Menú
Con tu apoyo hay más Libertad
  • Sin Publicidad
  • Acceso a Ideas
  • La Ilustración Liberal
  • Eventos
BASURA SELECTA

Lo mejor de la bota, la cucinotta

No hay nada peor que un artículo en cuyo titulo se combine un pareado poco afortunado con una tópica metáfora geográfica. Lo siento, no he encontrado una forma más inteligente de decir que Maria Grazia Cucinotta es actualmente la actriz más sensual de Italia, aunque no haya nacido en ninguna región de la bota, sino en ese apéndice triangular llamado Sicilia al que la península italiana parece estar dándole una patada con la puntera.

0
Confieso que he visto casi todas sus películas (las buenas, las malas y las peores), tengo todas las revistas españolas para las que ha posado y guardo en mi ordenador más de cuarenta páginas web con fotografías suyas ligerita de ropa. Maria Grazia Cucinotta es una de mis obsesiones cinéfilas más persistentes y perversas desde que la descubrí en El día de la Bestia (1995). Pese al malvado empeño de Alex de la Iglesia en ocultar su esponjosa cabellera azabache dentro de un espantoso pelucón rubio platino, Maria Grazia no podía dejar de exhibir una anatomía rotunda en la mejor tradición de las maggioratas del cine italiano de los años cincuenta. Considerada la heredera natural (no siliconada) de Sofia Loren y Gina Lollobrigida, la Cucinotta es uno de los más poderosos mitos eróticos del nuevo cine italiano, aunque se empeñe en no desprenderse de su ropa por exigencias del guión y en rechazar millonarias ofertas por posar desnuda en revistas de caballeros.

Nacida el 27 de julio de 1969 en Mesina, Maria Grazia Cucinotta se inició profesionalmente como modelo publicitaria a los 18 años. De su etapa como modelo, destaca un anuncio para las pastas Barilla que dirigió Ridley Scott y protagonizó el siempre obeso Gerard Depardieu. Un par de años después, debutó en el cine con pequeños papeles en las exitosas comedias Vacanze de natale ‘90 (1990) y su irremediable secuela Vacanze di natale ‘91 (1991). Gracias a su imponente presencia, la joven actriz siguió figurando en comedias y dramas italianos, pero más como reclamo erótico que como actriz de carácter. Conviene precisar que la ropa interior y la lencería fina le sientan muy bien.

Su inesperada consagración internacional se produjo con El cartero y Pablo Neruda (1994) del británico Michael Radford. Como recordará el lector, Maria Grazia era la sensual pueblerina (con bigotillo como la Pantoja) que intentaba conquistar el malogrado Massimo Troisi (el funcionario de correos), con la inestimable labor de celestinaje literario de Philippe Noiret (el poeta chileno). El Oscar que consiguió la película le sirvió a la actriz para mirar hacia Hollywood. Sin embargo, no ha conseguido aún el éxito que esperaba. Como tantas otras actrices de origen latino, la Cuccinota tuvo que interpretar papeles de emigrante en la modesta El espíritu de Brooklyn (1997) y Ballad of the Nightingale (1998), antes de convertirse en la espía que seduce a Pierce Brosnan en El mundo nunca es suficiente (1999). Su intervención en las últimas aventuras de James Bond quedó en un discretísimo segundo plano y tuvo que conformarse con ser gregaria de lujo de Denise Richards y Sophie Marceau, dos actrices que también están de muy buen ver. Tampoco parece que su personaje de prostituta mexicana en Cachitos picantes (2000) de Alfonso Arau, le haya servido para consagrarse en Hollywood. El problema de Maria Grazia es que tiene un cuerpo explosivo y un rostro demasiado racial, como para que no la encasillen en papeles de profesional del amor, camarera, bailarina o desventurada muchacha pobre de origen hispano.

Paralelamente a su irregular carrera en el cine norteamericano, la actriz siciliana ha seguido trabajando en Italia en comedias taquilleras pero intrascendentes, como I Laureati (1996) o Camera da letto (1997). Hace un par de años, cortó la respiración de sus seguidores al interpretar a una ardorosa mujer que engaña a su marido camionero con su hijastro en La seconda moglie (1998). A pesar de tan morboso y prometedor argumento, la Cucinotta se mostraba tan recatada como siempre.

Casada con un multimillonario italiano, que es propietario de una célebre marca de agua mineral, Maria Grazia aceptó ser la madrina de la marcha de gays y lesbianas “World Pride 2000”, organizada en Roma el año pasado por las mismas fechas en las que se celebraba el Jubileo. Hasta entonces, la actriz se había caracterizado por pasear su cuerpo y ofrecer su mejor sonrisa en actos publicitarios o galas benéficas, pero no en polémicos manifestaciones reivindicativas. Considerada por su compatriotas tan sólo como un bólido de portentosa carrocería y poderosa cilindrada, la Cucinotta sorprendió a todos en aquel momento. Sin embargo, más sorprendidos nos dejaría a sus admiradores si algún día se desprende de ese enojoso recato y pudor tan meridionales que le han llevado a rechazar la gentil exhibición de su desnudez.
0
comentarios

Servicios