Menú
Con tu apoyo hay más Libertad
  • Sin Publicidad
  • Acceso a Ideas
  • La Ilustración Liberal
  • Eventos
ESTADOS UNIDOS

Necesitamos una rebaja de impuestos

El objetivo más importante de la reducción de impuestos no es estimular el gasto personal sino más bien recortar los gastos del gobierno. Algunos de los argumentos presentados para justificar el recorte impositivo del presidente Bush son débiles. Pero yo sí creo que hay excelentes razones para instrumentar grandes recortes, siempre y cuando el superávit previsto en la próxima década siga siendo amplio.

0
Durante los últimos tiempos de la campaña electoral de Bush, él y otros republicanos alegaban que el recorte de impuestos ayudaría a prevenir una recesión económica. Sin embargo, es improbable que impuestos más reducidos logren mucho en detener el descenso de la actividad económica, inclusive si se hacen efectivos pronto y retroactivamente al 1 de enero de este año. Muchas familias no aumentarán mucho sus gastos simplemente porque se sustituya el pago de la deuda pública —la opción preferida por el ex vicepresidente Gore y muchos demócratas— por una rebaja de impuestos. Los economistas suelen argumentar que reducir la deuda principalmente significa sustituir reducciones futuras de impuestos por reducciones ya. Pero el comportamiento de los consumidores no cambia mucho.

Más importante para el crecimiento a largo plazo de la economía es la propuesta rebaja de las tasas marginales del impuesto sobre la renta, incluyendo la reducción de la tasa máxima de 39% a 33%. El presidente también quiere eliminar el impuesto sucesorio. Lo más probable es que se mantenga este impuesto, pero ampliando la base aplicable de unos 700.000 dólares a 4 ó 5 millones de dólares. Considero que ambas medidas estimularían las inversiones y la actividad empresarial. Sin embargo, investigaciones por parte de muchos economistas sobre las consecuencias de cambios en las tasas personales del impuesto muestran conclusiones conflictivas.

Pero inclusive si la más negativa de estas consecuencias fuese la correcta, las ventajas de una gran rebaja del impuesto siguen siendo grandes. A menudo he argumentado en mis escritos que la consecuencia más importante de una rebaja impositiva es el recorte del gasto gubernamental y no su acción estimulante sobre el gasto personal. En su discurso ante la Cámara de Representantes, el presidente Bush sí dijo que la rebaja de los impuestos ayudaban a ponerle un tope al gasto gubernamental, al reducir el superávit fiscal.

En este sentido, el gobierno se parece a un individuo adicto a gastar y que tiende a derrochar todos los recursos a su alcance. Cientos de grupos de presión claman por más y más subsidios y demás ayudas del gobierno. Tales subsidios ayudan a esos grupos, pero reducen la eficiencia y dañan al país entero. Aparentemente, la mejor manera de ponerle un freno a tales presiones es reducir el monto que los legisladores y funcionarios tienen a su alcance para gastar.

Los acontecimientos de la última década apoyan este análisis. El gasto federal se contuvo a comienzos de la década de los años 90 a raíz del acuerdo entre el presidente Clinton y el Congreso sobre la necesidad de reducir el déficit. Pero ambos poderes, el Ejecutivo y el Legislativo, abrieron el chorro cuando el auge económico aumentó grandemente la recaudación. A partir de entonces viene creciendo el gasto gubernamental en más del 5% anual y el año pasado aumentó en 8%.

Esa adicción a gastar afecta a los políticos de ambos partidos, siendo tan fuerte entre demócratas como republicanos. Es más, en muchos casos la mayoría republicana votó por aumentar el gasto en programas por encima de lo propuesto por el mismo Clinton. La mayor diferencia entre los partidos es sobre en qué gastar y no en cuanto a mayores gastos. Los republicanos prefieren gastar en defensa y el presidente Bush también ha propuesto aumentos para el Seguro Social, Medicare (asistencia médica a los ancianos) y educación, además de tan “sólo” 4% en otros programas discrecionales.

Igual que el gasto federal, el gasto por parte de los estados también aumentó mucho en los últimos años, paralelamente al auge en sus recaudaciones. Los cambios en el precio del petróleo nos muestra cómo los ingresos afectan los gastos en otros países. Cuando los precios del petróleo están altos, las naciones petroleras tienden a gastar dos terceras partes del aumento de sus ingresos en armas, escuelas e infraestructura, además de llenarle los bolsillos a quienes están en el poder. Sólo el otro tercio va a recortes impositivos, a reducir la deuda gubernamental y al aumento del patrimonio estatal.

El inmenso apetito del gobierno debe ser controlado y una de las mejores herramientas para lograrlo es eliminando la tentación a gastar más por medio de una considerable rebaja de impuestos.

© AIPE

Gary S. Becker fue premio Nobel en 1992 y es profesor de economía de la Universidad de Chicago
0
comentarios

Servicios