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CRóNICAS COSMOPOLITAS

Los Maura, y ¿qué?

El mes de diciembre del siglo pasado se conmemoraron, casi al mismo tiempo, los aniversarios de los 75 años de la muerte de Pablo Iglesias y de mi abuelo Antonio Maura. (Nuestra madre, Susana Maura, era la hija menor de don Antonio y, dicho sea de paso, como murió cuando yo tenía cinco años y dos meses se ha convertido en leyenda, y no sólo para mí). No es de extrañar si la conmemoración de pablo Iglesias ha sido relativamente más celebrada que la de Antonio maura. En cuestiones de propaganda y marketing en nuestro país lo que se llama la izquierda domina con creces a lo que se llama la derecha. No sólo por complejos de culpa de la derecha, también, o sobre todo, por estupidez. Con motivo de ambas conmemoraciones alguien recordó que Pablo Iglesias, primer y entonces único diputado del PSOE, partido que había fundado, en su primera intervención en las Cortes le dijo a Antonio Maura que nadie más que él merecía ser la próxima víctima de un atentado terrorista. Este discurso antidemocrático, aunque no pueda resumirse en él toda la actividad política de Pablo Iglesias, es, sin embargo, sintomático y anunciador de próximas tempestades sangrientas.

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La guinda en el pastel de la bobería se la llevó una vez más Haro Tecglen en Babelia del 23 del XII. Aprovechó el aniversario de un libro de Fernando Díaz Plaja, “Los Maura”, que no he leído, para arremeter contra mí y manifestar su amistad y admiración hacia Federico Jorge. Escribía: “hace días le dije a santiago Carrillo que una de las cosas justas que hizo en el PCE fue expulsar a Jorge Semprun Maura y a su hermano Carlos”. Si tanto admira a carrillo y a Jorge ¿por qué celebra la expulsión de estos?. Y aunque no tenga importancia ante la historia precisaré para mis amigos internautas que a mí no me expulsó nadie, me fui. Como tantos. Que te insulte un individuo que en 1944 escribía: “se nos murió un capitán (José Antonio) pero el Dios misericordioso nos dejó otro (Franco)” y en 1999 terminaba una de sus columnitas con “gracias por todo Stalin” refiriéndose a las masacres estalinistas durante nuestra guerra civil, y mientras tanto había sido corresponsal de la embajada soviética en París, o sea, informador del KGB, ya que era quien dirigía esos servicios en las embajadas, y que hoy, presumiendo de ser el más rojo de la rojería tiene como única ambición, y mucha bava para conseguirlo, su ingreso en la Real Academia de la Lengua, que un tal individuo te desprecie constituye para mí un reconocimiento ético.

Dime quién te insulta y te diré quien eres. ¡Pobre Jorge! Su amigo en París es Robert Hue y en Madrid Haro Tecglen, amigos así le retratan a uno, claro que le queda Canal Plus.

Según Haro Tecglen, Carrillo hubiera contestado a sus enhorabuenas por nuestra expulsión: “es que son aristócratas”. Falso, la familia Maura procedía de la burguesía media mallorquina. El padre de don Antonio era propietario de una empresa de curtidos de cuero en Palma, con cuarenta trabajadores, nada que ver con Rockefeller en cuanto a fortuna ni con los duques de Alba o de Medina Sidonia en cuanto a raigambre aristrocrático y si su hijo mayor, tío Gabriel, fue ennoblecido a duque lo fue por “servicios a la patria” de su padre quien había rehusado el título para él. Lo mismo ha ocurrido recientemente con Adolfo Suárez, duque de Soria, por los mismo motivos en reconocimiento político. Se podrá discutir si heredar un título es o menos importante que merecerlo, en todo caso no es lo mismo, y a mí, plin. Que quede claro, pues, que ni los Maura, ni los Semprunes nada tenemos que ver con la aristocracia, para bien o para mal, somos burgueses pese a que algunos cursis en la familia y aledaños presumen de nuestros falsos lazos con la aristocracia.

Ya sería hora en este sentido en nuestro país se realizara un serio e histórico “elogio de la burguesía”, protagonista desde hace dos siglos, por lo menos, del progreso económico e industrial, pero también político y cultural. Hasta los más ilustres enemigos de la burguesía, Marx, Lennin, Mao y un larguísimo etcétera eran burgueses. La maldita y pseudo-condenada burguesía ha parido sus más inteligentes y perversos enemigos y se los ha tragado.

Hace algo así como un mes, y por cuestión de segundo apellido, recibí un par de llamadas para que escribiera algo sobre el aniversario de la muerte de Antonio Maura. Me di cuenta entonces de que lo que yo sabía de la vida y obra de mi abuelo era tan superficial, tan semejante a lo que todo el mundo sabe, si algo sabe de la historia de España, que me dio vergüenza y me callé. Me pareció incongruente relatar los recuerdos de mi padre, gran admirador de don Antonio, u otras leyendas u anécdotas familiares. En absoluto me movió ese espíritu tribal, aún vigente, y cuyas reglas serían no hablar nunca jamás de alguien de la familia, bajo ningún concepto. Ya creo haber demostrado que no es mi caso, lo que ocurre es que nada veo de fundamentalmente criticable en la actividad de don Antonio, en su lucha contra el caciquismo, plaga de su época, por un sufragio universal más honesto, etcétera. Me parecen acciones más bien positivas, pero sobre las cuales, repito, no se me ocurrirían más que banalidades, cosas ya escritas. Debo reconocer que lo que he leído con motivo de este aniversario se pasa de banal.

En cuanto a su famosa frase sobre “la revolución desde arriba” adaptada a los tiempos modernos, más que una celebración del despotismo ilustrado yo la entiendo como la exigencia de que los gobiernos deberían realizar reformas. Incluso su papel en la decisión de que España permaneciera neutral durante la primera guerra mundial, no me parece descabellada. No olvidemos que la Alemania de 1914 nada tenía que ver con la Alemania nazi de 1939, algo que muchas veces olvidan políticos e historiadores británicos y franceses. Absurdo sería olvidar asimismo que esa tremenda guerra engendró los monstruos más monstruosos de la historia, como también lo analizó FranÇois Furet en su “Pasado de una ilusión”. Sabido es de todos que esos monstruos fueron, por orden cronológico: el comunismo soviético, el fascismo italiano y el nazismo alemán. También es sabido que la neutralidad de España en la contienda no nos libró posteriormente, como a otros países europeos, de los horribles vendavales de las ideologías y de la praxis totalitarias durante nuestra guerra civil, sobre todo, y como consecuencia, cuarenta años de dictadura franquista.

Por lo visto, no fue sólo Pablo Iglesias quien insultó en las Cortes a Antonio Maura. El novato diputado por Mallorca recibió sus insultos debido a su acento mallorquín, y así mismo fue algunas veces recibido con gritos de “¡Chueta, Chueta!”. Esto no es, en absoluto, un insulto para mí, al revés. Pero como insulto fue utilizado por vociferantes diputados. De la misma manera que sería grotesco escandalizarse por que a veces los reyes son monárquicos, ridículo me parece limitar el análisis de la actividad política de Antonio Maura, colgándole el sambenito de derechas, por lo tanto, obligatoriamente malo. Aunque la lucha contra el caciquismo en aquel periodo histórico no creo que pueda calificarse de derechas, hombres de derechas como Winston Churchill o De Gaulle, pongamos, se opusieron con valor al nazismo a principios de los años cuarenta mientras que la más extrema de las izquierdas, y la más adulada aún hoy, desde Stalin al último funcionario de la Internacional, se habían aliado con el nazismo.

Pero bueno, los fanatismos existen desde siempre y desde Pablo Iglesias a Ramón del Valle Inclán (en “Luces de Bohemia”, creo) muchos despotricaron contra Antonio Maura no por lo que hacía, sino porque era de derechas. Hoy, una tal actitud de hincha político no debería venir a cuento y los análisis históricos deberían ser más objetivos. Pero no lo son. Tal vez se haya desperdiciado una ocasión, con este aniversario, de analizar la gran figura de Antonio Maura. Pero no hay historias sin sombras y, por ejemplo, sigo convencido de que Francisco Ferrer era inocente.
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