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MEDICINA Y SALUD

Los colores del SIDA

Desde que la epidemia del SIDA apareció hace un cuarto de siglo, el virus VIH ha infectado a más de 47 millones de personas en todo el mundo, según informa la Organización Mundial de la Salud (OMS). Este organismo también sostiene que el SIDA, que en 1998 causó la friolera de 2,2 millones de muertes, ha ascendido al cuarto puesto en el ranking de las enfermedades más letales que azotan a la humanidad. Pero más preocupante aún es el hecho de que el virus parece empeñado en seguir escalando posiciones.

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En los países más pobres, el síndrome de inmunodeficiencia humana se ha convertido en verdugo implacable. La carencia de higiene, los altos índices de prostitución, el turismo sexual, las precarias campañas de información al ciudadano, el déficit de asistencia sanitaria y la falta de medicamentos son algunos factores que hacen que el SIDA se extienda sin freno en los mal llamados países tercermundistas. Las estadísticas son en este sentido bastante reveladoras: el 95 de los casos de SIDA y el 95 por 100 de las muertes ocurren en los países más desfavorecidos, mayoritariamente entre los adultos jóvenes y de modo creciente entre las mujeres. La situación se complica aún más si se tiene presente que, junto al SIDA, otras enfermedades de transmisión sexual (ETS), como la gonorrea, la sífilis, las hepatitis y las infecciones por clamidias, han resurgido de sus cenizas como el Ave Fénix para aliarse y favorecer la propagación del VIH.

La OMS estima que cada año 340 millones de personas contraen una ETS curable. En el mundo desarrollado, la prevención y las nuevas terapias antivirales han hecho que la incidencia de la infección haya bajado de forma espectacular y que el SIDA haya pasado de ser una enfermedad mortal de necesidad a una patología crónica. Sin ir más lejos, los casos de SIDA han disminuido en España un 60 por 100 en los últimos cinco años. Sin embargo, el virus todavía no está bajo absoluto control y aprovecha la mínima oportunidad para atacar a aquellos que bajan la guardia. Este es al parecer el caso de los negros en Estados Unidos. En la VIII Conferencia Anual sobre Retrovirus, que se acaba de celebrar en Chicago, la doctora Lynda Valleroy, de los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC) estadounidenses, presentó un estudio que ponía de manifiesto el alarmante incremento de casos de SIDA entre los jóvenes negros homosexuales de las grandes ciudades, como Nueva York, Baltimore, Dallas, Los Ángeles, Seattle y Miami.

Los resultados del estudio, en el que han participado 2.401 gays de 23 a 29 años de edad, indican que el 30 por 100 de los negros está infectado por el VIH, frente al 3 por 100 de los asiáticos, el 7 por 100 de los blancos y el 17 por 100 de los hispanos. Desde que los primeros casos de SIDA, que se sirvieron para demonizar a los homosexuales de raza blanca, la incidencia de la enfermedad no ha dejado de aumentar entre la gente de color estadounidense. En la actualidad, se estima que de los 40.000 nuevos casos de SIDA que aparecen cada año en Estados Unidos, la mitad se diagnostica en este grupo racial. Entre las mujeres infectadas, la relación es escalofriante: una blanca por cada cuatro negras.

La doctora Vallerroy reconoce que desconoce las causas reales de este aumento de casos de SIDA en la población negra homosexual de su país. Hay expertos que piensan que algunos jóvenes han menospreciado al virus, debido a la eficacia de las nuevas terapias, que estabilizan la enfermedad. Quienes piensan así, muestran un mayor riesgo de llevar a cabo prácticas de riesgo, como el sexo anal sin condón. Esto podría explicar en parte porqué la mitad de los participantes en el estudio de Vallerroy confiesa que ha realizado al menos una vez el acto sexual sin protección en los últimos seis meses. Como señala la doctora Helene Gayle, jefa de SIDA de los CDC, la incidencia del SIDA "ha disminuido notablemente entre los homosexuales desde que surgió la pandemia en los ochenta". Por ejemplo, en 1988, la mitad de los varones homosexuales de Nueva York que acudió a una clínica venerológica dio positivo en el test del SIDA. En 1988, la cifra se redujo al 20 por 100.

Puestos a conjeturar, la doctora Valleroy cree que la creciente prevalencia del SIDA entre los jóvenes gays de color podría deberse meramente a motivos culturales, ya que a los negros les cuesta más que a otras razas reconocer su orientación sexual. Esta negación explicaría el fracaso de los mensajes de prevención destinados al mundo homosexual. "Ser gay se oculta más entre los afroamericanos", dice esta especialista. Y añade: "No hay un Gay Men's Health Crisis para los afroamericanos. Estos tampoco tienden a vivir en comunidades gays."

No cabe duda de que el elevado número de homosexuales negros portadores de virus preocupa a los responsables del CDC. Las campañas ANTISIDA puramente efectistas y que no tienen en cuenta determinados tabúes, creencias, comportamientos y actitudes dentro de un colectivo, sea cual sea, están condenadas al fracaso. Por otro lado, las autoridades sanitarias de muchos países, incluido el nuestro, están relegando a un segundo plano la información preventiva. Hoy por hoy, la prevención es la mejor inversión para combatir el VIH. Con los cócteles antivirales se logra mantener a raya la enfermedad, pero no eliminan al que la causa, o sea, el VIH.
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