que los hindúes deben abandonar el principio de la ocupación hereditaria, que es el alma del sistema de castas. La herencia es un principio eterno. Cambiarlo es provocar el desorden". Platón, en La república opinaba algo parecido. ¿Será por la herencia común de los pueblos indoeuropeos?.

Probablemente para él, como para todo buen nacionalista, la conservación de las esencias culturales y religiosas de la patria, en oposición a lo extranjero, tenía preferencia sobre los derechos y el bienestar de los individuos.

Tampoco hay que confundir a Gandhi con un yogui o un asceta hindú. Si bien es verdad que siguió varios regímenes ascéticos, como por ejemplo el bramacharya (celibato), su propósito era reunir fuerzas para la acción en el mundo más que ganar mérito espiritual.

De igual modo, sería un error ver en la no violencia gandhiana una forma de mansedumbre cristiana. El reino de Gandhi era de este mundo. Él quería la independencia de la India, no el martirio. Es verdad que fabricó sal, quemó prendas confeccionadas, lideró boicots y fue encarcelado, pero se guardó de que lo devoraran los leones.

Es otro error identificar la no violencia gandhiana con el pacifismo. Gandhi no creía que hubiera que poner la otra mejilla en toda ocasión. Había que resistir al mal, si era posible, de forma no violenta, aunque era preferible emplear la violencia antes que quedarse inerme. Gandhi acuñó el término "resistencia pasiva" en su protesta sudafricana, aunque pronto lo sustituyó por el término satyagraha o "poder del espíritu". Para Gandhi, la resistencia pasiva era un arma de los débiles, a la cual había que recurrir instrumentalmente (no por principio), cuando la violencia era muy costosa o imposible de emplear, su sucesor y discípulo, Nehru, no vaciló en emplearla contra los musulmanes cuando llegó al poder. Cuando Gandhi reflexionó sobre las huelgas de hambre de las sufragistas inglesas y los independentistas irlandeses, descubrió un elemento coactivo en las protestas que las hacía asemejarse a la resistencia violenta. En otras palabras, los resistentes pasivos ejercían la no violencia para extraer concesiones de sus enemigos. En palabras de Gandhi, el objetivo de la resistencia pasiva en la India era sufrir sin recurrir a la violencia para hacerse acreedores de la confianza y el respeto de sus oponentes.

También se equivocaría quien quisiera ver en Gandhi a un anarquista o un libertario. La desobediencia civil contra el estado, tal y como la entendían por ejemplo Thoureau y Spooner, dependía exclusivamente de actos individuales. Ellos sospechaban de la acción en masa, porque en una masa no todos comparten las mismas convicciones y muchos podrían estar coaccionados. Las atrocidades del s. XX, entre las que hay que incluir las masacres posteriores a la descolonización de la India, corroborarían ampliamente sus sospechas.

Finalmente, Gandhi fue un político exótico que, como planta de invernadero, no hubiera podido desarrollarse sin una serie de requisitos medioambientales, algo que pone en entredicho el mito del "brutal" colonialismo inglés. Como dijo Orwell:

"No era tanto que los británicos le dispensaran una suerte de trato protector, como que él [Gandhi] siempre conseguía atraer publicidad... Es difícil advertir cómo habrían podido aplicarse los métodos de Gandhi en un país donde los opositores al régimen desaparecen en medio de la noche y nunca se sabe nada más de ellos. Sin una prensa libre y el derecho de reunión, es imposible no sólo apelar a la opinión extrajera, sino promover el nacimiento de un movimiento de masas... ¿Acaso hay un Gandhi ahora en Rusia?".
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