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CONTRA LOS REGULADORES

Los pestíferos lodazales de Prada

Al escritor Juan Manuel de Prada (ABC) le disgusta "el infinito estiércol que abruma las páginas de Internet". Según él, "sabemos que ocho de cada diez páginas de Internet son pestíferos lodazales donde cualquier espíritu sensible podría perecer atufado. Sabemos también que ese prodigioso vehículo de información corre el riesgo de convertirse en el sarcófago de nuestras más vergonzantes vilezas... somos muchos los que pensamos que esos aliviaderos deben ser clausurados, aunque tanta mierda obturada haga estallar Internet en mil pedazos".

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Este escritor de exquisita hipersensibilidad y escasa tolerancia comete varios errores típicos de los más ignorantes, confundiendo la opinión con el conocimiento y lo subjetivo con lo objetivo. Utilizando un lenguaje plural típicamente colectivista, en lugar de afirmar directamente algo sobre la realidad se refugia en un grupo no identificado que pretende saber algo esencialmente imposible, ya que no puede saberse lo que no es cierto o no tiene sentido. Su afirmación mezcla una cantidad completamente precisa (el ochenta por ciento de las páginas de Internet) con otros términos cuyo significado es arbitrario y está lleno de connotaciones literarias y emocionales, como "pestíferos lodazales" y "espíritu sensible". No aclara dónde ha obtenido estos datos estadísticos, tal vez sean simplemente producto de su imaginación. Si fueran resultado de una investigación personal, me sorprende el sacrificio masoquista de alguien que se dedica a explorar una inmundicia que le parece insoportable.

Una característica típica del intolerante es que se ofende por algo que hacen otras personas (y que consideran de algún valor) sin agredirle a él y pretende prohibirlo. Es algo incoherente que exija la censura en Internet (aunque no utilice este término se le ve el plumero de lejos) alguien que se dedica a despreciar a las masas ("resignadas a un destino subalterno", "asustadas de su propia vulgaridad", "ya no se avergüenzan de sus propias bajezas, sino que se regodean en ellas y se consuelan con ellas", "se refocilan en su propia mierda") y sus groserías, abyección y mentecatez. Es cierto que muchas personas inteligentes y cultas pueden lamentar las estupideces que se comunican en ciertos foros. Pero cada persona que navega por Internet decide por sí misma aquello a lo que quiere acceder, nadie está obligado a prestar atención a contenidos que no considere adecuados, y puede libremente rechazarlos o incluso boicotearlos. Clausurar algunos foros requeriría una policía intelectual propia de sistemas políticos totalitarios. La ética de la libertad de expresión implica que, mientras no ataque la propiedad ajena, toda persona puede decir lo que le plazca, guste o no a los demás, aunque sean calumnias o falsedades. La ofensa está en el ojo del que contempla.

Internet es hoy día un medio enormemente abierto y bastante libre de injerencias estatales, a pesar de los intentos de algunos jueces y legisladores. Esto no significa que no existan normas (la "netiqueta" que desconocen los que hablan de Internet sin conocerlo en profundidad), sino que dichas normas surgen de las interacciones espontáneas entre los múltiples participantes, y no son impuestas coactivamente desde fuera mediante la violencia institucional. Internet permite que las personas puedan mantener relaciones libres (personales y comerciales) sin intromisión de los gobernantes, y esto es lo que realmente les asusta: que los ciudadanos descubran que pueden prescindir de ellos sin ningún problema. Por ello los políticos no descansarán hasta que consigan regular la red a su gusto. Mientras tanto agradecen a "intelectuales" como de Prada el apoyo moral para su causa.
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