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CHILE

Los impuestos

"Quitar o tomar para sí con violencia o con fuerza lo ajeno" es una definición que no alude, como podría pensarse, a los impuestos. Se parece, pero en realidad corresponde, según el diccionario, al robo. En éste se quita para beneficio de uno; en cambio, en el caso de los impuestos lo tomado por la fuerza es para nobles propósitos, como pagarles a funcionarios para que nos den educación, salud, trabajo; para que nos cuiden o nos digan qué comer, cómo amarnos, cuándo usar el automóvil y en qué parte de la calle; para que nos hagan obras viales, nos protejan de los criminales, los encarcelen; y tantos otros servicios sin los cuales seríamos infelices.

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Con los impuestos nos quitan lo que ganamos trabajando, por la fuerza pero no con violencia, excepto si nos meten a la cárcel por no pagarlos, lo que podría acentuarse con la reforma tributaria en proceso en Chile y la declaración del presidente Lagos sobre los ladrones de cuello y corbata que los eluden.

Los impuestos serían iguales al robo si los gobernantes, legisladores y empleados públicos se quedaran con la plata, pero este no es el caso, y sólo por error a veces ellos se pagan indemnizaciones exageradas y reajustes, honorarios y sueldos sin la contraparte de servicios prestados.

Los impuestos se aumentan sin la intención de robar. Suben para dárselos a los pobres, aunque a veces el dinero se deslice a grupos de ingresos medios o altos y a los bolsillos de productores que reciben subsidios.

Los impuestos se aumentan para dar más y mejor salud y educación, y si esto no se consigue, es mala suerte. Si lo quitado se perdiera o se lo llevaran funcionarios, contratistas u otros pillines, sólo podría considerarse como un robo al 15, 20 o 49 por ciento del tributo. Suponer que más del 50 por ciento se lo lleve el Señor, sólo cabe en una mente desquiciada, de mercado, en extremo liberal y cruel. Por esto, asimilar los impuestos a un robo es inaceptable.

Es verdad que los tributos reducen la creatividad, el trabajo, la inversión y el ahorro, y que son una pérdida de libertad y poder que pasa de las personas a los burócratas. También es cierto que son expropiatorios y que, al configurarse un poder estatal enorme, el concepto de democracia se vacía. Votamos sólo para elegir nuestro dictador. Pero de ahí a sostener que los impuestos son un robo, hay una gran diferencia. Forzando los conceptos, sólo podrían serlo en una fracción. En cambio, sí sería un hurto el que hacen los sinvergüenzas de cuello y corbata que los evitan. Aquí no corre el perdón para el que le roba a un ladrón.

En nuestra cultura, el que le quita un peso al estado es un bandido y debe pagar con cárcel, a menos que sea funcionario público. Por el contrario, las expropiaciones tributarias no constituyen un robo.

Tómese un ubicatex: en la sociedad libre, el estado, con minúscula, es sólo para servir a las personas. En la sociedad socialista se las sirve según un designio revelado a algunos elegidos.

© AIPE

El chileno, Alvaro Bardón es profesor de economía en la Universidad Finis Terrae, fue presidente del Banco Central de Chile.
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