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DRAGONES Y MAZMORRAS

Novedades mundiales

Cuando me aburro de los salones, vuelvo mi fatigada vista a la prensa extranjera, para encontrar en ella el reflejo de nuestros afanes. La mirada, como la memoria, también es selectiva por eso con lo primero con lo que me topo es con un larguísimo artículo (7 columnas) en el «Frankfurter Allgemeine Zeitung» del 12-2-01, que se titula más o menos «Amigos, enemigos, grupos de intereses y luchas de poder en la literatura española actual».

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A pesar de la poca solidez de mi alemán, mi natural perspicacia —y la exacta precisión con la que están citados los nombres— me dan a entender que trata de la reciente polémica sobre el premio Cervantes. Están todos, Goytisolo, Umbral, Bousoño, la historia del premio, los premiados anteriores y la mención pormenorizada de los artículos y los articulistas de los diferentes medios españoles que se han ocupado del tema sin olvidar, cómo no, a las autoridades ministeriales.

Yo me pregunto, ¿es que no tienen en Alemania otra cosa en qué ocuparse o realmente España es un tema de interés en el extranjero? Cuesta creerlo, pero estoy empezando a pensar que, triunfalismos aparte, hay algo cierto. También en «Le Monde» dedicaron unas palabras al affaire, con menos rigor y menos extensión que los colegas alemanes —eficacia obliga— pero es que a los franceses les interesábamos mucho más antes, cuando éramos exóticos, que ahora que somos tan europeos como ellos, si no más. Recuerdo que hace apenas diez años una editorial francesa rechazó mi propuesta de traducir a Cunqueiro porque su prosa era como la de cualquier francés; ellos querían toros, sangría (de la de beber y de la otra) y mucha guerra civil de por medio.

A lo mejor son los frutos de las numerosas actividades en el exterior promovidas por el Instituto Cervantes porque Fernando R. Lafuente es imparable y está haciendo lo imposible para conseguir que en el mundo entero se hable español, además, como se decía antes, a todos los niveles. Según nos dicen en sus informes eso es precisamente lo que está ocurriendo. Pero eso será contando con América, claro, porque lo que es en Europa todavía queda mucha pana que rascar. Leo en Le Figaro de 31-1-01 que el 91% de los europeos aprenden como segunda lengua el inglés, pero el idioma más solicitado después, aunque nos duela, sigue siendo el francés, con un 34%, luego el alemán, con un 15% y, por último el español con un 10%. Son cifras proporcionadas por la Unión Europea, qué le vamos a hacer y serán más o menos ciertas, pero parecen verosímiles y a ellas me remito. Por cierto, según ese mismo informe sólo un 44% de ciudadanos europeos pueden expresarse en una segunda lengua, y el 51% de los europeos adultos y el 29% de los jóvenes entre 14 y 24 años no hablan ninguna lengua extranjera lo suficientemente bien como para mantener una conversación. Lo que digo, que hay trabajo.

Aunque como saben no todos los empeños por aprender un idioma llegan a buen término. Conozco personas que se pasan la vida dando clases de inglés, con el mismo resultado que el obeso que se pasa la vida a dieta. Un amigo mío, que hace ambas cosas, me confesó hace poco que desde que comprendió que nunca aprendería inglés ni que jamás adelgazaría, supo lo que era ser feliz. Desde entonces, utiliza los servicios de una secretaria bilingüe, en lugar de pedir favores a los amigos, y se compra la ropa de su talla con lo cual los michelines ya no le sobresalen obscenamente del pantalón.

Y ya que estamos con el Instituto Cervantes, les diré que el director del centro de Lisboa, Jorge Urrutia que conoce muy bien el panorama cultural español (no en vano pertenece a una estirpe de poetas) reunió el pasado lunes en una mesa redonda a representantes de los nueve suplementos de diarios españoles y siete portugueses para que se despacharan a gusto sobre su trabajo. Al parecer Urrutia acusó a los españoles de hacer demasiadas concesiones comerciales, intereses de grupo, camarillas, amiguismo, escasa atención a la poesía y al teatro, excesiva militancia de los autores, etc., etc.

Los periodistas saltaron como fieras y algunas de las respuestas son dignas de mención. Ángel Sánchez Harguindey («El País») respondió que «es evidente que hay sinergias y que el problema existe y existirá; así que se trata de buscar un equilibrio entre lo inevitable y lo conveniente». Lo inevitable, supongo, es hablar de las editoriales del grupo Santillana y lo conveniente también. Para terminar, la única acusación que admitieron, con esa benevolencia que se dedica a las causas perdidas, es que, efectivamente, se ocupan poco de la poesía y del teatro. En cuanto a lo de la militancia, alguien llegó a afirmar que a veces es parte del encanto de algunos críticos. Delicioso. Un dato aportado por Manuel Calderón («La Razón»): en su suplemento las editoriales más reseñadas durante el año pasado fueron Anagrama, Alfaguara, Tusquets, Ediciones B., Seix Barral y por grupos, Planeta, Santillana y Bertelsmann ¿A qué les sorprende?

Todo esto no lo sé de primera mano pero las fuentes son fidedignas. Como también lo son las que me han contado tres excelentes noticias editoriales. La primera es que El Fondo de Cultura Económica de España tiene nueva directora; se trata de María Luisa Capella, estudiosa del exilio español en México que hasta ahora trabajaba en la Embajada de México en Madrid; además es amiga mía, como también lo es su marido, Tomás Segovia, uno de los más grandes poetas contemporáneos. La segunda es que la editorial Pre-Textos, está preparando un volumen de cuentos —en el que participa servidora— para conmemorar su vigesimoquinto aniversario, y por si fuera poco, publicará además la obra inédita de Julián Ayesta: La tercera y última, que Siruela publicará dentro de poco la última novela de Batya Gur, Esperando a un amigo, una novela de misterio para jóvenes. Los lectores de esta gran escritora israelí estamos de enhorabuena.
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