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BASURA SELECTA

Marujita convierte la noticia en noticia

Cuando suscribo estas líneas, el esperpéntico culebrón de desamores y cornamentas "Bambi Style" que protagonizan Marujita Díaz y sus compañeros de reparto (Dinio y Sonia Moldes) ha conseguido mantenerse en portada de las revistas de cotilleos durante casi dos meses, gracias a la prodigiosa capacidad de la provecta folclórica, su galán traidor y la casquivana mozuela, para inventar argumentos cada vez más escabrosos, pero también para convertir en noticia a la propia noticia. Me explico. Desde que Marujita descubrió que Dinio frecuentaba a la Moldes con nocturnidad pero sin demasiada alevosía, los tres lados del triángulo noticioso se han prestado a comparecer ante los medios para dar sus propias versiones de lo acontecido.

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Naturalmente, los interesados han ofrecido versiones que se contradicen para así seguir alimentando la controversia sobre quién miente y quién habla con el corazón en la mano. De este modo, los adictos al cotilleo morboso estamos pasando el crudo invierno al calor de las incendiarias revelaciones de unos y los candentes desmentidos de otros. Sin embargo, en esta guerra de fuegos cruzados, en la que todos salen con la dignidad y la credibilidad chamuscadas, nadie vuelve a sus trincheras sin haber pasado antes por taquilla.

Marujita Díaz, por ejemplo, ya ha aparecido en diversos medios explicando con pelos y señales cómo se enteró de la traición y qué hace para sobreponerse a tan ruin adulterio. Primero se confesó en "Hola!" y luego se presentó ante el tribunal de "Tómbola" y en la pista circense de "Crónicas Marcianas". Mientras en el boletín ilustrado de las familias reales se mostraba muy digna y compungida, en los programas de televisión no tuvo más remedio que hablar de su cubanito y de la que ahora le acompaña, como si estuviese contando chistes de Chiquito de la Calzada. Ya se sabe que el salero andaluz y el habitual desparpajo de la folclórica, a la hora de hurgar en la sucia colada de sus intimidades, provocan vergüenza ajena entre los espíritus más cultivados, pero consiguen mantener unos índices de audiencia muy aceptables.

También Dinio y Sonia Moldes han aprovechado la guerra de descalificaciones para ganarse cuatro duros y mantener su fama, aunque sea en posiciones defensivas. Dinio ha confesado que fue despedido de un bar, en el que posiblemente servía daikiris y margaritas, por las argucias de la resentida Marujita. Según su testimonio, su vetusta amante, y descubridora también, ha intoxicado a la prensa con una supuesta paternidad, que por lo menos le ha servido para cobrar por desmentirla. Entre tanto trajín de exclusivas, Dinio tuvo un accidente de tráfico y abolló su vehículo. El oneroso percance le obligará a seguir subastando informaciones al mejor postor para pagar las reparaciones del taller mecánico. Por su parte, Sonia Moldes ha mantenido una conducta menos vocinglera, tal vez porque se conforma con recuperar el apagado brillo de su notoriedad tras sus andanzas con el conde Lecquio.

De todo esta tragicomedia de marujeos, me parece interesante destacar la actitud del público. La gente parece más interesada en conocer cuánto ha cobrado Marujita por sus confesiones públicas que en saber cómo se conocieron realmente Dinio y Sonia Moldes. Las noticias de abandonos e infidelidades, material con el que se construían hasta ahora los cimientos del universo rosa, están siendo sustituidos por el descubrimiento de los pagos de exclusivas. En las peluquerías ya no se habla tanto de fotos comprometedoras o declaraciones explosivas, sino de imposiciones bancarias y otras formas de pago. De este modo, los españoles nos estamos convirtiendo en expertos tasadores de exclusivas y nuestras tertulias de tresillo se centran más que nunca en discutir el precio de mercado de una boda o la cotización al alza de un divorcio. Hemos dejado de ser chismosos para convertirnos en peritos mercantiles.
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