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EXPOSICIONES

Museo del Prado: Dibujos y grabados de Goya

El Museo del Prado acaba de iniciar una serie de exposiciones que pretende ir mostrando a lo largo de la temporada los distintos aspectos del Goya grabador. Así no sólo podremos contemplar primeras estampaciones de las principales series de Goya, sino que además nos ofrecerán tanto los dibujos relacionados, preparatorios y paralelos e incluso las planchas originales con las que se tiraron los grabados y que, hoy en día, son propiedad de la Calcografía Nacional.

Pablo Jimenez
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En contra de lo que pudiera parecer a primera vista, nos encontramos ante un empeño de primera importancia. Primero porque ya iba siendo hora que en nuestro país se prestara atención al mundo del dibujo y del grabado tan fundamental y tan desasistido desde siempre. En segundo lugar todo lo que tenga que ver con Goya, todo lo que favorezca nuevas perspectivas de aproximación a un artista que es realmente clave para entender el arte moderno, debe de ser bienvenido.

Pero además es que Goya revolucionó el mundo del grabado y no sólo lo introdujo en la modernidad sino que señaló su importancia, que sería decisiva, como nuevo vehículo de la creación artística moderna. El grabado pasaba de ser un sistema artesanal de reproducción de estampas religiosas o incluso de cuadros, un sistema de ilustración de libros, para convertirse en el instrumento de acercamiento a un nuevo público.

Con la llegada del mundo moderno aparece un nuevo público como destinatario de las obras de arte. El arte ya no es sólo un vehículo para la imagenería religiosa o para hacer perceptible y material la imagen del poder de la monarquía. El arte debe de interesar a un público más general, más anónimo y menos poderoso individualmente. El arte se convierte en la expresión de una burguesía que llega al poder y que necesita dotarse de un pasado heroico, que buscará en la historia, en las pinturas de batallas y en los mártires patrióticos y laicos.

Goya participa muy activamente en este proceso, como bien lo demuestran las pinturas de la Guerra de la Independencia, como también lo señalan sus cuadros de chulos y chulas, que han adquirido la dignidad necesaria para ser retratados e inmortalizados. También será el pintor que tenga que inventar el retrato de aparato de una familia real que ya es casi una familia ciudadana. Y en ese retrato del ciudadano-rey sabrá compaginar la ternura con lo afán de libertad.

Y es que Goya no sólo va a pintar para un público que quiere ser más libre, sino que, además y para ser del todo coherente, va a pintar de manera más libre; va a hacer de la pintura un lenguaje libre de ataduras y de tradiciones. No sólo será el primer pintor que pinte para sí mismo, como hace con toda la serie de las pinturas negras, en una lección de libertad suprema, sino que se planeta muy seriamente cómo debe de ser la nueva pintura en ese nuevo mundo dominado por ciudadanos que quieren ser libres.

Y ese nuevo arte, ese arte pensado para inéditas necesidades ha de ser ante todo un arte moral. Un arte que enseñe a los conciudadanos a ser más justos, más libres y, en definitiva, mejores; un arte útil no como mera imagen de una nueva situación de poder, sino un arte útil moralmente un arte que sirva a hacer una sociedad más libre.

Para ello el vehículo ideal era el grabado. La mejor manera de hacer que ese arte nuevo llegara al mayor número de personas era la estampa y la colección de grabados en torno a los disparates y los caprichos de un mundo injusto, de un mundo por transformar desde nuevas conciencias y nuevas estéticas.

Goya, como buen ilustrado, se propone, al igual que el arte internacional de su época, abrir nuevos caminos a la pintura para marcar los nuevos senderos de la vida. Lógicamente la sociedad española poco tenía que ver con los ideales revolucionarios que en Francia están transformando la pintura a través de nuevos modelos de heroísmo; de una mirada al mundo clásico donde encontrar el ejemplo de una sociedad civil ejemplar en su concepto estético y moral.

Goya debe enfrentarse con una sociedad mucho más compleja más alejada de los ideales revolucionarios y con menos conciencia ciudadana. Pero una sociedad que a su manera no es insensible a las necesidades y a los imperativos de nuevas sensibilidades y nuevas maneras de entender el mundo. En sus grabados no sólo encontramos esa voluntad moralizadora y ese afán de génesis de nueva estética y nuevos mensajes, sino que todo ello está mezclado con las sombras de lo irracional, de lo mágico, de lo atávico.

De esta manera, por primera vez y a través de estos dibujos y grabados se nos ofrece las imágenes de uno de los grandes conflictos que marcan el mundo moderno: el que se crea con la tensión de lo razonable, lo democrático y los justo, frente a lo atávico lo irracional y lo caprichoso. Esta tensión que vertebra la historia del arte moderno y contemporáneo tiene una página de privilegio, como prólogo dorado y mágico en estas deslumbrantes y sobrecogedoras series de dibujos y grabados que ahora el Museo del Prado devuelve a la contemplación de todos.
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