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MUGABE:

Otro criminal, ídolo de la izquierda

A menos que usted tenga el cabello blanco, seguramente no se acuerda de Ian Smith. El fue primer ministro de Rhodesia del Sur (ahora Zimbabue) cuando esta era una colonia británica. En 1964 lideró una rebelión contra Gran Bretaña cuando quedó claro que se planeaba traicionar a los colonos blancos, entregándole el país al marxista Robert Mugabe, quien resultó mucho peor de lo que Smith suponía.

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Las presiones económicas y políticas de Gran Bretaña, Europa y Estados Unidos lograron que Smith le entregara el poder a Mugabe en 1980. Comparado con el resto del Africa, Zimbabue era una nación próspera. Mugabe heredó un país regido por leyes, con un próspero sector agrícola, una base industrial, exportaciones que aportaban monedas duras, pero muy pronto logró destruir todo eso.

Los hacendados blancos fueron asesinados, sus esposas e hijas violadas. Se robaron las propiedades y la agricultura colapsó. Mugabe no sólo ignoró las decisiones de la Corte Suprema en contra de la confiscación ilegal de tierras, sino que obligó a los jueces a jubilarse.

El desprecio de Mugabe por las leyes enfureció tanto a la población negra como a la blanca. El surgimiento de una fuerza opositora casi logró destituirlo, pero éste utilizó la intimidación y el fraude para ganar las elecciones. Los candidatos de la oposición fueron asesinados, bañándolos con gasolina y prendiéndoles fuego.

Hace poco, el gobierno puso una bomba en un periódico y deportó a los corresponsales extranjeros. Mugabe ha cometido tantas atrocidades como se le acusa a Milosevic en Kosovo. Los familiares de las víctimas han introducido una demanda contra Mugabe en un tribunal federal de Nueva York, por violar las leyes internacionales.

La respuesta de Mugabe fue exigir inmunidad al Departamento de Estado por tratarse de un jefe de estado. Y podemos estar seguros que el gobierno británico no va a tratar de hacer con Mugabe lo que intentó con Augusto Pinochet. Lo mismo que Fidel Castro, Robert Mugabe es un ídolo de la izquierda internacional, defendido por las elites políticas de occidente.

Una vez más, los responsables de defender los derechos humanos hacen la vista gorda cuando se trata de la izquierda. Como se presume que los objetivos de la izquierda son siempre humanitarios y morales, los medios se justifican. Por ello, la confiscación de las propiedades y las llamadas reformas agrarias suelen contar con el apoyo de las elites políticas.

Pero si, por el contrario, los fines no gozan del visto bueno de la izquierda, tales como la privatización del Seguro Social y de las industrias estatales como hizo Pinochet en Chile, entonces se desenvaina la espada de los derechos humanos. Ese doble discurso, claro está, le resta credibilidad a los golpes de pecho de activistas de derechos humanos.

Cuando Gran Bretaña y Estados Unidos le entregaron Rhodesia a Mugabe se nos aseguró que la democracia estaba reemplazando a un gobierno blanco minoritario. Pero esa retórica resultó ser un engaño al reemplazar Mugabe el imperio de la ley por su dictadura personal. Se mantuvo la apariencia de un gobierno en manos de la mayoría mientras Mugabe no enfrentó oposición alguna. Al surgir la oposición, desapareció la seguridad jurídica.

Bajo el gobierno de Smith, los habitantes negros tenían trabajo y estaban protegidos por “los derechos ingleses”. Sin embargo, el mundo occidental los consideraba seres oprimidos. Bajo Mugabe no hay ni trabajo ni derechos, pero se les considera liberados.

Los dirigentes políticos blancos que le entregaron el país a Mugabe están todavía vivos y le seguirán fabricando excusas. Entonces no nos debe sorprender si un día de estos leemos en la prensa que los dos jueces blancos, los dos jueces negros y el juez asiático de la Corte Suprema de Zimbabue son bañados con gasolina y quemados vivos.

© AIPE

Paul Craig Roberts es coautor de “Chile: dos visiones. La era Allende-Pinochet” (Universidad Andrés Bello, 2000)
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