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EL INFINITO NO ES SUFICIENTE

La publicidad se desborda

Hace cinco años, muchos expertos en publicidad se frotaban las manos: Internet iba a convertirse en el agua milagrosa que iba a proporcionar copiosos beneficios con un coste de implantación mínimo. La teoría era impecable: teniendo en cuenta el crecimiento exponencial del número de usuarios, bastaría con introducir en los sitios webs algunos contenidos de interés, seleccionados por target de audiencia, que se suministrarían gratuitamente, de forma que los usuarios recibirían impactos publicitarios por doquier. Pero a la teoría le faltaba la prueba del laboratorio, la cual habría de confirmar la factibilidad de los enunciados teóricos.

José Hermida
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En efecto, pocas cosas salieron tal cual se habían concebido. Por una parte, el viejo truco de “ahora-te-lo-doy-gratis-pero-cuando-te-tenga-fidelizado-te-voy-a-cobrar-UN-OJO-DE-LA-CARA” demostró no ser eficiente ni universal. ¿Por qué no ha funcionado la teoría? Por la propia dinámica del mercado; decenas de miles de nuevas iniciativas que imitaban a las anteriores, remedaban el crisol de la piedra filosofal publicitaria, y en cuanto aparecía en la pantalla la palabra “COMPRAR”, los usuarios ponían pies en polvorosa para dirigirse a cualquier otro sitio donde les diesen gratis los contenidos de su interés. Lógicamente, la estampida dejaba en solitario a unos banners que, como fantasmas, mostraban sus gifs animados a inexistentes espectadores.

Pero hay que ver las vueltas que da la vida: precisamente debido al crecimiento exponencial del número de usuarios que comentábamos más arriba, el público ha asumido como algo habitual la nueva forma en la que reciben publicidad, así que los expertos se dijeron a sí mismos: ¿y por qué diablos la publicidad de Internet tiene que estar en Internet? El primer paso fueron las vallas publicitarias, pero ahora la cosa se ha disparado. Según informa Nielsen/NetRatings cada día 83,8 millones de norteamericanos entran en Internet... pero durante el tiempo que están allí, nada menos que 300 millones de transacciones de todo tipo tienen lugar en puntos de venta reales, desde zapaterías hasta tiendas de golosinas, consultas de abogados o prestaciones de servicios de asesoría de todo tipo. Dicho de otra forma, prepárese para tener una nevera con una pantalla de cuarzo líquido que le transmitirá información sobre productos de alimentación y precios, un teléfono que continuamente le informará de espectáculos, viajes o productos farmacéuticos y, quien sabe, un espejo del cuarto de baño que en cuanto se ponga ante él por la mañana, recién levantado, le dirá: “Usted necesita una crema antiarrugas”.

La Red debía haber crecido hacia el infinito, y de suyo, esa es la pauta, pero tal como vaticinaba el entrañable Buzz Lightyear de Toy Story, en lo que concierne a Internet, hay que ir “al infinito y más allá”.
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