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GUATEMALA

La quiebra de los bancos

Las recientes intervenciones de bancos por parte del Banco Central y el otorgamiento de fondos para devolver a los depositantes todo su dinero ha sido el resultado final de un sistema que depende de la arbitrariedad de las autoridades monetarias del país. Es imposible echar toda la culpa a una institución bancaria sin arrastrar a la Banca Central y sus mecanismos de control. Mientras sigamos con un sistema de Banca Central, el país sufrirá de auges seguidos de estancamientos largos en cuyos períodos muchas instituciones bancarias y empresas de todo tipo pueden y deben quebrar. No se debió haber otorgado los 1.400 millones de quetzales para devolver el dinero a los depositantes. Esos bancos debieron haber quebrado, liquidando sus activos y devolviendo a sus depositantes y acreedores lo que al final de la liquidación hubiese correspondido.

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Digo que gran parte de la culpa la tienen las autoridades monetarias del Banco Central porque ellos controlan el sistema y dictan las políticas monetarias. Estas políticas, históricamente, han sido principalmente expansionistas con períodos cortos, en los años recientes, de una seguidilla de contracciones y expansiones monetarias. Ese control del Banco Central es una de las justificaciones de su propia existencia y está a la vista su fracaso, por más regulaciones que inventen, por lo que deberíamos abandonar el sistema de Banca Central y pasarnos a un sistema de Banca Libre.

Los fondos otorgados a los bancos en dificultades son eminentemente inflacionarios. Para evitar las presiones inflacionarias el mismo Banco Central hace uso, una vez más, de su política monetaria de Operaciones de Mercado Abierto, recogiendo ese exceso de liquidez mediante la colocación de certificados de depósito a plazo. De esta forma, la nueva expansión monetaria ampliará la cantidad de dinero que hay neutralizado en el Banco Central, provocando que las tasas de interés sigan altas. Con tasas de interés tan altas no hay forma que Guatemala salga del estancamiento o crecimiento lento actual.

Muchas personas consideran que los depositantes no tienen culpa de lo ocurrido en estos bancos y que la intervención del Banco Central es necesaria, siendo justo que se le devuelva su dinero a quienes confiaron en esos bancos con problemas. Quienes piensan así no han tomado en cuenta que los depositantes deben correr con el riesgo de escoger bien a los bancos o entidades financieras donde meten su dinero. Tampoco toman en cuenta quienes apoyan esta intervención, con la tremenda inyección de dinero inflacionario, que si bien parece injusto que no se ayude a los depositantes, más injusto es que todo el pueblo termine llevando esa carga, a través de mayores presiones inflacionarias y altas tasas de interés. Una injusticia no se resuelve con otra. En este sentido es inmoral utilizar el poder adquisitivo de todos los ciudadanos para salvarle el pellejo a quienes depositaron su dinero en esos bancos. De hecho, el Banco Central le está robando parte de su poder adquisitivo a todos los habitantes de Guatemala para trasladárselos a unos cuantos.

Debemos aprender a tomar riesgos. En un sistema de banca libre se evitarían estas expansiones monetarias y bastaría, como dijo Ludwig von Mises, con “someter a la banca a las leyes civiles y mercantiles que constriñen a todos a cumplir sus obligaciones a tenor de las estipulaciones contractuales en su día convenidas”. Con la intervención actual del Banco Central, se fomenta la imprudencia de los bancos, los cuales tomarán riesgos mayores que los que hubieran tomado si saben que nadie podrá rescatarlos. Veremos cuántos bancos son intervenidos próximamente y al final de cuentas cuánto le costará al país toda esta gran equivocación.

© AIPE

Ramón Parellada es director del Centro de Estudios Económico-Sociales de Guatemala
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