Menú
Con tu apoyo hay más Libertad
  • Sin Publicidad
  • Acceso a Ideas
  • La Ilustración Liberal
  • Eventos
AL MICROSCOPIO

La ciencia posnormal

Con el río científico revuelto entre vacas locas, uranios empobrecidos, submarinos birriosos y planes de trasvases de aguas, poco tiempo le queda a las mentes pensantes para dedicarse a idear estrategias de proyección futura.

0
Bastante tienen los físicos, biólogos y veterinarios con tratar de explicarse al hilo de la actualidad como para echar la vista un par de años hacia delante. Pero algunos, osados, lo han hecho. Y su propuesta caerá tarde o temprano como una bomba en los corrillos de los guardianes del método. Una controvertida corriente de pensamiento propone ahora, aprovechando la embestida del desconcierto, la necesidad de construir una ciencia posnormal.

Su argumento es el siguiente: nuestro tiempo plantea unos desafíos novedosos que la ciencia normal, la basada en el método clásico de la parsimonia y la duda, no puede atender. La naturaleza de nuestro mundo es una fuente de constantes incertidumbres (algo muy propio del pensamiento científico), pero la sociedad exige medidas, resoluciones, implicaciones y estrategias con urgencia. Queremos saber si es bueno o no consumir productos transgénicos, qué partes de la vaca son seguras, cuánta radiación puede escaparse del Tireless y por qué es más importante proteger el hábitat de una familia de buitres negros que construir una central térmica en la zona. Lo malo es que los científicos, sujetos a la validación de datos y a la refutabilidad de sus teorías, no están en condiciones de ofrecer esas respuestas con la rapidez que se les reclama.

Los defensores de la ciencia posnormal proponen introducir la urgencia y la incertidumbre en el método científico. Ante los acontecimientos relacionados con la ciencia que a todos nos atribulan estos días sólo cabe una constatación y, por cierto, nada aliviadora. Nadie puede saber a ciencia cierta cuál es el umbral seguro de radiación nuclear que una persona puede recibir, porque no existen experimentos de laboratorio con humanos (¡gracias a Dios!). No sabemos a ciencia cierta cómo afectará a la calidad de la carne de las vacas que éstas sean alimentadas con piensos transgénicos. El alcance de las manipulaciones genéticas es todavía un arcano para los biotecnólogos. Por primer vez en la historia la ciencia se desplaza hacia lo que igual podría ser un callejón sin salida que una ventana abierta al conocimiento pleno. El optimismo del progreso tecnológico con el que se inauguró el siglo XX se ha convertido en escepticismo incierto en el comienzo del XXI. Sólo hay una certeza: cualquier desenlace es posible.

No es exactamente un panorama pesimista: nace de la constatación de que la ciencia avanza y en su devenir implica cada vez más al hombre. La mecánica de Newton no conmovía al ciudadano de a pie; la secuencia completa del genoma humano sí. Lo malo es que el ciudadano no sabe si esta conmoción le agrada o le espanta.

La propuesta de una ciencia posnormal (posterior a la ciencia normal aplicada y básica) nace de la idea de que ningún sistema cultural es capaz de anticiparse a sus propias preguntas. Y por lo tanto, no puede dotar de todas las respuesta. Pretende pues incorporar la incertidumbre como pieza clave del método, reconocer la limitación supina de la ciencia para el conocimiento global de los problemas y potenciar la toma de decisiones desde el sentido común no necesariamente científico. Es esta línea, el principio de precaución se convierte en cúspide del método. El discurso sería: no sabemos al 100 por 100 por qué comer carne de vaca loca es peligroso, por eso dejamos de comerla, en lugar del tradicional y aséptico como no conocemos al dedillo todos los mecanismos infecciosos del prión no podemos dictaminar nada taxativo sobre el peligro de comer carne de vaca loca.

En definitiva, la ciencia posnormal es una ciencia transparente, basada en la mejora de los mecanismos de información y orientada a la toma de decisiones, y no una ciencia propensa a la jerga y orientada a la descripción de procesos. El problema es que resulta muy dudoso que la ciencia posnormal sea ciencia. Más bien sus defensores brujulean en el peligroso límite de la pseudociencia, cuando no en los mismísimos predios de la anticiencia. La propuesta posnormal es mucho más popular, multicultural y políticamente correcta. Pero es que nadie dijo nunca que la ciencia deba ser democrática. Si se hubiera realizado un referéndum sobre astronomía entre la población de la Europa de Galileo hoy tendríamos que aceptar que el Sol gira alrededor de la Tierra.

En los casos de las vacas locas, el Tireless o el Plan Hidrológico Nacional, correríamos el mismo riesgo si pretendiéramos que la ciencia tomara decisiones urgida por la opinión pública. Lo malo es que los científicos “normales” han perdido parte de su voz en la sociedad. Se han escondido demasiado en el caminar lento y seguro del método tradicional. Y eso lo aprovechan los otros, los posnormales, para vender lo que llaman “ciencia para la gente”. Habrá que permanecer atentos para que lo que se antoja una provocación enriquecedora no acabe siendo una patraña ni normal, ni posnormal: simplemente paranormal.
0
comentarios

Servicios

  • Inversión
  • Seminario web
  • Podimo
  • Tienda LD