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EXPOSICIONES

Nuevo descubrimiento del Mediterráneo

Con el título de El Renacimiento Mediterráneo, el Museo Thyssen Bornemisza de Madrid acaba de inaugurar una exposición, que se podrá ver hasta el próximo 6 de mayo, y que ha reunido un conjunto de primera importancia de más de un centenar de obras pertenecientes al siglo quince y pintadas todas ellas en la Europa meridional.

Pablo Jimenez
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Con ello, se trata de plantear, frente a la ortodoxia historiográfica que plantea la existencia de un estilo gótico internacional que desde el siglo XII llegaría hasta el XVI, de una corriente mediterránea que significaría, por su peculiaridad y la riqueza de su enfoque, la existencia de un primer Renacimiento, presagio del posterior y canónico y que habría quedado sepultado bajo la mirada integradora de los grandes procesos generales.

El planteamiento recuerda mucho a los procesos en los que está envuelta últimamente la historiografía contemporánea que parece que acaba de descubrir las insuficiencias de una mirada homologadora sobre el complejo y convulso mundo del arte del siglo XX y que vive un proceso en el que proliferan los puntos de vista complementarios y las perspectivas infrecuentes e incluso, a veces, realmente insólitas.

Lo cierto es que se trata de una tesis que se ha demostrado especialmente fecunda y que responde a la trasformación general de nuestra mirada sobre uno de los momentos más prestigiosos y brillantes del arte de nuestra cultura: el Renacimiento. Frente a la mirada de un renacimiento italiano y una periferia secundaria y menos interesante, la historiografía moderna viene a defender, precisamente, la importancia de los procesos periféricos en la transformación del canon italiano y con una producción, la mayoría de las veces más intensa, dado el conflicto mayor de cruce de corrientes, tradiciones y planteamientos en los que los artistas más lejanos de los centros italianos se veían envueltos.

Y es ciertamente un planteamiento especialmente fecundo en un momento tan complejo como el del arte del siglo XV en el que ya se puede adivinar un nuevo humanismo que todavía no ha encontrado una forma plena y homóloga de expresión. Y sobre todo, responde perfectamente a nuestra nueva sensibilidad que ya no busca ni pretende encontrar un proceso progresivo y con sentido de la evolución de la historia y de la historia del arte, sino que tiende a sospechar de la mirada simplificadora de los historiadores y a entender el mundo más como algo que carece de explicación y sentido, y, sobre todo, la evolución como una mera sucesión de hechos e ideas sin impulso alguno de progreso.

Si el arte contemporáneo tiene uno de sus principios en la valoración de la libertad sobre la belleza, no puede sorprendernos que la mirada sobre nuestro pasado y su estudio busquen, a su vez, vías que dejen entrever los procesos de manera en que se valore más su carácter liberador que no su adscripción al canon general.

Pero además, la exposición plantea la recuperación, como gran protagonista internacional de uno de los grandes episodios de la historia de la Valencia del siglo XV y, sobre todo, de un personaje renacentista que encarnó de manera ejemplar el ideal de la época de la unión de las armas y las letras y que no es otro que el Rey de Aragón Alfonso V el Magnánimo. Admirable personaje que como mecenas animó el comercio y la movilidad artística entre Francia, Italia y España.

El planteamiento general propone una reflexión realmente brillante y novedosa sobre un período que viene conociendo un importante proceso de reconsideración por parte de historiadores e intelectuales —recordemos que la recuperación de la Edad Media es un proceso muy moderno y reciente y que sólo desde hace unos años se ha dejado de lado esa idea de época oscura y bárbara. Pero la exposición, además, ofrece la contemplación de algunas obras maestras de primera importancia.

Tal es el caso, por ejemplo, del magnífico conjunto de obras de los hermanos Van Eyck, inventores, entre otras cosas, en ese momento de la técnica de la pintura al óleo, sin la cual difícilmente podríamos hablar de Renacimiento. O las dos obras sobre tabla de Rogier van der Weyden, realmente maravillosas, sobre todo, el San Jorge traído, para la ocasión de la National Gallery de Washington.

Obras de Antonello de Mesina, de su maestro Colantonio y de otros grandes maestros del periodo. Pero sobretodo, lo importante de la exposición es el haberlos hecho convivir con maestros menos valorados pero, en su conjunto, más capaces de transmitir esa idea de ideas y planteamientos compartidos capaces de crear el estilo propio y peculiar.

Hay que agradecer el esfuerzo de los responsables de la exposición por no haber regateado esfuerzos a la hora de reunir piezas diseminadas por todo el mundo y de reconstruir con ellas, a veces obras originales cuyos fragmentos el tiempo ha diseminado y que se han reunido excepcionalmente para esta exposición, la visión renovada de un momento especialmente brillante de nuestra historia.

FICHA TÉCNICA DE LA EXPOSICIÓN

Título: El Renacimiento Mediterráneo. Los viajes de artistas e itinerarios de obras entre Italia, Francia y España en el Siglo XV.

Fechas: 31 de enero al 6 de mayo de 2001

Organiza: Museo Thyssen-Bornemisza y el Consorci de Museus de la Comunitat Valenciana

Patrocinio: CAM (Caja de Ahorros del Mediterráneo)

Comisario: Mauro Natale

Coordinación: Mar Borobia (Conservadora de Pintura Antigua del Museo Thyssen-Bornemisza)

Lugar: Sala de Exposiciones Temporales del Museo Thyssen-Bornemisza

Horario: De martes a domingo de 10.00 a 19.00 horas. La taquilla cierra a las 18.30. Domingos abierto todo el día. Lunes cerrado

Tarifas: Exposición Temporal: 600 ptas; Reducida: 400 ptas (estudiantes y mayores de 65 años previa acreditación) Exposición Temporal + Colección Permanente: 1100 ptas; 600 ptas (estudiantes y mayores de 65 años previa acreditación)
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