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MúSICA CLáSICA

La señorita Cristina

El Teatro Real estrena una ópera española —y no es la primera en su breve andadura—, una obra que se representará hasta el próximo día 18: “La señorita Cristina”, con letra y música de Luis de Pablo. Para llevar a cabo estas representaciones, se ha encargado la dirección musical de la ópera a todo un experto en la música contemporánea y de vanguardia: José Ramón Encinar, el actual director de la Orquesta y el Coro de la Comunidad de Madrid.

Carlos de Matesanz
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Y él, que asegura la solidez y la vivacidad de esta partitura compleja y contrastada, es una de las bazas del éxito de este estreno. Antes de que “La señorita Cristina” estuviera completada, el maestro Encinar ya había ofrecido algunos fragmentos de la misma en concierto; así que conoce esta obra con detenimiento.

“La señorita Cristina” es la cuarta ópera de Luis de Pablo, compositor vasco que, con “Kiu” nos legó la única ópera española realmente notable de la segunda mitad del siglo XX. La nueva obra lírica, densa e intensa, pero un tanto dispersa, no parece llegar a su altura... pero es tan pronto para juzgar. El grado de “espesura” habitual en la creación musical española de vanguardia —y de la que Luis de Pablo no está en absoluto exento— impiden que, con tan sólo una representación —primera representación— podamos adivinar.

La historia de fantasmas —basada en una novela de Mircea Eliade— es efectiva, aunque un poco larga y a veces confusa. La puesta en escena de Francisco Nieva clarifica en lo posible la línea argumental y caracteriza perfectamente a todos los personajes. El elenco de solistas está mejor servido por los cantantes nacionales —sobre todo Pilar Jurado, Francisco Vas y Francesc Garrigosa— que por los extranjeros, que corren con las partes más lucidas: Victoria Livengood, Luisa Castellani, Sylvie Sullé y Louis Otey.

Obra recomendada para oyentes bregados, inquietos del arte y amantes de las óperas oscuras; vetada a belcantistas y otras aves propensas al circo canoro.


RECOMENDACIONES DISCOGRÁFICAS

Novedades operísticas

Ya que la actualidad nos obliga a fijarnos en el mundo de la ópera, les ofrecemos aquí la reseña de algunas de las nuevas grabaciones en las que lo lírico es lo protagonista, bien en obras sinfónico-corales, de cámara, o en recitales de jóvenes divos.

VERDI: Messa Solenne (Messa di Gloria), Cuatro motetes inéditos, Ave Maria, Pater noster, Libera Me de la Misa para Rossini. Scano, Gallardo-Domâs, Flórez. Aliev, Pertusi. Coro y Orquesta Sinfónica “Giuseppe Verdi” de Milán / Riccardo Chailly. DECCA 467 280-2 (69’09”).

El año Rossini en que estamos nos descubre que aún quedan obras inéditas del genio italiano. Este disco nos ofrece cinco, recientemente descubiertas por el profesor Dino Rizzo e inmediatamente grabadas por el inquieto Ricardo Chailly con su joven orquesta milanesa y unos excelentes solistas (especialmente el alegre tenor Juan Diego Flórez). Se trata de música litúrgica de juventud (dos Tantum Ergo, un cuquísimo Laudate Pueri, un Qui Tollis y una enjundiosa Misa Solemne de veintidós minutos de duración), con melodías y orquestaciones que oscilan entre el mundo clásico de Haydn y Mozart y el belcantismo rossiniano. El álbum se completa con un Ave María y un Padre Nuestro ya conocidos, más el Libera Me de la Misa por Rossini, que fue el origen de su celebrísima “Messa de Requiem” y que canta divinamente Cristina Gallardo-Domâs.


HENZE: Seis cantos árabes / Tres canciones sobre Auden. Ian Bostridge / Julius Drake. EMI 5 57112 2 (56’52”).

La EMI ha comprendido al fin que, por muy de moda que el tenor británico Ian Bostridge esté, es inútil hacerle registrar los ya muy grabados lieder de Schubert, Schumann y compañía. Lo presentan aquí con un interesantísimo y exigente programa dedicado al compositor alemán nacido en 1929 Hans Werner Henze, uno de los principales creadores musicales en activo. De hecho, el primer ciclo cantado —los seis Cantos sobre poemas árabes— es un encargo del propio Bostridge realizado en 1999. Así, este disco trasciende su propia condición comercial y se convierte en un documento de la música actual. La interpretación —con mención especial al aplicado y brillante pianista Julius Drake— no podía dejar de ser modélica. También modélicos son el sonido y la presentación —con todos los textos— de este álbum, grabado en abril de 2000 en Londres.


MOZART: Heroínas. Natalie Dessay. Orquesta del Siglo de las Luces / Louis Langrée. VIRGIN 5 45447 2 (66’32”).

La reina de la coloratura entre las jóvenes generaciones de cantantes recién consagrados es la francesa Natalie Dessay, que se enfrenta a Mozart con una tremenda competencia y gran solvencia estilística y vocal. Evidentemente, está más en su sazón en los pasajes de canto florido e incluso de bravura que en los líricos y sentimentales, que son menos lo suyo. Su excelente registro sobreagudo —hoy por hoy de gran extensión, hasta el Fa5 sin problemas— su control del fiato y su agilidad vocal le permiten solventar con total propiedad técnica las 13 arias incluidas, pertenecientes a “La flauta mágica” (aborda tanto el personaje de Pamina como el de Reina de la Noche), “Idomeneo” (ídem con Illia y Elettra), “Lucio Silla”, “Zaide”, “Ascanio in Alba” y “El rapto en el serrallo”. El acompañamiento orquestal, dirigido demasiado discretamente, es excelente y con instrumentos de época.


VARIOS: Arias de ópera. Matthias Goerne. Orquesta Sinfónica de la Radio Sueca / Manfred Honeck. DECCA 467 263-2 (56’05”).

Conocido casi únicamente como liederista, el joven barítono alemán Matthias Goerne nos revela en este recital su faceta operística, acompañado por una orquesta y un director que le ponen muchas ganas a este empeño. El cantante nos ofrece algunos de los pocos papeles que incorpora en escena —como Papageno de “La flauta mágica” de Mozart y “Wozzeck” en la ópera homónima de Berg— y que canta de modo francamente notable.

Con una voz que no es nada del otro jueves, Goerne convence sobre todo por su cuidadoso (casi amoroso) fraseo, y por eso está mejor en las páginas elegiacas. Canta arias y dúos de “Las bodas de Fígaro” y “Don Giovanni” de Mozart, “Tannhäuser” de Wagner, “Escenas del Fausto” de Schumann, “Ariadne auf Naxos” de Strauss y dos exquisiteces: la escena final de “Königskinder” de Humperdinck, con coro de niños, y una página de “La ciudad muerta” de Korngold. Las partes de soprano en los dúos —cuatro de las catorce páginas ofrecidas— corren a cargo de la soprano Dorothea Röschmann, cantante cuidadosa pero menos solvente que su compañero.
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