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BASURA SELECTA

Moreno me pone negro

"No necesita presentación, ha triunfado en España e Italia con sus espectáculos de variedades y sus populares muñecos; para él no pasan los años ni los directores generales de Televisión Española; presenta, dirige y produce sus propios programas; es un amante de los superlativos y las exclamaciones sonoras; señoras y señores, con todos ustedes, el irrepetible, histriónico y verborréico ¡José Luis Moreno!" He intentado parodiar el animoso estilo de feriante que utiliza José Luis Moreno, pero me falta su énfasis fogoso y su prodigiosa capacidad para ametrallar a la audiencia con adjetivos esdrújulos cuando presenta a uno de sus invitados. Con las entusiastas presentaciones de Moreno, cualquier artista debe sentirse como una auténtica estrella internacional, no importa que se trate de una desconocida pareja de malabaristas lituanos o de una joven promesa de la canción española con un traje de gala alquilado. José Luis Moreno no escatima elogios y los reparte con talante democrático.

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Los analistas del medio televisivo disfrutan polemizando sobre las diferencias de contenido y estilo entre el modelo de televisión pública que desarrolló el PSOE durante sus años de gobierno y el que actualmente defiende el PP. Sin embargo, se olvidan de destacar las tenebrosas coincidencias entre los modelos televisivos propuestos por socialistas y populares. A mi modo de ver, el principal punto de acuerdo ha sido la continuada presencia de José Luis Moreno en Televisión Española, ya sea dialogando con sus muñecos o detrás de las cámaras. Bien es cierto que el popular ventrílocuo y empresario de espectáculos ha paseado su percudido "smoking" por las autonómicas e incluso por Tele 5, en su época de chirriante colorido berlusconiano, pero siempre termina regresando a TVE 1, cuando algún directivo con la maginación abotargada necesita un refrito de humoradas ("Humor se escribe con hache", TVE 1) o un sofrito de variedades vodevilescas ("Noche de fiesta", TVE 1) para las insulsas noches televisivas del viernes o el sábado.

Su reiterada presencia en las noches del fin de semana me sugiere un par de reflexiones peregrinas relacionadas con aquel refrán popular sobre el poder libidinoso del sábado sabadete: ¿Cuántos españoles habrán sido concebidos en estos últimos quince años teniendo como paisaje sonoro los jubilosos chillidos de Moreno en "Entre amigos", "VIP" o "Noche de fiesta"? ¿Pueden haber contribuido los graznidos de Rockefeller o las procacidades de Macario a disminuir la tasa de natalidad en nuestro país?

Mientras las televisiones públicas y privadas evolucionan siguiendo los vaivenes de la audiencia y los criterios de los programadores, José Luis Moreno se mantiene fiel a la misma fórmula desde hace veinte años. Su concepción del espectáculo televisivo se basa en la mareante presencia de ballets con coreografías y modelitos más propios de los años setenta, absurdos números de magia y habilidad circense, desfiles de lencería con una clara intención erótica o anticuados concursos telefónicos entre las actuaciones.

Atenazado por el "horror vacui", tan característico en una sensibilidad barroca, Moreno siempre suele contar con varios presentadores para que ocupen con sus trajes de noche toda la pantalla. Le pierden las señoras estupendas como la risueña Loreto Valverde, pero también los musculosos efebos con pocas frases de guión. Sin duda, nadie puede acusarle de cometer enojosas discriminaciones, puesto que intenta caldear el imaginario erótico de damas y caballeros de cualquier orientación sexual. Tal vez sea su única apuesta por la modernidad, aunque prime el erotismo viscoso, cursi y deliciosamente hortera.

Me parece que estoy siendo demasiado crítico con una personalidad tan afable. A favor de Moreno debo decir que es un trabajador incansable y un profesional polifacético con un apabullante curriculum académico. Como él mismo destaca, estudió Filosofía y Letras, Medicina y Bellas Artes, además de ser titulado en traducción simultánea de nueve idiomas. Pese a su dominio de las lenguas, José Luis Moreno aún no ha aprendido a domar la suya. Tampoco parece haber aprendido a controlar sus excesos histriónicos. Es posible que esa personalidad tan radiante y desmedida sea precisamente lo que ha fascinado a Santiago Segura. El progenitor de Monchito y Rockefeller se ha incorporado al elenco de "freaks" que aparecerá en Torrente 2.

Sin duda, su presencia resultará más sorprendente que la de los entrañables Espartaco Santoni, Cañita Brava o Poli Díaz en la primera entrega de las desquiciadas aventuras del policía colchonero. Esperemos, sin embargo, que no termine eclipsando al pobre Torrente con su logorrea aguda.
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