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TELEFONíA

Licencias en litigio

La lucha por las licencias de teléfonos móviles de tercera generación llega a la Audiencia Nacional. Los grupos empresariales se juegan su futuro ante la llegada del sistema UMTS, que permitirá usar el móvil como terminal de Internet.

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La Audiencia Nacional ha tomado cartas en el asunto y ha pedido analizar con todo detalle el expediente de adjudicación por el que se otorgaron hace ocho meses las codiciadas licencias a los tres operadores que ya estaban instalados en el mercado. Como se recordará, resultaron agraciadas Telefónica, Airtel y Amena, a las que se añadió la novedad de Xfera.

Se quedaron fuera otros grupos que pujaban por estas licencias, entre ellos Movi2, en el que participa la empresa constructora Ferrovial, que ha sido el que se ha personado ante la Justicia.
La concesión de las licencias, decididas por el ministerio de Fomento en marzo horas antes de las últimas elecciones, ya fue objeto de demanda por el mismo grupo perdedor: la razón es que las acciones de las constructoras ACS y FCC, que participan en el grupo de Xfera, no paraban de subir horas antes de la decisión del gobierno.

Era como si en el mercado los entendidos supieran de antemano que el concurso estaba ya decidido y apostaban sobre seguro por el caballo ganador. Este fue el argumento utilizado por Ferrovial para intentar impugnar el concurso, aunque en aquel entonces la postura de Movi2 no se tuvo en cuenta.

Ahora se apoya en otros datos, que aún no conocemos, y por lo pronto ha conseguido que la Audiencia Nacional cuente ya con el expediente de la adjudicación, con todos los detalles sobre los criterios que motivaron la concesión de licencias. Telefónica, Airtel y Amena están tranquilas, porque sacaron en marzo pasado una puntuación superior a las de sus competidoras, mientras que Xfera se clasificó por tres puntos y medio de distancia sobre Movi2.

El grupo que controla Xfera sigue asegurando que la situación no ha cambiado y que difícilmente se podría dar un cambio en la situación teniendo en cuenta el desarrollo del concurso. El negocio de la telefonía móvil se ha convertido en una verdadera mina de oro para las empresas que lo explotan, lo que explica la lucha a muerte por conseguir una nueva licencia para la próxima generación tecnológica.

En España usamos el teléfono móvil casi 23 millones de personas, el 57 por ciento de la población, y el volumen de negocio equivale a trescientos mil millones de pesetas. La parte más golosa del pastel se la lleva Telefónica, con una cuota de mercado del 56 por ciento que defiende con aparente éxito hasta ahora, después viene Airtel, con un 30 por ciento y cediendo puestos y en último lugar se encuentra amena, que sube hasta el catorce por ciento del mercado.

Sin embargo, el usuario no tiene todavía libertad total para cambiarse de operador sin variar su número, la cuestión central que impide todavía liberalizar plenamente el conflicto de la “portabilidad”, como se conoce en el sector a esta situación.
Los usuarios teníamos que haber conseguido este paso hace un mes, pero las compañías operadoras del móvil se muestran algo remolonas y aducen problemas técnicos o se culpan entre ellas.

Las autoridades que velan por la competencia ya han tomado cartas en el asunto y no están dispuestas a dar más prórrogas a las compañías para que sigan retrasando la apertura a la competencia. Si se demuestra que las operadoras son responsables del retraso en la apertura del mercado, la Comisión del Mercado de las Telecomunicaciones podría incluso poner multas como ya hizo en julio pasado.

En aquel entonces, la sanción fue de 2,7 millones de euros, o 450 millones de pesetas a Telefónica, pero otras empresas, como Jazztel y Airtel, tienen otros expedientes abiertos por la misma causa. La empresa Amena se ha convertido en el adalid a favor del cambio de operador sin cambiar el número, y ahora lucha para que el servicio no deje fuera a los teléfonos bloqueados con un código, que los hace inservibles para funcionar con otro.

Mientras las compañías continúan su lucha por asegurarse el mercado existente, la siguiente batalla es el próximo concurso para las nuevas licencias de segunda generación GSM, cuya tecnología ha quedado superada ya, pero que pueden servir de premio de consolación para las operadoras que se quedaron fuera del reparto de las licencias de UMTS.

Las grandes empresas no deberían olvidar que, más allá de sus intereses por controlar el mercado, los usuarios de móviles nos merecemos un servicio de calidad, abierto totalmente a la competencia para asegurarnos los menores costes posibles, y que nos permita “saltar” a la nueva generación cuando sea una realidad, y no sólo una promesa como ahora.

****Sobre este tema, lea el artículo de Alberto Recarte
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