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DEMOCRACIA AMENAZADA

La arrogancia de Hollywood

Una vez, Georges Clemenceau, aquel fiero político francés a quien llamaban “El Tigre”, perdió una elección y salió de su oficina exhalando humo. Uno de los periodistas que lo asediaron le comentó que no había motivos para tal indignación, que así era la democracia. El Tigre agitó en el aire su bastón y respondió iracundo: "¡No ve Ud., idiota, que así no puede funcionar la democracia, ocho millones de imbéciles de un lado y yo del otro, estamos perdidos!".

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Esa creencia en la superioridad personal sobre la colectiva, ese desdén hacia "el pueblo", o hacia las "masas", está enraizada en la mente de los aspirantes a caudillos que aún pululan en los países no desarrollados. De ahí que la ira de Clemenceau me recuerde aquella irónica y aleccionadora anécdota que me narró hace años el gran Germán Arciniegas. Pasaba él por Lima, cuando unos cuantos oficiales del gobierno militar que en aquel momento regía al Perú lo invitaron a conversar. Al rato, el vocero del grupo le dijo con una honesta convicción: "Don Germán, aunque Ud. no lo crea, nosotros queremos que la democracia se asiente en el país. El problema es que cada vez que celebramos elecciones las perdemos. Y así, como Ud. comprenderá, así no se puede comenzar".

Claro que en la mayor parte de Europa, ese tipo de caudillismo visible y brutal que provocó la Segunda Guerra Mundial no existe ya; sus últimos representantes fueron barridos en Yugoslavia hace unos días. Pero eso no quiere decir que en una sociedad donde, como afirma Jacques Barzum, el nivel técnico sigue subiendo y el nivel ético sigue bajando; donde ni aún las estrellas deportivas, antaño modelos de la juventud, sirven hoy de ejemplo, los partidarios de un solo tipo de democracia, el que ellos controlen, tienen más sutiles métodos de actuar.

Uno de los más amenazantes factores en esa situación es ver el poder de la prensa y de Hollywood desplegarse a favor, no de una ideología de izquierda, sino en apoyo de sus candidatos favoritos, cuya debilidad les incrementa su dependencia de la elite del poder. El silencio de la mayor parte de la prensa ante las "exageraciones" de Gore, bien conocidas desde su primera campaña, alentó el decir que la prensa actual pasó de dar noticias a crear noticias; de informar, a formar, o a deformar, la importancia de los sucesos.

Fijémonos en las más o menos recientes declaraciones del famoso director de cine Robert Altman sobre la candidatura de George Bush. El famoso creador de Mash, afirmó solemnemente, apoyado por otras luminarias, que si Bush salía electo se iba a vivir a Europa. El tono burlón se esfuma cuando se cae en la cuenta de que ese director tiene, no la misma capacidad de actuar, pero sí el mismo desprecio por el pueblo que abrigaban Clemenceau y los aprendices a caudillos del Tercer Mundo. Porque lo que realmente significa la frase es: "Si el pueblo es tan imbécil como para no elegir a mi candidato, le doy la espalda y me voy a vivir a Europa".

Al menos Clemenceau se quedó en Francia luchando por sus principios. Pero lo notable es que esas palabras de Altman cargan una azorante dosis de arrogancia que ostenta la mayoría de los que han tenido éxito en Hollywood. Al señor Altman no se le ocurre pensar que este gran pueblo, que tantas dificultades ha superado, puede sobrevivir su ausencia y la de sus amigos.

Por otro lado, notemos lo que está ocurriendo con The Contenders, la nueva película sobre la lucha política en unas elecciones presidenciales, producida por impresionantes nombres: Steven Spielberg, David Geffen y Jeffrey Katzenberg. Mientras los comentarios aplauden el talento de los creadores fílmicos, el actor de la película, Gary Oldman, republicano y conservador, acusó públicamente a los productores de cortar escenas y añadir frases para que la película se convirtiera en una estampa de la estupidez del candidato republicano y la nobleza del demócrata. Estrenada a unas semanas de las verdaderas elecciones.

Douglas Urbanski, el agente de Gary Oldman, quien protestó contra esos cambios, afirma que con productores como ésos, no se puede filmar una película medio objetiva o algo balanceada. El único producto que se lanza sobre el público es la ineptitud de los conservadores y los republicanos. "Esta película", concluyó Oldman, "es una pieza de propaganda al estilo de las que producía Joseph Goebbels, el ministro de Propaganda de Hitler ".

El asunto es grave. Se trata de un desbalance social creado por los que tienen el poder de mostrarle al pueblo americano una sola faz de la justicia y la democracia. Con todo ese talento de su lado, piensan ellos, es imposible no vencer. De ahí que si ganan los imbéciles, esa dorada elite de poder y de talento se vayan a sufrir el exilio en París.

© AIPE
www.aipenet.com

El cubano Luis Aguilar León es historiador y periodista y escribe desde Miami.
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