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Los libros del día

Las recomendaciones literarias de esta semana nos llevan a hacer un recorrido por la historia de los nacionalismos perífericos, echar un vistazo al azul de un cielo que todo lo domina, recrear las aventuras de la corte papal de Avignon en el siglo XIV o adentrarnos en el misterio, todavía sin resolver, de la muerte del profesor universitario Ioan P. Culianu, en 1991.

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LUNES: ESPAÑA Y LOS NACIONALISMOS por Alberto Míguez

Con el subtítulo de La guerra de los nacionalismos, el escritor y periodista Pedro Muñoz analiza y reflexiona con rigor y profundo conocimiento sobre la batalla que ciertos nacionalismos periféricos (especialmente el vasco y el catalán) desarrollan desde hace muchos años contra el Estado español y, por supuesto, contra la independencia y soberanía de este Estado.

Escribe Muñoz en las primeras páginas de su libro que “Hoy en España, en las últimas décadas ningún político del momento, ni de la derecha ni de la izquierda ha manifestado de forma expresa, como lo hiciera Azaña en su día, su afecto por España” y, añade, “sorprendentemente esta forma de hablar de España y de sentirla a la que Azaña recurre tampoco ha estado presente en la sociedad civil española durante este tiempo de transformaciones democráticas de los últimos años.

Ni qué decir tiene que algunas de las reflexiones y análisis de este libro tienen cierta carga polémica y merecerían sin duda que esta polémica aflorara a la superficie de nuestra vida política. Pero es de temer que, una vez más, políticos y académicos, periodistas y comentaristas, gente del común y elites, escondan la cabeza bajo la arena y dejen pasar esta oportunidad. El libro de Pedro Muñoz, recién presentado por Jon Juaristi y José Luis Balbín, merece ser leído y, sobre todo, discutido.

Pedro Muñoz, España en horas bajas, Ed. Auryn, Madrid, 2000, 453 páginas


MARTES: IACOBUS, PARA PASARLO BIEN por Enrique de Diego

La novela de aventuras, en el sentido más clásico de evasión, está teniendo una floración sorprendente. Está arrumbando a la novela social y aún a la reflexión narrativa guerracivilista. Matilde Asensi es una de las firmas emergentes que, reconociendo su admiración por Pérez Reverte, se ha sumado con fuerza a esta tendencia y ofrece ahora su segunda novela Iacobus que transcurre, con algunas similitudes formales con El nombre de la rosa de Umberto Eco, en el siglo XIV entre la corte papal de Aviñón y la ruta jacobea, con la leyenda negra (fruto de las sospechas aventadas por la monarquía francesa en el juicio contra estos monjes-soldados-banqueros) del esoterismo de la Orden del Temple como fondo.

No se trata aquí de novela histórica, porque aunque hay apoyatura y documentación, no pretende en ningún momento reflejar una época ni describir un ambiente, sino hacer pasar un buen rato con una novela de misterio, policíaca, en la que la trama se desarrolla con la minuciosidad y la perfección de un reloj suizo.

Tiene el mérito Matilde Asensi de haber surgido al margen del mundo de los premios, con una primera novela El salón del ámbar de ambientación moderna que fue un espontáneo e inmediato éxito literario. De nuevo ha vuelto a producir un best seller de calidad con un estilo medido. En él, un monje hospitalario y su hijo bastardo, a los que se suma una hechicera judía de misteriosa belleza, han de desentrañar tres asesinatos de estado y descubrir el tesoro de la extinta orden templaria, de forma que terminará encontrando el Arca de la Alianza no en Egipto, como Indiana Jones, sino el mismísimo Bierzo.

Matilde Asensi, Iacobus, Plaza y Janés, Barcelona, 2000, 312 páginas, 2550 pesetas.


MIÉRCOLES: MIRAR EL CIELO por Antonio López Campillo

Un libro curioso, tanto por su forma como por su intención. Trata de enseñarnos el cielo, ese que está ahí arriba y que casi nunca miramos. Nuestro vivir nos aleja de las cosas que nos rodean. Y si hay algo que nos rodee es eso que llamamos cielo. Raramente lo miramos, de día nos deslumbra y de noche le “deslumbramos” con nuestras luces, las de las ciudades. El saber también nos aleja, sabemos que hay un mundo infinito que se observa con instrumentos poderosos, que no es probable que manejemos un día. Por eso nuestro saber del cielo es un saber de oídas, no de vista. Y esto es lo que nos ofrece este astrónomo. El poder ver y entender el cielo con nuestros ojos, sólo con ellos.

Por qué el cielo es azul y la luna nos muestra siempre la misma cara, o cómo leer la hora durante la noche mirando a las estrellas y muchas cosas más nos lo explica este astrónomo en su libro, que es una verdadera obra de divulgación científica de alto nivel y de lectura fácil. Al leerle se percibe que ama lo que enseña y que ese conocimiento, trasmitido, es algo sentido profundamente. Una lectura que nos acerca al cielo, ese que está ahí.

David Galadí-Enriquez, A ras de cielo, Ediciones B SA, Barcelona, 1998, 218 páginas.


JUEVES: ROBERT WALSER O LA SERVIDUMBRE VOLUNTARIApor Julia Escobar

El escritor suizo de habla alemana Robert Walser representa un caso especial en la literatura europea. Elias Canetti se refería a él como “el más oculto de todos los escritores”, pero a pesar de esta modestia casi enfermiza son numerosos los que le consideraban uno de los grandes. Se suele citar a Kafka, que le admiraba de manera incondicional, pero también están Robert Musil y Walter Benjamín, así como varias generaciones de escritores alemanes. Walser es un autor extraño, tanto en su literatura como en su vida; en ambas practicó voluntariamente la estética de la humillación y del fracaso.

Nació en 1878, y tras una vida dedicada a oficios subalternos (mayordomo, escribiente y cosas así), a los cincuenta años se recluyó voluntariamente en un manicomio. El poeta Carl Seelig, autor de un libro titulado Paseos con Robert Walser (traducción de Carlos Fortea, Siruela, 2000), le visitó casi todos los fines de semana durante veinte años hasta que, en la Navidad de 1956, unos niños encontraron su cadáver congelado en la nieve, muerte que, de forma premonitoria, describe Walser en esta novela.

Los hermanos Tanner es una de las novelas más famosas de Robert Walser (que en total publicó quince libros) junto a Jakob von Gunten (¡Inefable Instituto Benjamenta, donde se enseña la mediocridad y el fracaso!), El ayudante (ambas en Siruela) y Los cuadernos de Fritz Kocher (Pre-Textos, 1998). Bellísimo libro en el que se hurga sin concesiones en la desgracia (“¡Brindemos, señores, por la desdicha!", dice en un momento especialmente cruel de la novela) porque, como confiesa el autor a Carl Seelig, “La felicidad no es un buen material para un escritor. Es demasiado autosuficiente. No necesita comentario. En cambio el dolor, la tragedia y la comedia están llenos de potencial explosivo. No hay más que prender la mecha en el momento oportuno. Entonces suben al cielo como cohetes e iluminan toda la región”.

Robert Walser, Los hermanos Tanner, traducción del alemán de Juan José del Solar, Siruela, Madrid 2000. 269 páginas. 2900 ptas.


VIERNES: AMOR POR LAS ESTRELLAS

Pocas áreas de la divulgación son tan proclives al entusiasmo de los autores como la astronomía. Contemplar el cielo es un acto de suprema belleza que incluso a las almas más insensibles causa cierto cosquilleo. Por eso, escribir sobre él tiene un atractivo especial. Se nota en que los libros de divulgación astronómica están preñados de metáforas, de alusiones literarias, de recursos hiperbólicos para captar la atención del lector y desahogar la excitación del autor ante el tema que trata.

Malcolm Longair es maestro en estas lides. Su habilidad divulgadora, heredera de la Carl Sagan, por ejemplo, le permite torear los aspectos más duros de su especialidad científica (la astrofísica de altas energías) con la soltura de un viejo profesor. Su obra La evolución de nuestro universo es buen botón de muestra. Por cierto, que ya sólo el título deja a las claras las pretensiones del autor: ¿Nuestro? universo parece indicar que hubiera otros (cosa que no se desprenderá de los trabajos de Longair) o que es el universo tal como lo vemos nosotros, lo que dota a lo que se va a leer de cierto escepticismo sano sobre el poder de la ciencia para explicarlo todo.

Afortunadamente no se trata de otro-libro-más-sobre los primeros minutos del cosmos. Aquí se pretende reunir la claridad expositiva de Longair con una cuidadísima edición a cargo de Cambridge University Press, que hacen de la obra un material de cierto lustre lujoso. Una lectura reposada, o un uso de la obra como material de consulta, revelarán en el libro un contenido de alto nivel científico, capaz de satisfacer a los ya iniciados. ¿De un libro de astronomía siempre se espera cierta concesión a la poesía, a la fe, a la bella especulación?. En su justa medida, como en éste.

Malcolm Longair, La evolución de nuestro universo, Cambridge University Press, 185 páginas.
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