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BASURA SELECTA

La prensa rosa con Ana Rosa

En las últimas semanas, la prensa del corazón no ha sufrido infartos ni graves arritmias cardíacas. Nuestros famosos deben haber hecho sincero acto de contrición y propósito de enmienda, puesto que se están portando tan bien que las revistas de cotilleos deben conformarse con ofrecer cándidos, pero insulsos reportajes de interés humano. Este clima de apacible concordia podría explicar que “Semana” y “Diez Minutos” hayan dedicado recientemente sus portadas al cuarenta y cinco aniversario de Ana Rosa Quintana, como si se tratase de una celebración muy especial. Sin duda para Ana Rosa y los suyos puede serlo, pero no creo que merezca un tratamiento informativo similar al del jubileo de la Reina Isabel II o al de la conmemoración de los veinticinco años de monarquía española. Si atendemos a guarismos biológicos, más significativos resultan para una mujer entrar en los cuarenta o cumplir medio siglo. Pese al empeño de la prensa rosa, los fastos gráficos por las cuarenta y cinco velitas de Ana “Regina” Quintana se me atojan un tanto injustificados. Dos hechos recientes, sin embargo, pueden explicar el interés de las publicaciones del corazón por celebrar el cumpleaños y revisar la biografía de la cotizada periodista y devaluada escritora.

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En primer lugar, Ana Rosa cuenta ahora con la leal oposición y competencia de “Buenas tardes”, que presenta la pluriempleada Nuria Roca (“Waku-waku” en TVE 1, “Fem Tele” en Canal 9) y dirige la Maria Teresa Campos, otro poderoso tanque acorazado de la televisión. De momento, no parece que “Sabor a ti” vaya a perder el gusto de la audiencia, puesto que Nuria resulta demasiado insulsa y su programa es casi un refrito del que presenta la propia Maria Teresa por las mañanas. En todo caso, Ana Rosa se mantiene atenta y ya ha desplegado todos sus encantos para captar la atención de su público potencial (amas de casas y ociosos televidentes vespertinos como yo), a través de la prensa del corazón. Una campaña de promoción que coincide además con su nueva faceta de productora de su propio programa.

Otra buena razón para convertir en noticia de portada el cumpleaños de Ana Rosa es seguir explotando su notoriedad, tras el triste episodio del plagio. En la memoria de los adictos al chisme y el cotilleo aún está fresco el recuerdo de uno de los escándalos más sonados del mundo editorial. Según los defensores de la presentadora, aquel episodio formaba parte de una brutal campaña de desprestigio. Sin duda, los ataques fueron crueles y sangrantes. La fragante dulzura de Ana Rosa no merecía el hedor de tanta descalificación. En todo caso, las burlas biliosas no fueron más que una consecuencia del espectacular montaje promocional de “Sabor a hiel”, con una sonriente Ana Botella prestándose a avalar públicamente los méritos literarios del libro y con la propia Ana Rosa definiendo su obra como una valiente denuncia contra los malos tratos de la mujer. Luego supimos que el alegato feminista no era más que un folletín romántico, que bebía de dos aguas tan insípidas como la literatura de la norteamericana Danielle Steel y la mexicana Ángeles Mastretta. Si yo hubiese sido su plumilla de color, me hubiese decantado por copiar párrafos enteros de Flaubert, Stendhal, Jane Austen, las hermanas Brontë e incluso de la inefable Corín Tellado, cuyo lacrimógeno bolígrafo de la novela rosa ha sido reivindicada por plumas tan excelsas como Vargas Llosa o Umbral. Por desgracia, el “colaborador” (delicado eufemismo) prefirió piratear fragmentos de dos best-sellers recientes, para introducirlos en forma de virus en el desprevenido ordenador de su ama. Ese fue su pecado.

Olvidado ya el plagicidio, Ana Rosa Quintana está radiante y estrena nueva vida, según afirman en la revistas del corazón, que también la apoyaron cuando se sentía más acosada. Sin duda, fue un hermoso gesto de corporativismo, que se ha vuelto a repetir con la publicación de los reportajes de Ana Rosa, luciendo diversos modelitos y hablando de su vida, tanto en “Diez Minutos” como en “Semana”. Al parecer, la prensa del corazón, en su tradicional versión impresa, sabe perfectamente que los programas televisivos de cotilleos no le roban lectores. Todo lo contrario, son una excelente plataforma publicitaria para las revistas y contribuyen a renovar la sangre del sistema circulatorio del sector con la promoción de nuevos famosillos. Así se entiende el interés por una presentadora, cuya amable presencia ante las cámaras contribuye a digerir placidamente el cocido o las lentejas del mediodía.
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