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BASURA SELECTA

La purificación de Norma Duval

Norma Duval ha sabido rentabilizar muy bien el significado de su nombre. Hace unos años, la popular vedette anunciaba un gel de baño por televisión en el que recomendaba utilizarlo “por norma”. Tan ingenioso juego de palabras se le debió ocurrir a un no menos ingenioso creativo de la agencia de publicidad que llevó la campaña de aquel producto para el aseo personal. Si revisamos los primeros años de la trayectoria profesional de Purificación Martín, más conocida como Norma Duval, también podríamos jugar con las palabras y afirmar que “la artista con las mejores piernas de la revista española” (como algún exaltado crítico la definió) tuvo una contribución decisiva en la “normalización” democrática de nuestro país. Puede parecer una afirmación un tanto frívola situar a la simpática y sensual vedette en el mismo escalón de Adolfo Suárez, Fraga Iribarne, Santiago Carrillo y Felipe González, pero no lo es tanto si recordamos su generosa entrega como artista durante los difíciles años de la transición.

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Nacida en Barcelona en 1956, Norma Duval se dio a conocer de la misma forma que tantas otras famosas actuales: presentándose a un concurso de belleza y ganándolo. Tras conquistar los prestigiosos títulos de Miss Madrid y Miss Auto-Escuela en 1973, Norma fue contratada por Valerio Lazarov para presentar el programa Tele-musical en directo, junto a Carmen Sevilla y Augusto Algueró. Siguiendo la “normativa” para convertirse en estrella de la farándula, la joven catalana ascendió un tercer peldaño y ejerció de sonriente azafata del programa musical Señoras y señores. Mientras miles de jóvenes de su edad vociferaban “amnistía y libertad” por las plazas y los campus universitarios de toda España, Norma Duval sintió el llamado de las lentejuelas, las plumas de pavo y los tacones altísimos y se convirtió en la primera vedette de la compañía de Fernando Esteso en 1977.

Durante aquel período tan convulso, Norma decidió hacer lo mismo que otras compañeras de trabajo más concienciadas y se desnudó por exigencias del guión o por pago de talonario. Creo recordar que sus generosos desnudos se publicaron en las revistas Interviú, Party y Lib. Tras su gratificante experiencia profesional de cinco años como primera vedette del Folies Bergère en París, Norma intentó triunfar en el cine sin demasiado éxito, puesto que tan sólo consiguió papeles marcadamente eróticos en folletines y comedias de enredo. Al parecer, nadie quiso descubrir el enorme talento escondido detrás de esa poderosísima anatomía, aunque siempre serán recordados su perturbador striptease en La mujer del juez (1983) y sus escarceos amorosos con el sufrido Alfredo Landa en Préstame tu mujer (1981). Sin embargo, al casarse con el serbio Marc Ostercevic en 1983, Norma decidió abrigarse un poco y ya no volvió a desnudarse. A partir de entonces, la vedette debió recordar su verdadero nombre e inició un proceso de purificación como si quisiese olvidarse de un pasado demasiado frívolo y picante. La actriz siguió siendo la reina de la pasarela, pero intentó opacar su imagen de mito erótico. Nada mejor para ello que centrarse en el empeño de tener hijos para ser titular de una cartilla de familia numerosa. Consiguió la cartilla.

Norma Duval debió pensar que su proceso de purificación exigía manifestar en público sus ideas de señora de derechas de toda la vida y apoyó a Aznar en los mítines electorales de la campaña que lo haría presidente. Por aquel entonces, el Partido Popular necesitaba demostrar que, como el PSOE o IU, también contaba con el apoyo de artistas e intelectuales, pero tal vez no fuese Norma Duval la más idónea para representar el compromiso de los populares con la cultura. Tampoco benefició a la artista su inquebrantable adhesión a Aznar. Cierta prensa empezó a acusarla de ser la artista del nuevo régimen y de recibir tratos de favor. Con el tiempo, Norma Duval ha conseguido despolitizar un poco su imagen, gracias a sus apariciones en las revistas del corazón para las que posa frecuentemente celebrando las Navidades con su familia, partiendo la tarta de cumpleaños de uno de sus tres hijos o reviviendo la luna de miel con su esposo en alguna playa del Caribe. Sin duda, poco queda ya de aquella briosa mozuela que empezó en el teatro de variedades y fue uno de los principales mitos eróticos de la transición democrática. Para quienes tanto la admiramos en su juventud, no deja de ser una pena que la distinguida señora de Marc Ostercevic se haya purificado.
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