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CRóNICAS COSMOPOLITAS

Juan Goytisolo oculta el Mediterráneo

No hace mucho, Juan Goytisolo publicó un artículo que tiene cierto interés (“Vamos a menos”. El País, 01-1-2001). La cosa es tan poco frecuente que vale la pena señalarla. Comienza irritándose por que se le ha otorgado el Cervantes a tan mediocre escritor como es Francisco Umbral. Como ya escribí aquí mismo algo parecido, no voy a contradecirme. Ocurre que mientras tanto las “panzerdivisiones” del imperio Polanco, y como siempre siguiéndole los pasos el PSOE, lo convierte en asunto de Estado y arremete contra el fallo, Umbral y la ministra Pilar del Castillo. Como son prepotentes y hacen y deshacen jueces y se vanaglorian de ello ¿por qué no van a creer que son capaces de hacer y deshacer premios literarios?. Mi postura en este sentido es bien sencilla: sin ataduras, salvo las del proletario obligado a currar, sigo considerando a Umbral como un escritor mediocre y cursi, pero los ataques del capitalista imperio y de su servidor “obrero” me parecen perfectamente indecentes.

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Una vez más la moraleja es evidente: ¡que se vaya de la Cultura el Ministerio!. Que se supriman todas las subvenciones, premios, mordidas estatales para la creación artística y, de un mismo gesto tan elegante como eficaz, que se supriman los impuestos a la creación artística. Hay que liberar la cultura del control burocrático-estatal que produce monstruos y los repetidos mini escándalos como en la Feria de París, de Guadalajara, en este y otros premios; sólo son manifestaciones harto-floclóricas de una situación podrida. Claro, el Gobierno no estaría de acuerdo, se cree que una Cultura estatal le da prestigio. Pues una Cultura estatal es una cultura sometida y eso no da prestigio.

Pero Goytisolo ni siquiera alude a este aspecto de la cuestión, en cambio se indigna por que Umbral se presenta como escritor de izquierdas y le acusa de no haber colaborado a Nuestras Ideas o a Cuadernos de Ruedo Ibérico y en cambio a La Gaceta Literaria. Yo no escribí en La Gaceta, ni la recuerdo, pero sí escribí en las otras dos revistas y puedo declarar tranquilamente que eran pésimas. Antifranquistas, desde luego. La primera comunista, la segunda más caótica y por ello, a veces, más interesante, pero pésima. Y como el artículo de Goytisolo está fundamentalmente centrado en cuestiones culturales y en la crítica literaria, las revistas que cita como ejemplos no pueden competir en ese aspecto con las “franquistas” Índice e Ínsula, pongamos.

Para osar criticar a “Babelia” y a las páginas culturales de “El País”, Goytisolo comienza haciendo el panegírico de este diario, uno de los más importantes del mundo, dice, objetivo, bien informado, inteligente, etcétera y etcétera, salvo en literatura. Puede que le tenga hincha a Narguindey porque no ha cumplido pero sí todo lo que escribe sobre las páginas culturales es totalmente cierto, lo mismo ocurre con el resto del periódico. Salvo ciertas firmas de prestigiosos colaboradores, españoles o no, que escriben en “El País” porque paga más o por lo que sea, todas las secciones de la redacción adolecen del mismo espíritu mafioso-comercial, políticamente correcto, que las páginas de Cultura. Lo que ocurre, evidentemente, es que los intereses capitalistas de la casa Polanco están menos íntimamente relacionados con las corresponsalías sobre la situación en Indonesia, pongamos, que con los libros ya que venden libros y no venden Indonesia. Pero eso es todo.

Si denuncian el mercantilismo, el toma y daca, los productos artificialmente mediatizados, la masificación de la mediocridad, el “hipo de la moda”, citando a Antonio Saura, todo ello muy cierto, se olvida en cambio (¿se olvida?) que la moda es de “izquierdas”, que la bazofia social-burócrata domina todas las páginas de Política como de Cultura de “El País”. Y esto no ocurre sólo en El País. No se concibe hoy que el actual Gobierno de derechas, según Umbral, como Goytisolo y bastantes más, conceda un premio “cultural” a alguien que no sea “de izquierdas”. Tanto es así que en sus estrepitosas declaraciones de autobombo, Umbral tuvo la grosería de atacar al precedente galardonado, Jorge Edwars, no porque escribiera mal sino porque era “pinochetista”. De derechas, vaya. Y Jorge cayó en la trampa y en vez de defender la literatura se dio la molestia de explicar largo y seguido que no había sido nunca pinochetista, ¿pero qué tiene ver?. Pues desgraciadamente, todo, ya que en España, los de “derechas” no tienen derecho a premios.

Cuidado, yo a Jorge lo aprecio, ¡puño!, como decía el enano en “Nazarín”, lo aprecio como escritor y como persona y no sólo porque ha arriesgado mucho más, supongo, en Cuba como en Chile de lo que jamás ha arriesgado don bufanda, pero esta es otra historia que no tiene esa burocrática relación con la literatura.

Juan Goytisolo tiene, ¡no faltaba más!, perfecto derecho a compartir las nostalgias totalitarias de Pilar Bonet ayer en Rusia, hoy en Alemania, pero resulta que Bonet miente, por ejemplo, cuando afirmaba que la inmensa, ¡inmensa! mayoría de los rusos comparte su nostalgia. Goytisolo tiene perfecto derecho a compartir asimismo el antiimperialismo yanki “light” de “El País” pero resulta que su corresponsal Javier Valenzuela miente. Un solo ejemplo: hace un par de años tuvo lugar en USA un intento de rehabilitación de los esposos Rosenberg ante los tribunales. A la vista de esta revisión fallida “El País” titulaba: “Los Rosenberg inocentes”. Mientras que el mismo día, su hermano político francés, por así decirlo “Le Monde” titulaba: “Los Rosenberg culpables”. Podría multiplicar los ejemplos.

Admitamos que toda la prensa miente o, en todo caso, saca lo que más le conviene de la actualidad. Pero el caso de “El País” se merece no sólo el Cervantes sino también el Nobel de la mentira. Porque si aquello a lo que alude Goytisolo, “si me citas te cito, si me alabas te alabo, si me lees te leo”, existe en cierta prensa desde Balzac, por lo menos, lo que jamás ha existido en España es una potencia mortífera semejante al imperio Polanco. Y este es posible, repito, aparte de la habilidad indiscutible de los empresarios tan indiscutible como su amoralidad y su soberbia porque la peculiaridad de los tiempos modernos permite utilizar al mismo tiempo la prepotencia capitalista, la piratería empresarial y la “ideología de izquierdas”. Este “melting pot” constituye un fenómeno nuevo que sólo es posible porque esa bazofia que se califica de “izquierdas” está a la moda, domina por doquier.

Cuando tuvieron un conflicto en sus intereses más ramplonamente comerciales (el fútbol por televisión) lanzaron su campaña de “izquierdas” de “acoso a El País” y firmaron todos, todos y el mundo entero, salvo Mario Vargas Llosa, pese a colaborar en el diario y ser publicado por sus editoriales y pese a las amenazas se negó a firmar, tan evidente era la mentira. No se trataba de censura sino de pelas. Pues fue el único a negarse. ¡Albricias mil, Mario!. Últimamente, y voy con pies de plomo porque es asunto mucho más grave que la servidumbre de los críticos literarios, últimamente pues, uno de sus colaboradores escapó milagrosamente y, ¡menos mal!, a un atentado criminal de ETA, las redes “kominformianas” del imperio se pusieron en marcha e infinidad de periódicos del mundo se sumaron a la protesta contra ETA, como jamás lo habían hecho con motivo de otros atentados igual de criminales, pero mortales ellos.

Y ¿para qué hablar del “caso Liaño”?. Da asco tener que recordar que indulto significa algo así como “el perdón de los pecados”. Pues Liaño no ha pecado y encima le insultan a diario dedicando páginas y más páginas infames porque el Gobierno ha querido reparar una injusticia. No se trata de eso, claro, se trata de que Liaño se atrevió a indagar en los negocios sucios del sacrosanto imperio Polanco. Y eso sí que es pecado mortal para esa mafia.

Esa “exigencia moral y estética insobornable” que buscas en el escritor y debería resaltar la crítica no se encuentra, Juan, ni en las páginas literarias ni en las políticas del “El País”, el periódico más obsceno éticamente y el más leído de España, ¿por qué será?.
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