Menú
Con tu apoyo hay más Libertad
  • Sin Publicidad
  • Acceso a Ideas
  • La Ilustración Liberal
  • Eventos
FUEGO AMIGO

Japón, ejemplo doble

No es la nación ni el pueblo lo que aquí se denomina ejemplar. Se trata de una estructura social determinada: la de la enseñanza. Tampoco se trata del modelo de enseñanza japonés, de lo que se hablará aquí es de la política de la enseñanza. La historia de la enseñanza en Japón en los últimos ciento cincuenta años nos ofrece dos ejemplos; uno a seguir y otro a rehuir.

0
La característica japonesa entre las naciones desarrolladas, su particularidad, reside en que su sistema científico y técnico, en el cual se basa su industria, ha sido importado. Hasta el principio de la era Meiji, en 1868, la ciencia en Japón era china. Es en ese momento que se comienza a importar conocimientos científicos e industriales occidentales. Antes de la era Meiji y durante dos siglos se había implantado un sistema educativo general y se habían formado profesores e ingenieros, con ciencia china, en un número importante. Esta base humana fue la que permitió la asimilación rápida de los saberes occidentales. No hay que olvidar que enviaron muchos estudiantes para formarse en el mundo occidental. Esta masa de personas formadas es lo que permitió la integración de los saberes occidentales.

Otros países han intentado imitar al Japón importando tecnologías y han fracasado, a pesar de importar técnicos, por la falta de autóctonos formados adecuadamente. Es que las tecnologías son un producto humano muy delicado y se suelen agostar cuando se les separa del "humus" humano que las vio nacer.

Los japoneses comprendieron que con las técnicas había que importar las ciencias puras, que se encuentran en su base. De este modo se creó la universidad de Tokio en 1877, que reorganizada en 1886 se llamó Universidad Imperial. Las guerras contra China y contra Rusia mostraron la potencia adquirida con las nuevas técnicas y por ello surgen nuevas universidades, la de Kioto en 1897 y las de Tohoku y Kiushu en 1911. El resultado es el crecimiento en potencia del Japón hasta la segunda guerra mundial. La derrota trae consigo, paradójicamente, un nuevo fortalecimiento científico e industrial. Y así se llega al gran auge del Japón en las técnicas de punta, que le hace ocupar el segundo puesto mundial.

La crisis llega en los años 90. Las causas son múltiples y no solo internas, pero entre estas últimas hay una que ha sido muy importante. En el mundo actual el lema es "innovar o morir" Y la innovación pasa por los laboratorios de investigación industrial y científicos. En Japón lo saben muy bien y por eso existen entre los laboratorios de la industria unas relaciones muy estrechas con los laboratorios de las universidades. En muchos casos son los ingenieros salidos de la cátedra los que establecen los contactos con los profesores.

La estructura del sistema universitario japonés hace que las facultades estén constituidas por kôzas, unidades formadas por un profesor, un profesor adjunto y dos profesores auxiliares. Cada kôza recibe los créditos de investigación y de enseñanza, las tensiones entre kôzas eran tal que para atenuarlas fue necesario llegar a un sistema sumamente rígido. Nuevas tecnologías requieren nuevas kôzas, lo que dado los limites de los créditos, no es posible implantar sin romper el equilibrio del sistema. Otro punto grave es que cada universidad solo recluta entre sus propios diplomados. A esto hay que indicar que muchas kôzas se ocupan de temas obsoletos.

El sistema que funcionaba bien, llegó un momento que se atasco en la base, en la fuente de los saberes, y este frenado repercutió en la innovación industrial, lo que acentuó la crisis.

Japón, doble ejemplo. Primero, para importar tecnología, con éxito, hace falta tener mano de obra muy bien formada. Y segundo, una universidad esclerótica, rígida y endogámica es lo más adecuado para hundir un país prospero.
0
comentarios

Servicios

  • Inversión
  • Seminario web
  • Podimo
  • Tienda LD