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AL MICROSCOPIO

La infancia del cosmos

A los físicos, las fronteras del espacio les parecen pequeñas. Conocido el aspecto real del universo gracias a las nuevas tecnologías de observación, al escrutinio de las mil caras del cosmos representadas en sus diferentes emisiones electromagnéticas (desde la luz visible a los rayos X o las ondas de radio), cualquier rincón del espacio nos parecerá familiar. Tenemos la fotografía de los destinos más lejanos que el ser humano pueda soñar con visitar. La exploración deja de ser una aventura: como si Colón hubiera podido ver documentales sobre las poblaciones indígenas americanas antes de partir en su primer viaje.

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Por eso, la auténtica aventura física reside pues en el viaje en el tiempo. Y eso es precisamente lo que están intentando hacer en el Relativistic Heavy Iron Collider (RHIC) de Nueva York, un megalaboratorio donde se intenta recrear el aspecto que tenía el universo cuando era un bebé. En concreto, el empeño consiste en detectar la transición a una nueva fase de materia llamada generada por partículas tan huidizas como los quarks o los gluones, un plasma primordial que los científicos creen que debió habitar el cosmos primigenio y evolucionó hacia las formas de materia hoy
conocidas.

La operación es similar a la de conseguir vapor mediante la cocción de agua. Es decir, se trata de generar un estado de la materia mediante la aplicación de energía en otro estado distinto de la materia. El problema es que, para conseguir este caldo especial, el puchero debe hacer colisionar entre sí iones de oro (átomos despojados de sus electrones) que viajan casi a la velocidad de la luz.

Pues ahora nos dicen que lo han conseguido. Que en los túneles de RHIC se ha logrado obtener una de estas carambolas físicas de la que ha resultado una forma de 20 veces más densa que los núcleos de oro ordinarios. La temperatura alcanzada durante el experimento superó los mil millones de grados. Esto quiere decir, que en el interior de los tubos de este laboratorio se han reproducido condiciones de densidad y de temperatura similares a las que disfrutaba el Universo apenas unas millónesimas de segundo después de que ocurriera el Big Bang. El trazado de las partículas sólo puede contemplarse, como es evidente, mediante simulaciones de ordenador. Osea, nos encontramos ante un viaje al pasado virtual. Pero no por ello deja de ser excitante. Saber cómo eran las cosas en las cercanías temporales del origen de todo nos enfrenta a un vértigo inusitado. No sólo podremos tener una mejor idea de por qué la materia se organizó del modo en que hoy la conocemos, sino que damos un salto de gigantes hacia la gran pregunta de la física. ¿Qué hubo antes del Big Bang?

Puede que nunca lo sepamos. Pero ahora, gracias al RHIC contamos con una idea de cómo se desarrollo la biografía de nuestra criatura cósmica. Nadie puede evitar cierta emoción especial al observar las fotografías de infancia de la mujer amada. Puede que no nos digan nada sobre su carácter actual, sobre su personalidad, sobre sus antiguos novios y sus padeceres. Pero nos es fácil imaginarnos junto a ella jugando a sus mismos juegos. Ahora, los físicos pueden imaginarse corriendo de la mano de un embrión de universo.
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